Acolgen

| 5/11/2018 5:00:00 AM

Electrificar la economía: El verdadero reto

Utilizar más los recursos bajos en emisiones para reemplazar aquellos que no lo son, es una apuesta ganadora para el país.

Uno de los mayores desafíos globales de nuestro tiempo es cómo producir más energía con menos emisiones para más usuarios. Mejorar la relación entre la seguridad energética, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo económico está redefiniendo el panorama energético mundial, y ha llevado a los países a definir políticas drásticas de crecimiento verde para ‘descarbonizar’ la economía.

Colombia no es la excepción: nuestra matriz energética final -que incluye el consumo de sectores como el transporte, la industria, el comercio, además de los hogares–, se basa principalmente en el uso de combustibles fósiles que hoy representan cerca de 72% del consumo total de energía. Sin embargo, la gran diferencia, y a la vez ventaja competitiva de Colombia, es que tiene uno de los sectores de generación de energía eléctrica más limpios del mundo: su factor de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) fue de 85,9 gramos de CO2 por energía generada (kWh) en 2017, un valor relativamente bajo si se compara con el promedio mundial, que es superior a los 506 gCO2/kWh.

La movilidad eléctrica es uno de los retos del sector y del país. Con el uso de vehículos de este tipo se contribuirá a la sostenibilidad ambiental.

La movilidad eléctrica es uno de los retos del sector y del país. Con el uso de vehículos de este tipo se contribuirá a la sostenibilidad ambiental. 

A diferencia de la mayoría de las naciones, y gracias a que genera 70% de su electricidad con agua, Colombia tiene abundante energía eléctrica renovable y baja en emisiones. El desafío más importante que tiene el país no radica tanto en generar con nuevas fuentes de energía -que de manera natural se han ido integrando a la matriz energética-, sino en usar más de los recursos bajos en emisiones que tenemos para reemplazar aquellos que no lo son. El verdadero reto es electrificar la economía.

Colombia tiene un potencial que supera más de 10 veces la capacidad actual para generar energía eléctrica y podría abastecer 2,5 veces la necesidad total de energía del país. A pesar de sus ventajas competitivas, la electricidad en nuestro país tan solo representa 17% del consumo energético final. Estamos hasta 2 y 3 veces por debajo del consumo de la mayoría de países de Latinoamérica, con sólo 1,23 megavatio-hora (MWh) al año per cápita.

Con este consumo tan bajo y una dependencia tan alta de los hidrocarburos, estamos desaprovechando las oportunidades que ofrece un sector eléctrico de clase mundial, que ha sido reconocido como el cuarto país del mundo por su confiabilidad. Colombia no ha tenido un solo día de desabastecimiento de energía eléctrica en los últimos 26 años y eso es lo que demuestra su resiliencia y su grado de seguridad energética.

Pero las oportunidades del sector para electrificar la economía no paran en su robustez y confiabilidad. También se evidencian en términos económicos. A pesar del peso de los pagos por transferencias y aportes a otros fondos que se cargan a la generación, al comparar los precios de este componente que pagan los usuarios finales, los nuestros están por debajo del promedio de mercados europeos, latinoamericanos o el estadounidense.

UN POTENCIAL POR APROVECHAR

Tradicionalmente, la base de este éxito sectorial había sido la alta participación de la hidroelectricidad y su complemento térmico, indispensable para atender la demanda en condiciones de escasez. La generación con agua mitiga los efectos y ayuda a la adaptación al cambio climático a través de la reducción de gases efecto invernadero, del control de inundaciones y la atenuación de los efectos de las sequías.

Ahora, además de todas estas ventajas, contamos con el desarrollo de un potencial enorme de energías renovables de más de 135 GW que contribuirá a convertir a Colombia en una potencia de energía verde.

Las empresas asociadas a Acolgen llevan la delantera y han depositado la confianza en la institucionalidad del sector. Desde hace un tiempo vienen estructurando proyectos de energía eólica, solar, geotérmica, biomasa e hidráulica que superan los 5.000 MW potenciales y ya han puesto en operación las primeras planta eólica, granja solar y planta solar flotante en un embalse. A finales de este año se espera la entrada en operación de la primera planta solar despachada centralmente.

Y aunque es notable el desarrollo de estas nuevas fuentes de energía, los esfuerzos que se hagan del lado de la generación de electricidad no bastarán para avanzar en una verdadera ‘descarbonización’ de la economía. Es necesario complementarlos con los esfuerzos públicos y privados en la materialización de la movilidad eléctrica y el impulso decidido a la sustitución de los combustibles fósiles en el consumo energético de industrias, hogares y el comercio, así como avanzar en medidas de eficiencia energética del lado de la demanda.

Electrificar la economía fomenta la inversión privada, impulsa el crecimiento económico y contribuye al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para erradicar la pobreza y a la mejora de la calidad de vida de los colombianos. Incluso países que usan principalmente fuentes térmicas para producir energía eléctrica se han dado cuenta de las ganancias en eficiencia energética de más de 150% al promover el uso de la electricidad y han avanzado exitosamente por ese camino.

Si Colombia decide fomentar este tipo de medidas promoverá un círculo virtuoso que aportará al crecimiento económico, potenciará la competitividad gracias a las economías de escala por la optimización en el uso de la infraestructura eléctrica existente, diversificará la matriz energética, integrará nuevas tecnologías de generación bajo esquemas de mercado y libre competencia y estimulará el desarrollo de nuevas industrias.

Adicionalmente, esto obedece también a una lógica económica. Con unas reservas de hidrocarburos cada vez más escasas en nuestro país, y ante el desafío financiero que implicaría depender de las importaciones de combustibles y mejorar la calidad del diésel y gasolina para que estos alcancen los niveles mínimos aceptados internacionalmente, es fundamental fomentar el uso del energético que sí tenemos en abundancia.

Finalmente, una mayor electrificación de la economía traería impactos positivos sobre la salud de la población e iría en consonancia con los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que indican que los gases que emiten los vehículos diésel son cancerígenos para el ser humano, una advertencia que Francia y China han tomado muy en serio al punto de prohibir su uso. Avanzar hacia un modelo de crecimiento verde e impulsar la movilidad eléctrica reduce drásticamente las emisiones y mejora la calidad del aire. Usar más los recursos bajos en emisiones para reemplazar aquellos que no lo son es una apuesta ganadora para el país.

Colombia tiene uno de los sectores de generación de energía eléctrica más limpios del mundo, que podría usar para ‘descarbonizar’ la economía.

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