| 7/5/2018 12:01:00 AM

¿Qué problemas tiene el cálculo del PIB?

¿Tiene sentido seguir midiendo la economía con un indicador creado hace 80 años? ¿Por qué el PIB no contabiliza transacciones derivadas de la cuarta revolución industrial o el impacto del cambio climático? El debate está abierto.

Cuando se conoció el dato de crecimiento del país en el primer trimestre, se generó un debate con respecto a cuál fue la cifra correcta: ¿2,2% anunciado inicialmente por el Dane o 2,8% que mencionó el Banco de la República en su primer análisis sobre el tema?

La diferencia entre ambas cifras se originó en la nueva metodología de medición del Producto Interno Bruto (PIB) implementada por el Dane y que al evaluar más variables ofrece más información.

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La polémica sobre cuál es el dato correcto coincide con un debate global que pone en duda la utilidad del PIB como el mejor indicador para medir el desempeño económico de un país, si se tiene en cuenta que en pleno siglo XXI, con cambio climático, mayor inequidad y en medio de la llamada cuarta revolución industrial se sigue usando un indicador creado hace casi 80 años.

En 1940 los economistas británicos James Meade y Richard Stone idearon un método para contabilizar el ingreso neto de un país que se convirtió en el estándar global, pero casi desde el nacimiento del PIB ha existido debate con respecto a lo que no se incluyó en su cálculo, como, por ejemplo, el trabajo doméstico no remunerado o el costo medioambiental de algunas actividades.

Diane Coyle, profesora de la universidad de Cambridge, explica en un artículo publicado en el Foro Económico Mundial, que los defensores del PIB argumentan que no incluyen el trabajo doméstico o el tema ambiental por ser actividades sin valor de mercado, pero sí incluyen los servicios que brinda el Gobierno que tampoco tendrían valor de mercado. “Es una respuesta débil, más si se tiene en cuenta que hoy uno de los mayores desafíos para medir el PIB está en la economía digital”.

Agrega que es innegable que muchas actividades en línea son gratuitas, por lo que tampoco tendrían precio de mercado, pero aquellas que son financiadas por publicidad tampoco son genuinamente "gratis” y aun así son difíciles de valorar e incorporar al PIB.

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Otra es la historia del software de código abierto, blogs personales o videos de entretenimiento que no le cuestan a quien los disfruta, pero sí a quien los hace y en las estadísticas de PIB se tratan como si fueran trabajo voluntario.

Además, está el fenómeno de la llamada `economía colaborativa‘, que se refiere a plataformas digitales que reúnen proveedores y consumidores de un servicio, a veces en una transacción monetaria, a veces en una relación social (hay quienes incluyen en este grupo a Uber y a Airbnb). Estas plataformas crean valor para sus usuarios, pero no siempre implican un precio y estarían quedándose por fuera de las métricas del PIB.

Excedente del consumidor

“Cuando los usuarios pagan una tarifa a la plataforma y al proveedor, recibirán un beneficio adicional no monetario, por ejemplo, encontrar un lugar mejor, más barato o más conveniente para quedarse que un hotel convencional. Los economistas denominan este ajuste mejorado de la oferta como el ‘excedente del consumidor’. Y este nunca se captura en el PIB, el cual solo mide lo que se pagó por las transacciones. Sin embargo, la economía digital está haciendo que ese excedente aumente, lo que implica que en el PIB se está obviando un fenómeno clave”, reitera Coyle.

Las quejas contra la metodología para calcular el producto interno bruto, también entendido como la medición de la riqueza que genera un país, cada vez son más recurrentes y entre sus detractores están el economista ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz y la directora del FMI, Christine Lagarde, quienes han asegurado que el PIB es un pobre indicador de progreso y han abogado por un cambio en la forma en que se mide el desarrollo económico y social.

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El problema es que el PIB y su crecimiento se volvieron una obsesión para muchos países, olvidando que inicialmente no estaba destinado para medir el desempeño de una economía, sino simplemente para proporcionar una medida de los bienes y los servicios finales producidos en un país durante un período determinado, sin prestar atención a lo que se produce, cómo se produce o quién lo produce.

“El PIB es una medida parcial a corto plazo y no nos dice si el crecimiento económico es justo, verde o si mejora nuestras vidas”, sostienen los economistas del Foro Económico Mundial y agregan que hay otra gran ausente en el cálculo del PIB: la felicidad. Para probar su punto, citan a Richard Easterlin, profesor de economía de la Universidad del Sur de California, estudioso del vínculo entre felicidad e ingresos. Él ha asegurado que el PIB es una abstracción que no tiene mayor significado para la mayoría de las personas, mientras que la felicidad sí podría ser considerada como la principal medida de bienestar.

Sea cual sea la medida que se use, la actualización de la metodología para calcular el PIB y el cambio de gobierno ofrecen un ambiente propicio para tratar de definir un indicador más preciso que permita saber si en Colombia, como vamos, vamos mal o vamos bien.

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Otras alternativas

Bután es uno de los pocos países en donde el PIB no es el principal indicador económico, sino el índice “Felicidad Nacional Bruta”, que usan desde 1972. La idea es lograr un equilibrio entre desarrollo socioeconómico, medioambiente y buen gobierno. Por otra parte, el centro de pensamiento The New Economics Foundation propone cinco indicadores para remplazar al PIB: 1 Empleos de calidad, más que estar empleado o desempleado es trabajar con seguridad social. 2 Bienestar, qué tan satisfechos están los ciudadanos con sus vidas. 3 Medioambiente, medir las emisiones de carbono. 4 Equidad, reducir la brecha entre ricos y pobres y 5 Salud, contabilizar la cantidad de muertes evitables.

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