| 5/24/2018 12:01:00 AM

¿Qué se espera de la economía colombiana en 2018?

La actividad económica comenzó a repuntar en 2018. ¿Cuáles son las perspectivas?

El crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año (2,2% anual) es alentador, porque sugiere un cambio de tendencia respecto del año pasado (1,8%).

El repunte se debió a siete actividades que crecieron por encima del PIB: las financieras y de seguros (6,1% anual), la administración pública y defensa (5,9% anual), las profesionales, científicas y técnicas (5,6% anual), las artísticas, de entretenimiento y recreación (4,0% anual), las de comercio al por mayor y al por menor (3,9% anual), las de información y comunicaciones (3,1% anual) y las inmobiliarias (2,9% anual).

En contraste, la construcción (-8,2%), la explotación de minas y canteras (- 3,6%) y la industria manufacturera (-1,2%) frenaron la expansión.

Es posible que el crecimiento se mantenga lento en el segundo trimestre (a 2,4% anual, según la encuesta de Fedesarrollo), debido a la incertidumbre electoral, que frena la inversión.

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Sin embargo, las perspectivas para este año y el siguiente son buenas. Si triunfa un candidato del establecimiento habrá un resurgir de la inversión. Su aceleración resultará favorecida por la reducción del impuesto de renta para las empresas y una mayor ejecución del programa de vías 4G.

El crecimiento será impulsado además por un incremento del consumo, favorecido por el descenso de la inflación, las menores tasas de interés, el aumento del salario mínimo y la mayor confianza de los consumidores.

La dinamización de la actividad económica también se beneficiará con la mayor demanda externa.

Al mismo tiempo, contará con el impulso de los altos precios del petróleo, que estimulan la inversión en el sector, aumentan los ingresos por exportaciones, mejoran los términos de intercambio, incrementan el ingreso nacional, elevan los ingresos del Estado, facilitan el cumplimiento de las metas de déficit fiscal y ayudan a cerrar el déficit en la cuenta corriente. Por tanto, favorecen la expansión de la demanda interna, ayudan a mantener bajo el riesgo soberano y a conservar el grado de inversión. En esa medida, también contribuyen a que las tasas de interés domésticas permanezcan bajas.

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A pesar del repunte, el ritmo de expansión de la economía en 2018 y 2019 (2,4% y 3%) seguirá inferior a la tasa de crecimiento potencial (estimada entre 3,3% y 3,8% anual).

En consecuencia, la economía mantendrá muchos recursos sin utilizar. El Comité de la Regla Fiscal estima, por ejemplo, que la brecha del producto será de -3,8% y -4% del PIB potencial en 2018 y 2019. Por tal motivo, con una inflación cercana a la meta (3,1% anual en abril de 2018), unas expectativas de variación de los precios convergentes hacia ella (3,3% al finalizar tanto 2018 como 2019, según la encuesta del Banco de la República –BR–) y, gracias al repunte de las exportaciones y las remesas, con un déficit en la cuenta corriente que se cierra más rápido de lo previsto (3,3% del PIB en 2017 y 3,1% del PIB en 2018, según la previsión del BR), entonces se podría pensar que es posible recortar más la tasa de la política monetaria (4,25% anual), para estimular más la demanda interna.

No obstante, el temor sobre una aceleración del cronograma de normalización de la postura monetaria de la Reserva Federal, por el repunte de la inflación en los Estados Unidos, junto con la tendencia al alza de las tasas de interés de la deuda pública de ese país y sus efectos sobre los flujos de portafolio a las economías emergentes, podrían dificultar reducir la tasa de interés del BR.

Quizá por ello los analistas en promedio no esperan más recortes en 2018.

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Sin embargo, en la medida en que las expectativas de inflación convergen a la meta, se requeriría disminuir la tasa nominal del BR para que la real permaneciera estimulante.

A parte de la insuficiencia de la demanda agregada en la coyuntura actual, que no permite que se alcance el PIB potencial, las autoridades enfrentan el reto de diseñar estrategias para incrementar la capacidad de crecimiento de la economía, con el fin de que pueda expandirse de una manera sostenible a unas tasas más elevadas.

Sin ello, no se podrá estimular la demanda para crecer de una manera persistente por encima de 3,8% anual, sin que se desborde la inflación y se amplie el déficit en la cuenta corriente, a magnitudes que harían muy vulnerable la economía a los choques externos.

Con el fin de incrementar la tasa de crecimiento potencial, es necesario mejorar la competitividad de la economía, para aumentar su productividad y emplear sus factores con una mayor intensidad. Con base en ello también se podría contrarrestar el efecto negativo del envejecimiento de la población sobre la oferta de trabajo, que reducirá en el futuro la capacidad de expansión de la actividad económica.

Los cuellos de botella de la competitividad en Colombia son, en primer lugar, las malas instituciones, cuyos efectos son la corrupción y la ineficiencia e ineficacia del sistema judicial, que conducen a la impunidad y al incumplimiento de los contratos. En segundo lugar, la insuficiencia y mala calidad de la infraestructura, que ocasionan sobrecostos. En tercer lugar, la mala calidad de la educación, que conduce a una reducida oferta de capital humano. En cuarto lugar, el ineficiente funcionamiento de los mercados, tanto de bienes, por la falta de competencia, como de factores, por una excesiva regulación, que establece el salario mínimo, los costos laborales no salariales y los límites a las tasas de interés, de lo cual se derivan unas asignaciones ineficientes de los recursos, una baja utilización de los factores y muchos sobre costos. En quinto lugar, el lento progreso tecnológico y la escasa innovación, debidas a la baja inversión en investigación y desarrollo. Por último, la baja apertura de la economía y la minúscula inserción en las cadenas globales de valor, que limitan la competencia, frenan el progreso tecnológico e impiden una diversificación de la oferta exportadora.

Le corresponde al próximo gobierno perseverar en mejorar la competitividad de la economía en todos estos frentes, para que se pueda incrementar la productividad de los factores y se logre utilizarlos con una mayor intensidad. Solo con base en ello el crecimiento podrá superar el 4% de una manera sostenida, sin perturbar la estabilidad macroeconómica.

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