| 7/5/2018 12:01:00 AM

¿La informalidad es un problema de ingresos o de costos?

La alta informalidad frena el crecimiento y dificulta la reducción de la pobreza y la desigualdad. ¿Existe alguna solución?

Aunque en el debate sobre el origen de la informalidad no hay un consenso, una explicación plausible es que surge porque el entorno institucional no favorece la acumulación de los factores productivos para muchos individuos y numerosas firmas. Como consecuencia de ello, la baja productividad hace que los ingresos de sus propietarios no sean elevados o, en todo caso, que sean menores a los necesarios para cubrir los costos de operar en la formalidad.

Debido a los magros ingresos y los altos costos, los beneficios netos de operar en condiciones formales serían minúsculos o negativos para los empresarios y los trabajadores. Eso justificaría la decisión de llevar a cabo sus actividades de una manera informal.

Un trabajador informal, por ejemplo, no sería tan productivo como para que su empleador lo pudiera contratar de modo lucrativo, pagándole un salario formal y al Estado los impuestos sobre la nómina que implica hacerlo. Además, en muchos casos el trabajador preferiría no hacer los pagos de las cotizaciones que debe a su seguridad social, porque reducirían su salario. Una firma informal tampoco generaría un ingreso suficiente para pagar los salarios, los impuestos y las contribuciones que debería para ser formal.

Por estos motivos, la literatura encuentra con frecuencia una relación significativa e inversa entre la productividad –aproximada algunas veces por el ingreso por habitante– y la informalidad de los países y las regiones dentro de ellos. Franz Hamman y Luis Fernando Mejía (2011) mostraron, por ejemplo, que en Colombia una firma mediana formal produce dos veces y media más, agrega tres veces mayor valor y tiene una productividad laboral dos veces más elevada que una empresa mediana informal.

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La informalidad contribuye además a perpetuar una trampa de ínfima productividad, porque dificulta el acceso de las firmas y los trabajadores al mercado de capitales, en el cual podrían adquirir los fondos necesarios para aumentar su acervo de factores productivos, como el capital físico, el humano y el conocimiento.

Los bajos ingresos y la escasez de activos de los individuos y las firmas informales, originados por su escasa productividad, dificultan la disminución de la pobreza y la desigualdad y limitan, además, sus oportunidades de vivir y desempeñar su actividad en un espacio formal.

Como una consecuencia de sus bajos ingresos y escasos activos, los individuos y las firmas informales tampoco pueden aportar tributos al fisco, para que el Estado tenga mayores ingresos y pueda costear los bienes públicos. Por este motivo, su oferta es insuficiente, su calidad no es óptima, se arriesga la solvencia del Estado o los costos de los servicios recaen de una manera excesiva en los individuos y las firmas formales. En el último caso, lesionan su competitividad respecto de las de otros países.

En esas condiciones, la informalidad empresarial contribuye a que las tasas de los impuestos corporativos para las firmas formales sean elevadas, como en Colombia, donde llegan a cerca de 70% de sus utilidades, según el reporte Doing Business 2018 del Banco Mundial.

De forma paralela, las contribuciones sobre la nómina de las empresas formales también son pesadas cuando la informalidad laboral es amplia, como es el caso en el país, donde varían entre 52% y 39% para un rango de entre uno y diez salarios mínimos legales, según la Anif.

En consecuencia, al contribuir a perpetuar la baja productividad, dificultar la acumulación de factores, aumentar las cargas tributarias sobre los individuos y las empresas formales, arriesgar la solvencia del Estado y no facilitar una oferta más amplia de bienes públicos de óptima calidad, la informalidad también ayuda a frenar el crecimiento de las economías.

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Por estas razones, en Colombia los departamentos que tienen las mayores tasas de informalidad son los más pobres, los más desiguales y los que más lento crecen.

En el mercado laboral, cuando el costo legal del trabajo (salario mínimo y contribuciones sobre la nómina) excede la productividad mediana del trabajador por un margen amplio, más difícil resulta emplearlo de manera formal. De tal modo, la informalidad aumentará al hacerlo esa brecha. Por eso en los departamentos y en las ciudades en los cuales el salario mínimo representa una mayor proporción de la remuneración mediana del trabajo o del ingreso mediano, la tasa de informalidad laboral es mayor y viceversa. 

Para moderar sus efectos perversos, la reducción de la informalidad requiere facilitar la acumulación de factores para los individuos y las firmas, de tal manera que pueden incrementar su productividad y sus ingresos.

En el caso de los individuos, la mejora de la productividad requiere que puedan aumentar su acervo de capital humano, por medio de una educación de óptima calidad. Además, es deseable que se facilite su acceso al crédito, a través de la eliminación de los topes a las tasas de interés.

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Igualmente, se debe ampliar el acceso de las firmas al mercado de capitales, por medio de mecanismos basados en las nuevas tecnologías financieras, como la financiación colaborativa.

Al mismo tiempo, se deben reducir los costos de la formalidad. En el mercadeo laboral se requiere continuar disminuyendo las contribuciones sobre la nómina, que encarecen el trabajo formal. Además, hay que liberalizar el mecanismo de terminación de los salarios, eliminando el salario mínimo o adoptando otro que refleje la productividad laboral.

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