| 10/12/2017 12:01:00 AM

¿Qué riesgos enfrenta la cartera crediticia?

Durante el auge, la profundización del crédito aumentó de una manera notable. Sin embargo, el mayor endeudamiento implica unos riesgos más altos. ¿Cuáles son?

Después de tres años de ajuste por cuenta del fuerte choque en los términos de intercambio, que sufrió la economía con el descenso del precio del petróleo y otras materias primas, el sistema bancario, como era previsible, enfrenta mayores riesgos.

Durante el auge de la economía, las bajas tasas de interés y la dinámica expansión del ingreso nacional, favorecidas por la holgada financiación externa, los abundantes ingresos por exportaciones y los altos precios de las materias primas, estimularon el endeudamiento de los hogares y las firmas. Eso condujo a una dinámica expansión del crédito.

Como consecuencia de ella, la deuda del sector privado con la banca llegó a 48% del PIB.

Aunque la profundización financiera en el auge estimula la actividad económica, el incremento del endeudamiento constituye una amenaza al sobrevenir un choque adverso pronunciado en los términos de intercambio, o una amenaza de estrechamiento de la financiación externa, como los que enfrentó la economía colombiana desde 2014.

En tales circunstancias se precisa ralentizar la demanda interna, para acomodarla a la desaceleración del ingreso nacional, con el fin de cerrar el desbalance en la cuenta corriente de la balanza de pagos, para disminuir la vulnerabilidad de la economía a los choques externos.

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Con tal propósito se requiere incrementar las tasas de interés domésticas, para desestimular la demanda por crédito, el consumo y la inversión.

Sin embargo, al hacerlo, la elevada deuda, las mayores tasas de interés y la expansión menos dinámica del ingreso nacional implican una mayor carga financiera, que desmejora la capacidad de los deudores para cumplir con sus obligaciones.

Riesgo de crédito

Por este motivo, la tasa de mora de la cartera total de la banca en el país –definida como la proporción de los créditos incumplidos respecto del saldo total de ellos– aumentó de 2,8% en 2013 a 4,4% en 2017.

Aunque es preocupante, ese incremento no luce desmesurado cuando se compara con el que tuvo el promedio mundial del indicador (de 2,7% a 4,4%) desde la crisis financiera internacional, o con los que tuvieron los países de ingreso alto (de 1,4% a 2,8%) o medio alto (de 3% a 4,4%) en el mismo período.

Incluso en ese valor la tasa de mora de la cartera total en Colombia era similar al promedio que tenía en los países de ingreso medio alto y en el mundo en 2015, e inferior a la de la Unión Europea (6%), donde el sistema bancario afrontó una crisis financiera.

Además, aunque desmejoró de 161% en 2013 a 123% en 2017, el indicador de cubrimiento –definido como las provisiones respecto del crédito en mora–, es todavía uno de los mayores del mundo, por lo menos comparado con los estándares de 2015.

En su valor actual, ese indicador en el país supera al promedio mundial de ese año (58%) y al de los países de ingreso medio alto (66%), e iguala al latinoamericano (122%).

Como el crédito en mora aumenta todavía mucho más rápido que el total en términos reales (2,8% anual contra 37% anual), es previsible un deterioro ulterior de su calidad. Para mitigar el riesgo que implica, es aconsejable un aumento de las provisiones.

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La calidad que desmejora de una manera más significativa es la del crédito comercial, en el cual la tasa de mora llegó a la más alta de la década (3,8%). La tasa de mora del microcrédito (7,7%) también se aproxima al máximo de los últimos diez años (8%).

Como la transmisión del descenso de la tasa de interés de intervención a las activas de la banca es lenta, la disminución de la carga financiera será demorada.

Además, la pausa hecha por el Banco de la República en el recorte de su tasa, que quizá se demore hasta el año entrante, aplazará el tránsito a una postura estimulante.

Por tanto, la persistencia de un ritmo lento de actividad económica quizá hasta 2019, mantendrá más alto de lo normal el riesgo de crédito.

Por fortuna, la regulación y la supervisión proveen los instrumentos para mitigarlo de una manera adecuada.

En este sentido, es encomiable la reciente medida tomada por la Superfinanciera, de permitir la renegociación de las condiciones de algunos créditos en mora. Con ello contribuye a disminuir el riesgo de crédito.

Riesgo de liquidez

Otra amenaza que puede enfrentar la banca en una coyuntura como la actual, en la cual el déficit en la cuenta corriente es todavía considerable, es una disminución o encarecimiento de la financiación externa.

Ese peligro se podría materializar, por ejemplo, por un cambio abrupto de la postura monetaria de las economías avanzadas, que eleven sus tasas de interés con mayor celeridad o replieguen sus balances más rápido de lo previsto.

También podría ocurrir por una desmejora de la calificación de la deuda colombiana, o en todo caso por una mayor aversión al riesgo de los inversionistas internacionales.

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En esos casos, el riesgo de liquidez puede aumentar como consecuencia de una disminución de la financiación externa, que reduciría los fondos en los mercados mayoristas e incrementaría el costo de la colocación de deuda en el mercado de capitales.

De manera afortunada, la liquidez de la banca en Colombia está en línea con los estándares internacionales, lo cual implica que el riesgo por este concepto no es grande.

Eso por lo menos es lo que permite inferir el valor de su razón de activos líquidos a depósitos y fondos de corto plazo.

Según la base de datos del Banco Mundial, este indicador en el país era de 25,3% en 2015, apenas un poco menor que el promedio mundial y el de los países de ingreso alto (28%), medio alto y de América Latina (29%).

Solvencia

Con un espíritu previsivo, las autoridades prepararon la banca durante el auge para enfrentar el incremento de los riesgos durante la desaceleración.

Con ese objetivo, se esforzaron en mejorar la calidad del capital, por medio de la introduccción de instrumentos híbridos con capacidad de absorción de pérdidas.

Además, la prudencia del sistema bancario hace que mantenga una relación de solvencia (17%) que excede el requerimiento de la regulación (9%) y permanece cerca del promedio mundial y de los países de ingreso alto.

En estas condiciones, el sistema bancario que opera en el país mitiga los principales riesgos que enfrenta en la desaceleración de la economía, de acuerdo con los estándares internacionales.

Gracias a ello, permanece sólido y conserva su capacidad para financiar la aceleración del crecimiento, en la medidad en que se reactive la demanda interna.

Sin embargo, la elevada deuda y la pesada carga financiera de la economía, junto con el reducido espacio para adoptar unas posturas fiscal y monetaria más estimulantes, no permiten presagiar un dinámico repunte del crédito, ni un pronto retorno de la economía a su tasa de crecimiento económico potencial.

En estas condiciones, por tanto, el ritmo de la actividad económica permanecerá lento.

Para acelerarlo se precisa, entre otras cosas, un mayor número de estrategias que alivien la carga financiera, como la que implementó hace poco la Superfinanciera.

También se requiere otras que agilicen la transmisión de la política monetaria, tal como como la intensificación de la competencia en la compra de la cartera.

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