| 10/25/2018 12:01:00 AM

Los riesgos que cambiarían el curso de la política monetaria

El repunte lento de la economía y la estabilidad de la inflación sugieren relajar la postura monetaria, pero los riesgos externos e internos lo impiden. ¿Cuáles son?

La inflación al consumidor de septiembre (0,16% mensual, 2,63% en lo corrido del año y 3,23% anual) estuvo de acuerdo con las previsiones de los analistas. Con estos resultados, aunque aumentó respecto al mes anterior (3,10% anual), con lo cual se alejó un poco de la meta establecida por el Banco de la República (3% anual), fue menor que la de hace un año (3,97% anual) y permaneció debajo del límite superior del rango objetivo de la autoridad monetaria (2% - 4% anual).

Los indicadores de la inflación básica, que excluyen los bienes y los servicios cuyos precios son los más volátiles, para no tener en cuenta las variaciones temporales, están en una tendencia decreciente desde el comienzo del año. Gracias a ella, su promedio (3,28% anual) ha convergido cerca de la meta. Esa inclinación a la baja sugiere que no hay excesos de demanda, sino que la economía opera con capacidad ociosa.

La moderación de la demanda también ha hecho descender la inflación de los bienes y servicios no transables (4,1% anual), que no se intercambian con el exterior, hacia el límite superior del rango objetivo.

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Las inflaciones de los bienes y servicios transables (1,6% anual) –que se intercambian con el exterior– y de los alimentos (2%) son las que más presionan la variación total de los precios a la baja, aunque la última ha repuntado.

Sin embargo, ambas son las que mayor riesgo entrañan hacia el futuro, por el efecto que podría tener una depreciación pronunciada de la tasa de cambio, en el primer caso; o por un choque adverso de la oferta, en el segundo, como consecuencia del Fenómeno del Niño. Su probabilidad de ocurrencia es de 90% y se extendería entre el último trimestre de este año y el tercero del entrante, cuando podría reducir las lluvias en 60% en la Costa Atlántica y la región andina.

Una depreciación abrupta de la moneda podría sobrevenir el año entrante si la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos centrales en los países avanzados se ven obligados a acelerar el tránsito a la normalidad de sus posturas monetarias, por un repunte de la inflación y las expectativas, generado por los excesos de demanda cuando sus economías se encuentran cerca del pleno empleo, junto con el alza de los precios de los combustibles.

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Aunque hasta el momento la economía colombiana no ha sufrido con intensidad una depreciación de su moneda, ni una desvalorización de sus activos por esa causa, en razón a que se diferencia de otras economías emergentes por sus desbalances macroeconómicos moderados, sus deudas pública y externa no desmesuradas, su liquidez holgada en moneda extranjera, su baja inflación y la credibilidad de su política económica, gracias a lo cual ha preservado la confianza de los inversionistas y el grado de inversión otorgado por las agencias calificadoras; si la aversión al riesgo se incrementa mucho en los mercados internacionales, podría padecer un mayor contagio. En tal evento, una elevada depreciación de la tasa de cambio podría amenazar con sacar de curso la inflación y desalinear las expectativas.

Además, si el Fenómeno del Niño origina una sequía muy intensa, podría también tener consecuencias desfavorables sobre la oferta de energía eléctrica, con lo cual presionaría sus precios al alza, que podría incrementar el precio de los bienes y servicios regulados el año entrante. En la coyuntura actual es justo la inflación de los precios regulados (6% anual) la que ejerce la mayor presión alcista, afectada por los incrementos en los costos de los combustibles y el transporte.

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No obstante, si la economía colombiana sigue inmune al contagio de las turbulencias financieras de otras emergentes y el Fenómeno del Niño es moderado, la inflación y las expectativas podrían continuar alineadas con la meta, como prevén los analistas en promedio para el final de este año y el siguiente cerca de 3,3% anual.

En ese caso, la tasa de cambio permanecería estable, como en su pronóstico, alrededor de $3.000 en ese período. Además, tendría lugar un lento repunte del crecimiento –a 2,7% anual en el tercer trimestre y a 2,7% en 2018 y 3,3% en 2019–, que lo encaminaría hacia la tasa potencial –estimada entre 3% y 3,8%–. Sin embargo, la economía mantendría una amplia brecha del producto.

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En la coyuntura actual el crédito sigue estancado y su calidad se deteriora, con lo cual aumenta el riesgo de crédito para la banca.

En estas circunstancias, con la inflación y las expectativas alineadas con la meta, el crédito estancado, la tasa de cambio sin sobresaltos y una alta brecha del producto, lo recomendable sería recortar la tasa de interés para adoptar una postura monetaria más estimulante.

No obstante, el incremento de los riesgos externos e internos, que podrían ocasionar una desalineación de las expectativas de inflación, lo impide. Desde el exterior podría ocurrir un contagio de las turbulencias financieras de las economías emergentes, por las expectativas de una aceleración del tránsito a la normalidad monetaria en las economías avanzadas, que podría generar fugas de capital, una abrupta depreciación de la moneda y una desvalorización pronunciada de los activos. También podría ocurrir un Fenómeno del Niño más intenso que el previsto. En ambos casos la autoridad monetaria tendría más bien que apretar su postura monetaria.

Con el riesgo de un apretón monetario el año entrante, no luce oportuna una reforma tributaria que aumente el recaudo, porque se incurriría en el peligro de desacelerar la actividad económica.

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