| 11/24/2016 12:00:00 AM

El campo necesita la financiación de los bancos

José Antonio Ocampo, quien presidió la Misión del Campo, recomienda a los bancos crear instituciones especializadas en prestar a pequeños productores. Opina que las apuestas deben estar en maíz, cacao, plátano y piña.

Aunque los avances del país en inclusión financiera son evidentes, al registrar ya 75,4% de los adultos con al menos un producto financiero, este ha sido un logro más urbano que rural. Incluso, muchas de las personas vinculadas a la banca lo hacen más por un tema transaccional que por ahorro o crédito.

Por este motivo, el economista José Antonio Ocampo, quien presidió la Misión para la Transformación del Campo, recomienda que no solo se busque que más campesinos tengan cuentas de ahorro, sino que sea posible darles financiación formal y que puedan usar las líneas de redescuento de Finagro.

“Muchos de los subsidios del Estado se pagan a través de cuentas de ahorro y es muy curioso que un gran número de beneficiarios de dichas ayudas dicen no tener cuenta, pues básicamente las utilizan para que les paguen y sacar la plata, pero no ahorran. En crédito el panorama es aún más desalentador: según el Censo Agropecuario, solo 16% de agricultores tiene préstamos con la banca”, dice el experto y agrega que esa cifra es aún más baja si se tiene en cuenta que el grueso de los créditos del Banco Agrario, principal financiador del sector, tiene un monto promedio alto ($7 millones), lo que implica que a los pequeños productores no les están prestando. Para ellos los préstamos promedio son de dos salarios mínimos (hoy $1’378.000).

Considera que esta traba se resuelve incentivando a los agentes financieros para que les presten más a los campesinos. De hecho, Ocampo sostuvo una reunión en Asobancaria donde les expuso a los representantes de los bancos su idea de replicar un modelo similar al de Bancamía, un banco especializado en microfinanzas y que es respaldado por el BBVA.

De hecho, hoy Bancamía es la segunda entidad que más les presta a los campesinos, después del Banco Agrario. Le siguen el Banco Mundo Mujer y el WWB (Banco Mundial de la Mujer, por su sigla en inglés).

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“Los grandes bancos podrían crear una nueva entidad especializada en microfinanzas, la cual es muy diferente en términos de servicios y de manejo de riesgo a un establecimiento de crédito tradicional. Incluso el Banco Agrario podría tener una filial que se dedique solo a los sectores más pobres del agro”, reitera Ocampo.

Mientras se llega a ese punto, existe otro problema y es que muchas de las ONG y cooperativas que tienen el mejor esquema para financiar a los pequeños –usando fondos rotatorios que les dan los recursos a las asociaciones de productores, para que estas a su vez los presten a sus afiliados– no son vigilados por la Superfinanciera y, por lo tanto, no acceden al redescuento.

Recursos dirigidos

El redescuento que hace Finagro es el mecanismo del Estado para dirigir los recursos hacia los sectores que más necesitan de su ayuda. La propuesta de la Misión es que ese dinero se dé a productores de todos los tamaños y que se apoyen en el Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), un instrumento ideado por Ocampo cuando fue ministro de Agricultura.

“El problema es que el dinero asignado para el ICR es inestable y escaso. En la Misión estimamos que debería tener un presupuesto de $500.000 millones anuales, pero en los últimos años ha sido de $350.000 millones y en el presupuesto de 2017 se habla de $150.000 millones”, alerta Ocampo.

Otro tema en el que está trabajando es en seguridad social. Además de subsidio familiar, que prepara con Asocajas, la idea es buscar otros beneficios, como riesgos profesionales para los agricultores independientes y ayuda para la vejez, utilizando una mezcla del programa Colombia Mayor y los Beneficios Económicos Especiales (Beps).

“Muchas de esas cosas están en la agenda de La Habana y yo estoy colaborando para que se puedan concretar”, explica.

El diagnóstico de Ocampo también se refiere a la política de comercio exterior para el sector, la cual debe incluir estrategias para diversificar la canasta exportadora, reemplazar importaciones y mejorar la protección de algunos productos.

Piensa que la gran apuesta debe estar en maíz, debido a que es un insumo para los dos subsectores más dinámicos del campo: el avícola y el porcícola. “La idea es que se pueda promover el maíz, sin encarecerles los insumos a los sectores productivos. Las potencialidades del maíz son inmensas, pues somos grandes importadores y debemos ser capaces de producir más”, reitera.

También considera que el país tiene buenas capacidades de exportar cacao, uno de los pocos cultivos agrícolas del mundo donde no hay sobreoferta, sino suboferta, y el consumo está al alza. Además, tiene la ventaja de ser un cultivo que se puede dar en las zonas de conflicto.

Ocampo también menciona al plátano, que es un alimento que ya entró en el mercado internacional, pues se consigue en presentación de rodajas fritas en los supermercados de Estados Unidos y se consume en restaurantes. “A diferencia del banano, el plátano se produce a menor escala, lo que es una alternativa para los pequeños productores”, subraya.

Igualmente en piña ve potencial, debido a que Costa Rica, que era el líder, ya tiene una importante limitación de tierras y Colombia tiene condiciones climatológicas similares. De hecho, ya hay grandes cultivos en el Valle.

Así mismo, el aguacate Hass y el mango ofrecen oportunidades, pero ambos son productos muy competidos. A más pequeña escala, Ocampo ve ventajas en frutas exóticas como la uchuva.

En lo que respecta a la protección de productos sensibles, comenta que en pollo y arroz se está cumpliendo bien el cronograma pactado en el TLC con Estados Unidos, pero en leche cree que se necesitan periodos adicionales de protección, pues después del café, es el que tiene un mayor número de pequeños productores.

La protección de la leche no es tanto por las importaciones, pues son pocas, sino por la caída de los precios internacionales. En este tema, propone también mejorar la red de frío para los productores de leche y mejorar su capacidad de transformación a leche en polvo, así como de almacenamiento.

“Ahora estoy completamente ruralizado y creo que este es el momento para que el país también lo esté”, reitera. Ojalá la coyuntura actual sirva para desatrasar el campo.

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