| 2/1/2018 12:01:00 AM

Los retos que enfrenta la Nueva EPS a sus 10 años

La operación en San Andrés o la atención del creciente número de venezolanos son un reto para la Nueva EPS

Adivinar el futuro sería ideal para poder planificar mejor el país. Sin embargo, sin tener dotes premonitorias, José Fernando Cardona, presidente de la Nueva EPS, se anima a asegurar que la población que cubre su compañía es un adelanto de lo que será la Colombia de 2060, al menos en materia de salud.

José Fernando Cardona, presidente de la Nueva EPS

La Nueva EPS, que en agosto cumplirá 10 años, nació como resultado de la liquidación del Instituto de Seguros Sociales, del que heredó 2’200.000 afiliados, muchos de los cuales han venido envejeciendo y hoy 86.000 de ellos tienen más de 85 años, es decir, dos veces el aforo del estadio El Campín.

“Al nacer, solo 5% de los seres humanos tiene alguna enfermedad crónica, pero a los 85 años es 95%. Envejecer va acompañado de deterioro y, en ese sentido, tenemos una población importante de 1’143.000 personas con alguna condición crónica (hipertensión arterial, diabetes y problemas renales crónicos) y, por eso, nos hemos especializado en atenderlos”, explica Cardona.

Es un hecho que Colombia se está envejeciendo y, según el Dane, de las 776.918 personas que hoy tienen más de 80 años es factible que se pase a 800.885 en tan solo dos años.

Esto implicará grandes retos, no solo en materia pensional, sino de salud. “Por eso, mirar a la población que atiende hoy la Nueva EPS, que ya llega los 4,3 millones de personas, es mirar Colombia en 2060. Atendemos 16.000 enfermos de artritis, 60.000 con cáncer, 9.100 con VIH y 697 con esclerosis múltiple; además, ya contamos con 2.288 trasplantados”, señala el directivo, al tiempo que agrega que en la última década ha duplicado la operación, habilitándose para prestar servicios de régimen contributivo, subsidiado y planes complementarios.

Como resultado, hoy son la EPS más grande del país en número de usuarios y en ingresos, que también son más altos debido a que tienen un elevado número con pacientes de alto costo. En 2017 facturaron $5,8 billones y su participación de mercado total es de 15,3%. Para este año aspiran a llegar a los $6,4 billones.

En el régimen contributivo desbancaron a Medimás (que fue la entidad que adquirió a la extinta Saludcoop) y en el subsidiado son la número siete (en este caso la más grande es Coosalud).

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Cardona también destaca que en gastos administrativos utilizan 5,7% de la UPC (Unidad de Pago por Capitación –que es lo que el Gobierno paga por cada usuario–) ubicándose por debajo del promedio del sector, que es entre 7% y 9%. Esto lo han logrado, entre otras cosas, gracias a que no cuentan con clínicas, hospitales ni centros médicos de su propiedad, sino que los contratan con terceros.

“Desde el principio se decidió no tener Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) propias, lo que nos permite ofrecer una red más amplia –2.500 instituciones– y algunas economías de escala, aunque debo aceptar que la desventaja es que en las ciudades donde no hay competencia de IPS se nos reduce la capacidad para negociar precios con el único prestador”, confiesa.

Ante la pregunta de por qué no heredaron también las clínicas y hospitales que tenía el Seguro Social, Cardona responde que estas fueron privatizadas y en muchos casos las adquirieron universidades (así sucedió en Cali y Medellín) y en Bogotá la antigua San Pedro Claver se convirtió en Méderi, luego de ser comprada por la Universidad del Rosario, la Orden Hospitalaria San Juan de Dios y Compensar. “Hoy es un hospital de excelente nivel, que para nosotros es muy importante, pues 60% de todos los pacientes que atienden son nuestros”, precisa.

Otra opción de la Nueva EPS es tener IPS exclusivas para sus usuarios, que son operadas por terceros y, en ellas, aunque no tienen propiedad accionaria, sí tienen participación en su gobierno corporativo (una clínica en Cali y una central de urgencias en Medellín).

Recursos frescos

Al igual que sus colegas, la Nueva EPS está en pleno proceso de habilitación financiera, que es una exigencia del Gobierno para que fortalezcan su patrimonio y sus reservas, al tiempo que establecen un régimen inversiones para garantizar que los recursos de su operación se mantengan líquidos.

Estas medidas eran necesarias porque anteriormente para constituir una EPS del régimen subsidiado se exigían $50 millones y $500 millones para una del contributivo, pero el problema es que hoy cada grupo administra entre $13 billones y $14 billones. Manejamos altos recursos, lo que vuelve indispensable el fortalecimiento patrimonial”, reitera Cardona.

Por este motivo, los accionistas de la Nueva EPS (Cafam, Colsubsidio, Compensar y Comfenalco Valle –que poseen 50% + 1 acción– y el gobierno nacional a través de Positiva Compañía de Seguros –con el 50% -1 acción–) la han capitalizado con $228.860 millones durante los últimos tres años y se comprometieron a no distribuir excedentes hasta 2021. Ese dinero será reinvertido en la empresa.

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Los expertos del sector salud estiman que varias EPS incumplirán con la habilitación financiera, lo que implicaría su salida del mercado. Cardona dice que la decisión de los accionistas de la Nueva EPS es fortalecerla, más que crecerla vía adquisiciones. No obstante, tiene claro que, si por alguna razón se llega liquidar otra EPS, por regla de distribución de afiliados, les correspondería recibir un número importante dada su amplia cobertura (están en 1.113 municipios)

Pese al ruido que hay alrededor de Medimás, Cardona no cree que vaya a salir del mercado, pues en su concepto sus problemas son más de índole societario que operativos y, por el contrario, lo que ve es una competencia dura con otras EPS, pues todas quieren crecer.

Ojo a cuidadores

Con respecto a su condición de empresa mixta (con propiedad pública y privada), Cardona explica que el Gobierno ha tenido la delicadeza de no cargarles asuntos que arriesguen la viabilidad de la compañía, aunque sí mantienen operaciones no rentables como parte de su función social.

No obstante, Cardona reitera que el tema actual es aprender a tratar a la tercera edad, que no solo implica los costos de atención y medicamentos, sino de cuidadores, que más que enfermeras son personas que los acompañan, les dan su medicina, los voltean en la cama o los llevan al baño.

El costo por cuidador es de $2’100.000 mensuales, pues son trabajos de 24 horas que se originan en la reducción de la familia extendida en el país y que son financiados a punta de recobros. El directivo se pregunta si vale la pena evaluar que ese costo lo paguen los servicios sociales o que sigan respondiendo las EPS. Otro debate para la Colombia del futuro.

En las fronteras

A punto de cumplir 10 años, la Nueva EPS es hoy la más grande del país, con 4,37 millones de afiliados. Acaba de ser capitalizada y se convirtió en experta en el manejo de la salud de la tercera edad.

Aunque la Nueva EPS no está obligada a atender grupos de pacientes que otras EPS rechacen por su poca rentabilidad, sí opera en algunas zonas que implican desafíos, como San Andrés. El costo en salud de este departamento está desbordado, por no contar con todos los especialistas ni hospitales de alto nivel.

Los pacientes graves los deben trasladar en aviones ambulancia, lo que vale $26 millones y para varias especialidades los trasladan por vía aérea a Bogotá y Barranquilla. Solo por ese concepto destinan $7.200 millones al año. “La siniestralidad de San Andrés está alrededor de 140%”, comenta Cardona.

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Otra área en la que trabajó con el Gobierno fue en darles salud a 10.000 combatientes de las Farc mientras estaban en las zonas veredales. Ahora que ya salieron, tienen libertad de elegir EPS, pero descubrieron que 5.300 ya estaban afiliados al régimen subsidiado. Igualmente, están atendiendo muchos venezolanos en Arauca, donde son los únicos prestadores.

Allí llegan personas con doble nacionalidad y una condición de salud grave. Se afilian al régimen subsidiado y deben ser atendidos. “Eso va en contra de la filosofía del sistema, que es viable con sanos y enfermos”, recalca este directivo y comenta que aunque en Cúcuta se vive una situación similar, el impacto se reparte entre varios prestadores.

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