| 11/7/2018 7:45:00 AM

Pagos sin contacto: ¿Negocio redondo?

MasterCard logró llevar los pagos “sin contacto” a cerca de 150 ciudades del mundo, incluida Bogotá, en apenas 7 años ¿Cómo lo logró y a quién benefician?

Es el medio tiempo de un juego de temporada del equipo local de hockey en Toronto, iniciaron la serie ganando y los aficionados aprovechan los 17 minutos libres para comprar bebidas, comida e incluso ropa, juguetes y otros recordatorios de los Toronto Maple Leafs.

Durante cada juego, el estadio puede registrar entre 20.000 y 30.000 transacciones de la gente que se reúne aquí o allá y busca un espacio en los corredores para caminar desde su silla hasta su local preferido y de vuelta.

No hay filas. La razón es que el estadio es uno de los lugares de Toronto en el que la mayoría de sus pagos se realizan con el llamado mecanismo de “pago sin contacto” o como le dice MasterCard, “tap and go”.

En Canadá, el 53% de las transacciones se llevan a cabo con este mecanismo que si bien tuvo un inicio lento en el país, una vez la infraestructura estuvo instalada en casi todos los locales, tiendas y supermercados del país, aceleró la velocidad de implementación.

Tanto en Canadá como en el estadio de los Maple Leafs, apenas el 35% de las transacciones involucran dinero en efectivo.

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Igual que en los demás países, la implementación de este sistema incluyó todas las partes de la cadena de pagos: el Banco Central, que en algunos casos regula los mecanismos de pago y en todos los países tendría que emitir menos efectivo; los bancos, que debían invertir alrededor de 40 centavos adicionales para emitir las tarjetas débito y crédito con la nueva tecnología; los dueños o administradores de los negocios, que también debían aumentar su inversión para instalar datafonos habilitados para pagos sin contacto; los cajeros, que debían avisarle a los clientes que el nuevo mecanismo ya se podía usar y enseñarles a hacerlo; los clientes que debían ver un primer incentivo para probar la nueva forma de pago y  migrar permanentemente a ella.

Al principio, señaló Brian Lang, presidente de MasterCard en Canadá, los cajeros incluso debían tomar la tarjeta débito o crédito del cliente y, frente a ellos, ponerla sobre el datafono para que este debitara inmediatamente el valor de la transacción.

Con el tiempo, el mecanismo se expandió por todo el país y hoy se utiliza incluso para pagar el sistema público, tal como sucede en Bogotá.

Colombia es el tercer país latinoamericano en proporción de pagos sin contacto con respecto a las transacciones que diariamente se llevan a cabo y Bogotá fue la primera ciudad latinoamericana que implementó el sistema para el pago del transporte público masivo.

Y es que pese a que los datafonos con tecnología “sin contacto” todavía no son tan comunes y el miedo al robo persiste, se han llevado a cabo campañas como la de los primeros meses de 2018 en la que MasterCard se unió con la WFP para donar un almuerzo a un habitante de La Guajira por cada pago sin contacto que los colombianos realizaran.

La meta era alcanzar un millón de raciones en tres meses, pero la campaña tuvo tanto éxito, que en un mes se alcanzó y se expandió a dos millones de almuerzos para el final de la misma.

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El mecanismo parece funcionar para todos. Diferentes estudios señalan que cada país podría gastar alrededor de 1,5 puntos porcentuales de su PIB cada año en transacciones en efectivo por el costo que tiene la emisión de billetes y monedas, su transporte y custodia, así como el mantenimiento de cajas fuertes y cajeros electrónicos.

Todo esto sin contar el recaudo tributario “perdido” por la conocida “economía subterránea”.

Al masificar los pagos sin contacto, los países se ahorrarían dichos recursos además de incrementar su recaudo por eliminación de transacciones “escondidas” en el efectivo y aumentaría la transparencia de los flujos de recursos.

Los bancos por su parte deben hacer una inversión inicial en la emisión de las nuevas tarjetas, pero a cambio reciben la fidelización de sus clientes  y la llegada de algunos nuevos, a la vez que reduce la inversión en transporte y seguridad para dinero en efectivo y cajeros electrónicos.

En las tiendas y supermercados, se desarrollan también mecanismos de fidelización de los consumidores como la acumulación de puntos por cada transacción y se agiliza el servicio, ya que el tiempo por transacción se disminuye en aproximadamente 45 segundos.

Por último, los consumidores también reciben el beneficio de la reducción del tiempo por transacción, además de reducir el riesgo de robo en las calles y pueden establecer límites de gasto diarios, por plataforma o servicio.

Fin del entretiempo. 17 minutos fueron suficientes para hacer compras, comer cualquier cosa y volver a la silla. Ahora sigue el juego.

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