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| 7/2/2020 6:01:00 AM

La empresa de confección de excombatientes que le apuesta a la paz

Deponer las armas fue un paso importante para los excombatientes. Ahora, con un proyecto andando y una meta clara, le hacen frente a la vida civil y al coronavirus.

Corría el año 2018 cuando un grupo de 24 excombatientes de las ya desaparecidas Farc se unieron para formar una empresa de confección. Son parte de una cooperativa de Anorí, Antioquia, que agrupa a cerca de 125 exguerrilleros en diferentes empresas.

El proyecto que lidera Andrés Zuluaga, conocido como Martín Batalla, se llama Confecciones La Montaña. Junto con 23 compañeros del extinto frente 36 de la guerrilla conformaron este grupo que, gracias a su experiencia en la fabricación de morrales, ropa y otros implementos, hoy cantan victoria.

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Actualmente, de esta empresa dependen unas 15 familias.

El origen

Una vez con la idea, solo faltaba una inversión. En este caso, la inversión vino a ellos antes de que fueran a buscarla. Gracias a la Embajada de Francia y a la cooperación internacional, este grupo obtuvo $16 millones de capital. Con este dinero, representado en materia prima y maquinaria, comenzaron a fabricar elementos como morrales y sudaderas que vendían después a campesinos de la región.

Gracias a su experiencia en la fabricación de indumentaria, este grupo de excombatientes creó una marca que les permite aportar a la construcción de paz.

Estos productos se popularizaron en la zona gracias a su calidad y utilidad. Las sudaderas, por ejemplo, están hechas de material de secado rápido y son livianas, cualidades importantes en el campo.

Ahora cuentan en su catálogo con morrales de montaña y escolares, riñoneras, pierneras y tapabocas.

Para ellos, lo más importante es que han llegado al diseño de todos estos productos a partir de su experiencia conociendo de primera mano las necesidades de los demás.

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Zuluaga empezó una estrategia de mercadeo por medio de redes sociales para poder ampliar la penetración de sus productos en el territorio nacional. Actualmente venden en el país y en el exterior. Ha sido un proceso de “ampliar su horizonte” para llegar cada vez más lejos.

Han contado con gran apoyo por parte de ciudadanos que impulsan este tipo de empresas y que creen en la paz. “La gente ve nuestro esfuerzo y lo valora muchísimo”, afirma Zuluaga.

Sin embargo, esto no es suficiente, sentencia con contundencia Zuluaga.

Los "peros"

Como excombatientes se enfrentan constantemente a estigmas y ataques. Andrés Zuluaga, líder del proyecto, es enfático en que comprar sus productos y los de otros proyectos no es suficiente para que estos salgan adelante. “No hay proyecto que se salve cuando están matando a tu gente”, afirma.

Desde la firma del Acuerdo de Paz han asesinado a 200 excombatientes que desde los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) crean proyectos y empresas para hacerse un espacio en la vida civil. Para Zuluaga esto demuestra falta de compromiso por parte del Estado, que no ha cumplido con su parte del trato. “Nosotros cumplimos nuestra parte: dejamos las armas y estamos trabajando. Pero no recibimos protección”, explica.

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Si a esta situación se le suma la llegada del coronavirus, que los dejó encerrados en sus respectivos ETCR, este es uno de los más difíciles momentos para ellos.

En pie de lucha

Con la llegada de la pandemia, las ventas de Confecciones La Montaña cayeron. Tanto porque no podían entrar insumos para la fabricación como por la baja en la demanda. Esto los llevó a plantearse una manera de seguir trabajando y apoyando en medio de la contingencia del coronavirus. Por esto, diseñan y confeccionan tapabocas en sus talleres. Con recursos propios y otro tanto de la ONU pudieron comprar el material para la fabricación de 30.000 tapabocas, que han sido entregados a la población de Anorí y para la venta.

Ni la baja en ventas ni las muertes de compañeros que los han afectado los detiene.

No nos vamos a quedar esperando que algo pase. Vamos a salir adelante”, dice Martín Batalla. Si bien las circunstancias no son las óptimas para su proceso, ellos están dando la lucha.

Gracias a su trabajo están aportando a la consolidación de un proyecto de paz y a crear conciencia en los ciudadanos de su papel como constructores de esta.

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En el futuro esperan ayudar a otros talleres de confección de excombatientes y, de esta forma, apoyarlos con el conocimiento que ellos han adquirido. Así, juntos esperan consolidar su voluntad de paz en una realidad. Es un trabajo duro, sin duda. Pero ellos ya han recorrido trochas más empinadas. Saben que seguir adelante es la única opción para llegar a la cima de su montaña: la paz.

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