| 3/1/2018 12:01:00 AM

¿Por qué es tan bajo el desempleo rural en Colombia?

Con un desempleo de 4,3%, casi la mitad del nacional, las zonas rurales muestran un mercado laboral muy distinto al del resto del país. ¿Cuál es la explicación?

Uno de los tantos conceptos que utilizan los economistas para explicar el mundo es el de “pleno empleo”; es decir, aquella situación en donde todos los individuos de un país que están en condiciones de trabajar y quieren hacerlo, efectivamente están trabajando. Esto no implica que no haya desempleados, sino que están en sus ‘justas proporciones’ (bien sea porque no quieren trabajar o porque están en proceso de búsqueda de un puesto).

Este concepto, que es más teórico que práctico, se estaría dando en Colombia, uno de los países que paradójicamente es de los más afectados en el mundo por el flagelo de la desocupación. Esa es la visión, al menos, del centro de estudios Anif, para el cual la reducción de la tasa de desempleo rural, que cerró 2017 en 4,3%, casi la mitad del 8,5% nacional, es prueba de un pleno empleo en el campo.

Desde 2010, cuando el desempleo rural alcanzó 8,60%, este indicador ha venido bajando y hoy está en mínimos históricos.

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El director del Dane, Mauricio Perfetti, opina que a partir de los datos del mercado laboral que mide su entidad, se puede determinar que hay un comportamiento positivo en las zonas rurales con tasas de participación y ocupación altas y estables y tasas de desempleo bajas en niveles nunca antes observados, alrededor de 4%, “tasa, que podría considerarse como una aproximación a la denominada tasa natural de desempleo” y agrega que en las zonas rurales también se presentan niveles de ocupación históricamente altos con un crecimiento en 2017 de 1,7% respecto a 2016.

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Otra es la idea de Juan Carlos Guataquí, investigador de temas laborales de la Universidad del Rosario y ex subdirector del Dane, quien dice que es muy sesgado analizar el mercado laboral rural de la misma forma en que se analiza el urbano, pues los estándares de medición no son iguales y, aunque la tasa de desempleo del campo sea menor, el problema de estas zonas del país (que aportan 20% de la población total en edad de trabajar) es que sufren de una alta informalidad. En otras palabras, están empleados, pero tienen puestos de muy mala calidad y sin seguridad social, lo que implica que una baja desocupación no es tan buena como implicaría el famoso concepto del pleno empleo.

Las causas

Para Perfetti, el menor desempleo en el campo es principalmente consecuencia de la mejor dinámica de ocupación de los pobladores rurales. El año pasado, 4,9 millones de personas de estas regiones del país tenían empleo, lo que implica el dato más alto desde que hay cifras comparables (2001). Respecto a 2016 se registraron 82.000 personas adicionales ocupadas en los centros poblados y rural disperso.

Destaca el comportamiento del sector agropecuario, forestal y pesquero que lideró el crecimiento de la economía en 2017, cuyo PIB creció 4,9% en el año frente a un total de tan solo 1,8%.

En Anif comparten la teoría de que el repunte del agro es una de las razones para un mejor mercado laboral rural, pero también lo atribuyen al auge del narcotráfico, al triplicarse las áreas con cultivos ilícitos durante 2014-2017.

Foto: Mauricio Perfetti, director del Dane / Juan Carlos Guataquí, investigador de temas laborales de la Universidad del Rosario / Sergio Clavijo, presidente de Anif.

“Probablemente se trata de una mezcla de ambos factores, pues los crecimientos satisfactorios del agro son en buena medida atribuibles a la superación del fenómeno climático de El Niño en 2016 y no tanto a su modernización (este sector continúa aguardando los distritos de riego y las vías secundarias-terciarias del posconflicto). Además, es bien sabido que la tasa de participación laboral (personas buscando empleo) en la zona agrícola es baja, por cuenta del “pancoger” y/o por su elevada participación en la ilegalidad de los cultivos ilícitos, cuyos trabajadores no aparecen como personal buscando”, señala un comentario económico de Anif dedicado a este tema.

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Guataquí en este frente considera que es poco riguroso estadísticamente culpar a los cultivos ilícitos del menor desempleo rural, pues si fuera así los departamentos con mayor número de ocupados serían Putumayo o Nariño. Su hipótesis es que el impacto del proceso de paz permitió que se diera una demanda por empleos rurales, que antes estaba represada.

Insiste en que las categorías laborales urbanas no aplican en lo rural y que, por ejemplo, el cuenta propia de las ciudades no es igual al del campo y que el asalariado podría equipararse con el jornalero, clasificación que, en efecto, ha venido creciendo. Al cierre de 2017, 81% de los ocupados del país eran obreros, empleados particulares o trabajadores por cuenta propia, solo 3% eran jornaleros.

Perfetti también aclara que a partir de los datos de las encuestas del Dane, no es posible determinar si hay relaciones con los cultivos ilícitos e insiste que la clave ha estado en el buen desempeño del sector agrícola.

Por otro lado, en Anif no solo reiteran su concepto de pleno empleo rural, sino que además piensan que su efecto positivo sobre las cuentas totales del mercado laboral se está agotando, pues ven difícil reducir el desempleo del campo por debajo de 4%.

Varios expertos han señalado que el desempleo no se ha disparado en el país en medio de una desaceleración económica gracias al buen desempeño registrado en el mercado laboral rural.

En Anif precisan que para que haya más empleo en el campo se requiere promover la investigación y los proyectos asociativos para producción a gran escala; así como optimizar la distribución de la tierra mediante la flexibilización de las Unidades Agrícolas Familiares.

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A esto se suman los efectos de la Ley de Tierras, hoy en trámite en el Congreso, y la aplicación de las Zidres y de otras medidas para reactivar el agro. Algunos consideran que, a medida que se afiance el posconflicto, será más probable generar empleo rural de calidad, una necesidad urgente para los 10,9 millones de colombianos que viven allí.

Jornal mínimo integral

En el Congreso actualmente cursa un proyecto de Ley (123 de 2017) que busca flexibilizar el mercado laboral rural mediante la creación de un piso de protección social de ingreso mínimo para los trabajadores de estas zonas del país. La idea es que ellos no coticen a la seguridad atados al referente del salario mínimo, sino usando un jornal diario integral rural. Dicho jornal cobijaría a todo trabajador agropecuario cuyo ingreso promedio mensual no supere 60% del valor de un salario mínimo. Para ello tendrían que afiliarse al programa Beps y al régimen subsidiado en salud.

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