| 6/11/2018 12:01:00 AM

Los desafíos estructurales de las pymes en Colombia

La elevada sensibilidad de las pymes al ciclo económico ha afectado su desempeño económico durante la difícil coyuntura de 2015-2018.

El período 2014-2018 ha sido de evidentes desafíos macroeconómicos para la economía colombiana: pérdidas de crecimiento potencial hacia niveles del 3% (vs. niveles históricos del 4.5%), donde la actual tendencia de desaceleración incluso nos dejaría con expansiones del orden del 2% durante 2016-2018;  debilidades en los “déficits gemelos” externo-fiscal, aún en niveles elevados cercanos al 3.5% del PIB; y  alta incertidumbre electoral sobre cómo habrá de honrarse la Regla Fiscal durante 2019-2022. Ello le ha costado al país la rebaja de un escalón en su calificación crediticia a manos de S&P (dejándonos en la categoría simple de Grado de Inversión en diciembre de 2017) y, recientemente, la “perspectiva negativa” adoptada por Moody’s.

Todo ello deja claro que la nueva administración 2018-2022 enfrentará una compleja tarea para evitar que Colombia pierda su grado de Inversión tras un año de ese nuevo gobierno (hacia agosto de 2019).

Dada la alta sensibilidad de las pymes al ciclo económico, dicho segmento empresarial ha venido presentando evidente tensión, cómo lo evidencia la más reciente Gran Encuesta Pyme (GEP) de Anif al corte del segundo semestre de 2017. Allí el indicador agregado del Índice Pyme Anif-IPA (resumiendo lecturas de situación económica actual y perspectivas) se deterioró hacia mínimos no vistos desde el año 2009 (en lo peor de la crisis financiera de Lehman).

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Si bien se espera algún grado de rebote económico para 2018, esta coyuntura debe servirnos para salir de la usual complacencia del análisis liviano de los “casos de éxito” que se acostumbra en el sector pyme. En lo que se requiere trabajar es en soluciones a los lastres estructurales que enfrenta el sector para dirigirnos hacia escenarios de mayor productividad y generación de riqueza. Por ahora, esos lastres nos llevan a un “círculo vicioso” de un segmento pyme con preocupantes niveles de informalidad, con baja profundización financiera y, en gran medida por ello, con baja capacidad de innovación y vocación exportadora. En esta nota resumiremos los principales hallazgos de nuestra GEP en estos frentes.

Baja profundización financiera

A pesar de las ganancias en profundización financiera de le economía durante la última década, las pymes aún muestran importantes restricciones crediticias. Los resultados históricos de la GEP muestran accesos de las pymes al crédito formal inferiores al 50%, incluso deteriorándose a niveles inferiores al 40% durante el segundo semestre de 2017. Tampoco se tiene un uso en el sector pyme de las llamadas fuentes alternativas de financiamiento (40% no las utiliza), evidenciándose precaria utilización de herramientas útiles como el leasing y el factoring (menos del 5% de la muestra). En este frente, los empresarios han preferido recurrir al financiamiento vía proveedores (promediando cerca de un 25% de los entrevistados a nivel histórico), lo cual tiende a esparcir los problemas de liquidez por el sector.

¿Qué condiciones permiten entender esta situación? La mayoría de pymes afirmaron que no necesitaban crédito para su actividad económica (más de un 70% de los entrevistados). En menor medida, aducen excesivos costos (15%) y exceso de trámites (5%-10%) como razones para no solicitar crédito formal. Ello sugiere que un porcentaje significativo de las pymes no accede al sector financiero porque no lo considera provechoso para el funcionamiento de su negocio, lo cual es reflejo de la naturaleza informal del sector y de falencias en la educación financiera empresarial.

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Bajos niveles de innovación y vocación exportadora

Según cifras del Banco Mundial, Colombia evidencia precarios niveles de inversión en investigación-desarrollo del 0.2% del PIB, evidenciando marcados rezagos frente al 2% del PIB del promedio mundial. Ello también se refleja en los malos puestos que ocupamos en el más reciente Informe de Competitividad Global (2016-2017), situándose Colombia en la posición 108 (entre 138 países).

El sector pyme también refleja dicha desazón innovadora, pues la GEP muestra cómo raramente las mejoras empresariales se centran en procesos de innovación. En efecto, del 65% de la muestra que adoptó acciones de mejoramiento durante el segundo semestre de 2017, la mayoría optó por capacitación del personal (cerca del 40%) y certificados de calidad (15%). En cambio, estrategias dirigidas a lanzar nuevos productos (%15) y diversificar mercados en el exterior (menos de un 5%), tuvieron una menor preferencia entre los encuestados (dejando algo de lado estos elementos más cercanos al concepto de innovación).

La contraprestación de dicha baja innovación ha sido una precaria vocación exportadora de las pymes colombianas, alcanzando niveles tan bajos como un 10%-20% de pymes exportadoras. Ese bajo nivel de apertura se observa incluso al interior del país, pues entre el 50% y el 60% de laspymes se limitan el mercado local de su ciudad.

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En síntesis, la elevada sensibilidad de las pymes al ciclo económico ha afectado su desempeño económico durante la difícil coyuntura de 2015-2018. Lograr aprovechar la moderada recuperación de cara a 2018-2020 requerirá trabajar en los lastres estructurales del sector, a saber:  bajos niveles de profundización financiera, donde se avizoran alternativas prometedoras de implementación de plataformas tecnológicas de crowdfunding para las Pymes (como lo viene trabajando la Bolsa de Valores de Colombia, aunque ello requeriría importantes avances en educación financiera);  reducida capacidad de innovación, requiriéndose redoblar los esfuerzos de acompañamiento y préstamos blandos que con buen tino vienen impulsando Bancóldex – INNpulsa; y la baja vocación exportadora, debiéndose elevar la competitividad del país y sus pymes a través de las reducción del llamado “Costo Colombia” que implica, principalmente, acelerar el paso en la dotación de infraestructura (para reducir sobrecostos de transporte) y trabajar en una reforma laboral estructural que reduzca los costos no-salariales y eleve la formalización.

*Análisis de Alejandro Vera, subdirector de Investigaciones Financieras y Pyme, Nelson Vera, jefe de Investigaciones Financieras y Pyme de Anif.

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