| 3/1/2018 12:01:00 AM

¿Qué deudas pagan primero los colombianos?

La teoría indica que si un deudor tiene problemas de liquidez lo primero que deja de pagar es la tarjeta de crédito, luego el préstamo de vehículo y finalmente el de vivienda. Esa tendencia está cambiando en el país ¿Qué está pasando?

Los colombianos terminaron 2017 debiéndoles a los establecimientos de crédito $437 billones, casi 2% más que en 2016. Sin embargo, en ese periodo también crecieron sus deudas en mora, que alcanzaron $18,9 billones, lo que implica un aumento de 37%.

La explicación para lo que técnicamente se conoce como deterioro de la cartera (más créditos vencidos sobre el total) está en la desaceleración de la economía, que lleva a muchos deudores a colgarse en sus pagos. Los préstamos cuya morosidad tradicionalmente ha sido más evidente son los microcréditos, en donde de cada $100 prestados, hay $7,73 vencidos. En consumo –donde se contabilizan las tarjetas de crédito y los préstamos de libre inversión– están en mora $5,81 de cada $100 prestados y en créditos de vivienda $3,11.

El creciente retraso en los pagos en cierta medida era previsible por el ciclo económico. Sin embargo, las centrales de información crediticia, que son las que llevan el historial de créditos y pagos de todos los deudores, realizan estudios para tratar de anticipar el comportamiento futuro de pagos de una persona, de tal manera que se pueda saber si le pueden prestar dinero o un servicio en la modalidad de pospago.

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TransUnion es una de las dos centrales de información que operan en el país (la otra es Datacrédito) y sus técnicos acaban de terminar un estudio para comprobar si en Colombia se sigue el patrón estándar de jerarquía de pagos. En otras palabras, si en tiempos de dificultades financieras se cumple la tendencia de un consumidor estándar, el cual deja de pagar primero una tarjeta de crédito, en segundo lugar el crédito de vehículo y solo en circunstancias extremas no pagaría su crédito de vivienda.

Los resultados del estudio muestran que, al parecer, esa jerarquía no se cumple siempre en el país, pues existen factores adicionales que llevan a darles distintas prioridades a los pagos.

¿Por qué una jerarquía?

Virginia Olivella, directora Senior de Investigaciones de TransUnion, explica que los deudores suelen priorizar los créditos hipotecarios o de vehículo porque estos son asociados con necesidades básicas de subsistencia. En particular para el caso de los préstamos de vivienda, hay un elemento de preservación de la inversión, así como un componente emocional, pues no solo se está pagando una casa, sino un hogar.

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“La jerarquía de pagos tradicional no surge al azar, sino como consecuencia de un conjunto de fuerzas existentes en el mercado. Por ejemplo, las tarjetas de crédito son lo primero que se deja de pagar, pues el consumidor sabe que si le cancelan un plástico puede quedarse con otro –en promedio los colombianos tienen dos tarjetas de crédito–. Además, hay medios de pago alternativos como el efectivo, cheques o tarjetas de débito que pueden sustituir las tarjetas, sin embargo, estos no podrían sustituir un vehículo o una vivienda como medio de transporte o de abrigo, respectivamente”, explica la experta.

Adicionalmente, si se considera que la cuota inicial para adquirir una vivienda es alrededor de 30% del valor de esta y que la mayoría de los consumidores debe trabajar mucho para alcanzar ese ahorro, es comprensible que sea lo último en lo que se vayan a colgar. La propiedad de la vivienda no es solo un logro financiero, también es sicológico.

“A eso hay que sumarle el estigma social de que a uno le confisquen la casa. Uno puede esconder el hecho de que no ha pagado su tarjeta, pero esconder el embargo de un auto o de la casa por falta de pago es más complicado”, precisa Olivella.

Los cambios

Aunque la jerarquía de pagos es un comportamiento promedio, el estudio de TransUnion encontró que esta cambia según el perfil de riesgo del consumidor. Los más riesgosos prefieren pagar la tarjeta de crédito antes que los créditos de vivienda o vehículo, debido a que para ellos la tarjeta es fundamental en momentos de crisis como fuente de liquidez.

Es más, entre quienes tienen una tarjeta de crédito de asociada a un comercio (Éxito, Falabella, Pepe Ganga, La 14, etc.) y una bancaria, la prioridad en el pago la tienen las primeras frente a las segundas, lo que podría justificarse dados los beneficios que otorgan las primeras. Es lógico que cuando una persona tiene problemas de liquidez opte por cuidar la tarjeta que le da más descuentos a la hora de comprar su canasta básica.

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En el caso de quienes deben elegir si dejar de pagar la tarjeta de crédito o un producto de telecomunicaciones en pospago, la prioridad la tiene el dinero plástico, pues los productos de telecomunicaciones se pueden sustituir a modalidad de prepago.

En la jerarquía de pagos, además de los temas de comportamiento y del perfil de riesgo del deudor, también influyen factores externos, como las tasas de interés o el valor de la vivienda.

Cuando el Banco de la República decide subir sus tasas de referencia, suben las demás tasas de interés de la economía, incluidas las de las tarjetas de crédito, que son préstamos que se renuevan mensualmente. Las de los créditos antiguos de vivienda no suben, pues mayoritariamente son pactados a una tasa fija que no cambia en los 15 años del crédito y los que están con UVR fluctúan con la inflación. El impacto en el alza de tasas del Emisor lo sienten son los nuevos créditos hipotecarios.

Esto hace que, según el estudio de TransUnion, la subida de intereses del Banco de la República repercuta en una mayor morosidad de las tarjetas de crédito. Igualmente, si aumenta el valor de la vivienda, los deudores van a priorizar el pago de su crédito mientras que, si cae, se podrían replantear el lugar que ocupe el crédito de vivienda en su jerarquía. Esto fue lo que ocurrió durante la crisis del Upac, cuando los valores de las viviendas colapsaron y los créditos se volvieron más caros que las mismas casas.

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Al entender cómo los consumidores pagan sus obligaciones, las entidades de crédito podrán decidir mejor a quién le prestan y cuánto, para que así no se cumpla la frase que se le atribuye a John Maynard Keynes: “Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”.

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