| 11/8/2018 12:01:00 AM

¿Hora de cambiar la forma como se negocia el salario mínimo?

Desde hace 22 años el aumento del salario mínimo se ha intentado definir por medio de una comisión de concertación, pero solo se ha logrado consenso en seis ocasiones. ¿Hora de revisar qué está pasando?

El próximo 22 de noviembre se fijará la agenda de las reuniones de la Comisión Permanente de Concertación Laboral para negociar el incremento del salario mínimo de 2019. Este es un proceso rutinario que se hace desde 1996 y que se conoce como tripartita, pues allí participan trabajadores, empresarios y Gobierno.

Si bien la Comisión se reúne varias veces al año, los encuentros de esta época tienen como objetivo llegar a una decisión consensuada sobre qué tanto debe subir la remuneración mínima, la cual aplica a todos aquellos que devengan el salario mínimo (hoy de $781.242), los pensionados que reciben la mesada mínima y diferentes trámites y servicios como el ajuste del Seguro Obligatorio contra Accidentes de Tránsito (Soat), que sube en igual proporción al ajuste salarial; servicios como grúas, patios, matrículas, multas de tránsito y deducibles de muchos seguros también aumentan al ritmo del crecimiento del sueldo mínimo legal de los colombianos.

Adicionalmente, este incremento da una guía para los aumentos salariales de quienes devengan más dinero e implica un aumento de igual proporción, para los que ganan el salario mínimo integral, que equivale a 10 salarios mínimos.

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“Uno de los problemas de nuestra economía es que, además de usar el sistema métrico decimal, usamos el ‘salario mínimo decimal’ para tasar muchas cosas que no tienen que ver con el mercado laboral y que además dicta un alza que no se toma con criterios técnicos, sino políticos”, opina el profesor de la Universidad del Rosario Juan Carlos Guataquí.

Considera que, si bien tener una política laboral concertada es una reivindicación que justamente han ganado los representantes de los trabajadores, también ha sido una herramienta que genera inquietudes sobre su efectividad, pues por un lado no es una negociación equilibrada, dado que el Gobierno tiene más poder que las demás partes y, por el otro, no incluye a un alto porcentaje de la población que trabaja por cuenta propia o es informal.

¿Funciona?

Estadísticas del Ministerio de Trabajo indican que desde que fue creada la Comisión de Concertación, en 6 ocasiones (2001, 2002, 2005, 2011, 2013 y 2017) se ha logrado un acuerdo, las demás veces el Gobierno ha definido el aumento por decreto.

"Si bien el Gobierno promueve la negociación, le conviene que no haya acuerdo, pues al final es más fácil firmar el decreto. Además, hay un problema de credibilidad en las cifras con las que se negocia, en particular la de productividad, que es un cálculo que hace Planeación Nacional y que es tan técnico que pocos lo entienden", reitera Guataquí.

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Stefano Farné, director del Observatorio Laboral del Externado, dice que, pese a los problemas, el esquema de negociación del salario mínimo en Colombia es mejor que en otros países, pues establece unos tiempos y no es una decisión que se da solo cuando le parece al gobernante de turno.

"Una negociación asimétrica es mejor que nada y claro que la decisión es política, más que técnica, tanto del Gobierno como de los sindicatos", sostiene Farné y coincide en que la medición del dato de productividad es oscura, por lo complicado de su cálculo. "Se necesitan conocimientos importantes, pero eso no quita que sería mejor si revelaran la metodología. Los sindicatos deberían imponerse en ese tema, pues eso les daría más poder de negociación", reitera.

Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT, piensa que el mecanismo de concertación laboral sigue siendo válido y además es incluyente por su carácter tripartita. Considera que el poder del Gobierno en la negociación se podría reducir si al final, al no llegar a un acuerdo, hubiera otro actor, como una especie de tribunal de arbitramento que tenga la última palabra.

Para Gómez, lo que se le debería mejorar al mecanismo para establecer el aumento del salario mínimo sería la fecha de negociación, pues hacerlo en diciembre es prematuro dado que aún no se tienen las cifras de la inflación de cierre del año, ni la proyectada para el siguiente. "Debería hacerse en febrero, cuando ya están todos los datos oficiales y se pagaría el aumento con retroactividad", precisa.

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Si bien trabajadores, empresarios y Gobierno alistan argumentos para negociar, este año tendrán más factores a evaluar, como las propuestas del Centro Democrático para realizar un aumento extraordinario del mínimo –que no ha avanzado en el Congreso– o la de crear una prima para quienes devengan hasta tres mínimos, con el fin de que puedan compensar el IVA que se planea poner a la canasta familiar. La negociación apenas comienza, ojalá se llegue a un acuerdo y que no quede la sensación de que es mejor un mal arreglo que un buen pleito.

El lío de la productividad

Los tres elementos principales que se tienen en cuenta para definir el aumento del salario mínimo son la inflación causada, la esperada y la productividad. Esta última la mide Planeación Nacional y ha sido un factor de discordia. En teoría los menos productivos son quienes deberían devengar los menores salarios, pero se calcula una sola productividad para todos los trabajadores.

José Roberto Acosta, analista de Justicia Tributaria, piensa que para ajustar ese tema, no se debería tener en cuenta la productividad total de factores (que incluye todos los elementos que permiten que la economía nacional produzca más), sino la individual de los trabajadores.

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