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| 6/29/2020 7:04:00 AM

James Ortiz, el colombiano que brilla en la NASA

La transmisión en blanco y negro de la misión espacial Apolo 11 en 1969 marcó a los nueve años a James Ortiz, quien descubrió su pasión por la electrónica armando equipos de sonido en su época de colegio en Bogotá, desde donde saldría disparado como un cohete a la NASA.

James Ortiz, o Jimmy, como lo llama cariñosamente su esposa colombiana, dio sus primeros pasos en la ciencia de la mano de su padre, un bogotano que a lo largo de su vida trabajó en varias de las más grandes aerolíneas de América como ingeniero de vuelo y gracias a su talento llegó a EE. UU. para firmar con Pan American.

Fue en EE. UU. en donde nació James, cuyas raíces colombianas se mantienen intactas pese a su marcado acento de estadounidense cuando habla en español y relata que su mamá vivió en la localidad bogotana de Fontibón.

 Pero un suceso cambiaría la vida de su padre, ya que cuando su hijo James tenía a penas siete meses su esposa murió y se chocó con esa vida de viudo solitario en Estados Unidos, por lo que regresó a Colombia para trabajar con Avianca.  

Serían precisamente las cabinas de los aviones de esa aerolínea, específicamente el modelo del emblemático Boeing 747, que en su niñez pudo conocer gracias al trabajo de su papá, las que le despertarían toda esta curiosidad de los hombres de ciencia.  

 Aunque el episodio que recuerda como definitivo fue la misión espacial Apolo 11, cuya transmisión en blanco y negro daba esa sensación de un sueño lejano que recuerda como “el logro más grande del siglo XX”, un cambio en “cómo nos vemos como seres humanos”.

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 La vida universitaria

Empezó su carrera profesional en la Universidad de los Andes de Bogotá en la carrera de ingeniería eléctrica en 1978 y terminó en 1983, mismo año en el que retornó a Estados Unidos para comenzar su vida profesional y a la vez continuar sus estudios en varias instituciones, culminando con un doctorado en la Universidad de Houston.

 En este punto de la historia es preciso hacer un paréntesis. Ortiz señala en la entrevista que suele dar dos enseñanzas a sus hijos respecto al futuro. La primera, que hay que prepararse, algo de lo que al final de cuentas se tiene cierto control. Y la segunda lección es aprovechar oportunidades, algo que no se controla, pero es algo para lo cual hay que estar listo.

 Y él sí que supo aprovechar esa oportunidad pues mientras cursaba su último año del doctorado en ingeniería eléctrica la NASA le ofreció participar en un programa de intercambio en pesquisas de automatización de operaciones espaciales en el laboratorio de investigación de la Fuerza Aérea en Albuquerque (Nuevo México), un paso que le llevaría a avanzar su carrera en la agencia.

Un profesional consagrado

Con su PhD y una carrera en ascenso, el doctor Ortiz iba consiguiendo más relevancia en la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio estadounidense, al punto de que hoy es un hombre clave en la estrategia de las misiones por medio de su rol como asesor principal.

Según el mismo portal de la NASA, el doctor Ortiz desempeñó el cargo de director de la Oficina de Evaluación de Programas Independientes (IPAO, en inglés) de 2009 a 2015. Allí tenía la responsabilidad sobre la evaluación independiente de los proyectos de vuelos espaciales de “mayor prioridad” de la agencia.

Entre las incontables experiencias destaca una en particular, el lamentable accidente del transbordador espacial Columbia en febrero de 2003, que provocó la muerte de los 7 miembros de la tripulación. De este episodio recuerda que “el vehículo se desintegró entrando en la atmósfera y partes de este cayeron en Texas, donde los pilotos se entrenan”. Tras la tragedia tuvo la responsabilidad de recertificar ese vehículo para que “volviera a volar”.

Señala que hubo “cientos” de ajustes, ya que la agencia tuvo que reevaluar e implementar mejoras en todos los sistemas del vehículo, sobre todo los que estuvieron involucrados. Con esta operación se desarrolló “una nueva forma” de inspeccionar en el espacio la protección térmica que estuvo comprometida. Destaca que fue muy gratificante volver a ver al transbordador en operación años después en la misión STS-114 (2005) y ver al vehículo espacial completar su ciclo tras terminar el ensamblaje de la Estación Espacial Internacional y su retiro del 2011.

 El espacio, cada vez más cerca  

El doctor James Ortiz reflexiona respecto a la pregunta de porqué el hombre no ha vuelto a la Luna desde 1972, con la misión Apolo 17, y si el hecho de que esta haya ocurrido ya hace tanto tiempo ha difuminado el sueño por conquistar el espacio.

Se toma un breve tiempo y responde con tono de maestro y su voz serena que el programa espacial ha seguido y los seres humanos han visitado con sondas espaciales “todos los planetas del sistema solar”.

A título personal y no como funcionario da sus opiniones con respecto a las inquietudes científicas al explicar el valor de la Estación Espacial Internacional, “una obra magnífica de ingeniería que ha funcionado desde principio de este siglo como un laboratorio en el que se hace investigación, con otra variable, la falta de gravedad”. 

Reconoce que es posible que “la estación no haya capturado la imaginación de la gente como el Apolo lo capturó”, pero la buena noticia es que están “planeando volver a la Luna de una manera permanente y sostenible”, lo que significa que será “el próximo paso en volvernos una civilización no solo de la Tierra sino del espacio”. 

En este sentido subrayó el Programa Artemisa, cuyo nombre proviene de la deidad griega homónima y hermana melliza de Apolo. El objetivo de esa misión es volver no solo a la Luna sino llevar a la primera mujer, algo que calificó como un proyecto “muy ambicioso, complejo y en el que todos los países quieren participar”. 

James Ortiz coincide con el físico teórico británico Stephen Hawking en que el “espacio es la frontera natural de los seres humanos”, en tanto que es un hecho que el Sol va a explotar algún día (en millones de años) y así como los hermanos Wright –pioneros de la aviación- soñaron y lograron conquistar el cielo, los hombres lo harán con el espacio. 

“Desde que empezamos a volar con los hermanos Wright en menos de cien años pasamos a aterrizar en la Luna, la humanidad va a seguir desarrollando tecnología y desarrollando conocimiento”, apuntó.

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Las próximas misiones

Frente al futuro de las misiones espaciales recordó que hay una directiva desde la alta esfera que “los compromete con aterrizar en la Luna en 2024” pero ir a Marte “es la misión principal”. Según comentó, el viaje a la Luna va a “prepararnos” para misiones más ambiciosas y “expandir” la esfera económica del mundo. 

De hecho, toda esta infraestructura que se está creando, que va desde el sistema de descenso hasta otros desarrollos para el transporte, se está visualizando para esa misión a Marte. El plan es hacer “una estación espacial en órbita en la Luna” para que se convierta en punto de conexión para otras misiones a Marte. 

“Si queremos entender el espacio y habitarlo, Marte es el planeta más cercano en parecerse a la Tierra. (…). Marte evolucionó muy parecido a la Tierra, tuvo un océano grandísimo, y en un punto de su desarrollo perdió su campo magnético (que sí lo tenemos en la Tierra), esto le expuso al viento solar y a través de muchos años este fue barriendo la atmósfera del planeta, y quedó árido como es hoy”.

“Es posible que Marte vaya a responder nuestra pregunta de si pudo haber existido vida en otro lugar o estamos solos en el universo”, a la vez que definirá si “queremos ser una civilización confinada en la Tierra o si nos expandiremos en el espacio”. 

James Ortiz dice que la ambición de explorar está “escrita en el corazón del ser humano”, desde el Homo sapiens que se originó en África y empezó a explorar la nueva frontera para progresivamente llegar a “Europa, Asia, Australia, cruzar el estrecho de Bering y meterse en América. El ser humano también ha explorado hasta donde ha podido el fondo de los océanos”.

“Siempre hay una nueva frontera, eso está escrito en nuestro corazón y nuestra mente, la frontera normal de la expansión es el espacio, no es solo EE. UU. y la NASA, la gran mayoría de países tienen agencias espaciales, mucho más que hace 50 años”, añade Ortiz.

Además afirma que la pandemia del coronavirus nos demuestra que todavía “no somos infalibles”, a la vez que una de las herramientas principales que nos ha permitido desarrollarnos es el conocimiento científico “que nos ha permitido conquistar virus y otras enfermedades en el pasado”. 

La reciente misión de SpaceX, un plan en el que también ha participado como oficial responsable de mejorar el manejo de proyectos de vuelo espacial, y que ve como un punto de partida para los viajes comerciales al espacio, le dio otra “perspectiva” a la gente. Un lanzamiento en medio de la expansión de “este virus que va a pasar”, una señal de que “hay un futuro grande y prometedor para todos”.

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