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| 3/27/2019 7:30:00 PM

Así mata a los colombianos la contaminación del aire

Las nubes tóxicas sobre varias ciudades colombianas matan a miles de personas cada año y afectan la economía. En los hospitales aumentan los casos asociados a esta contaminación, mientras las medidas de las autoridades resultan insuficientes. Reportaje.

En las últimas semanas Bogotá, Medellín y Bucaramanga viven una auténtica emergencia por cuenta de la nube gris y tóxica que se cierne sobre sus habitantes. Entre sus causas se cuentan la falta de viento y sobre todo los gases provenientes de las industrias, los vehículos de carga, buses y carros particulares. ¿Cómo llegamos a este punto y qué impacto tiene para la economía?

Este lío no comenzó ahora. Los crecientes sistemas de vigilancia y control del aire, que aún resultan insuficientes, en algunas ciudades del país están sacando a la luz un problema que viene creciendo por años. Por esto, la conciencia ciudadana apenas emerge en momentos en que se conocen cifras de muertos y afectados, así como del impacto en la economía.

Varios estudios del Gobierno y de universidades confirman que la situación del aire contaminado en Colombia es tan grave como invisible.

El informe Valoración Económica por la Degradación Ambiental, elaborado por el Departamento Nacional de Planeación (DNP), concluye que la contaminación del aire mata cada año en en Colombia en promedio a 8.000 personas mayores de 44 años. “Del total, 668 están relacionadas con cáncer de pulmón y 7.362 con enfermedad cardiopulmonar”, explica el informe.

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Los costos estimados para el sistema de salud, el descenso en la productividad por cuenta de los decesos o las incapacidades laborales ascendieron a $12,3 billones, equivalentes a 1,5% del PIB de 2015, según el reporte del DNP publicado el año pasado.

Un simple filtro en los tubos de escape ayudaría a reducir las emisiones.

Así mismo, Dinero conoció un informe del Instituto Nacional de Salud (INS) publicado en 2018. Entre los hallazgos más relevantes está que 12,5% de las muertes por enfermedad cardiovascular pueden atribuirse a la calidad del aire. Pero no solo eso. El INS concluyó que $21 de cada $100 que dejan de producir a la economía las personas que mueren prematuramente tienen que ver con la exposición a los factores de riesgo ambiental.

Según el INS, Antioquia, Bogotá, Valle del Cauca y Atlántico representan el 42,9% del total de la carga económica por muertes evitables producidas por los factores de riesgo ambiental.

La academia también le tiene el ojo puesto al tema. En 2010, la Universidad de los Andes concluyó, en un estudio contratado por el Distrito, que la contaminación del aire causa 27.500 hospitalizaciones por causas respiratorias, 75.000 atenciones en salas de Enfermedad Respiratoria Aguda (ERA) y cerca de 5.500 casos en unidades de cuidados intensivos. “Adicionalmente, estaríamos bajo un escenario de 1.500 casos potencialmente evitables de mortalidad en niños”, concluye el trabajo liderado por el profesor Eduardo Behrentz, vicerrector de la Universidad de los Andes. En el caso de los adultos el estudio de los Andes calculó que se podrían evitar unas 14.000 muertes. Las medidas para reducir las emisiones –en el periodo 2010- 2020– habrían costado $1,7 billones mientras que los beneficios habrían llegado a $16 billones.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registra en sus archivos digitales que en 2016 murieron 12.668 personas en Colombia por asuntos atribuibles a la polución del aire. ¿Por qué nadie hizo nada entonces?

Muerte lenta
Cada vez que Bogotá declara una emergencia ambiental por contaminación del aire, el neumólogo Ricardo Lutz, del Hospital Universitario Méderi, respira hondo. Sabe que empezarán a llegar a su unidad más pacientes de lo habitual.

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El reconocido especialista comenta que toda esta historia se inició en 1952 en Londres, cuando en medio de un duro invierno los habitantes encendieron sus chimeneas simultáneamente. “Esa noche hubo 12.000 muertos por efectos de la contaminación, lo que llevó a instaurar las primeras leyes regulatorias”, explicó. Eso se conoce ahora como winter smog. Unos 67 años después, medio mundo enfrenta este mismo fenómeno tóxico, solo que las chimeneas no son la principal causa, sino los vehículos.

Las nubes de smog que se ven en ciudades como Bogotá, Medellín y Bucaramanga, tienen todo tipo de gases y sustancias, algunas más nocivas que otras. 

La falta de vientos en ciudades como Bogotá y Medellín lleva a que se mantenga la nube de gases.

“Las partículas menores a 2,5 micras (100 veces más delgadas que un cabello humano) son las que más afectan en la actualidad la salud”, explica Lutz. Buena parte de ese material particulado, denominado PM 2,5, proviene de las fuentes móviles, es decir, del parque automotor. Y mientras más viejos los vehículos, más partículas asesinas depositan en el ambiente. El primer problema aparece cuando este material particulado llega a los alvéolos de los pulmones, que operan en el cuerpo como puertas que permiten entrar al oxígeno (inspiración) y salir al dióxido de carbono (expiración). Al detectar estas partículas contaminadas, los pulmones empiezan a defenderse con algunas sustancias que terminan por inflamar las vías aéreas. Al pasar los años, esto produce una cicatrización o lesión en el pulmón y con ello las afecciones respiratorias.

Otro efecto nocivo del aire contaminado en el cuerpo humano es que propicia que la bacteria de la tuberculosis se active.

Según cifras consultadas por Dinero en archivos de la OMS, Colombia es el quinto país con más pacientes tuberculosos de América (cerca de 16.000). Una persona con tuberculosis puede contaminar a 7 antes de que la diagnostiquen y la traten. Así funciona: hay una célula macrófaga en el alvéolo encargada de matar a las bacterias que llegan hasta allí, Y cuando hay contaminación y la bacteria de la tuberculosis llega al pulmón, encuentra al macrófago ocupado comiendo o atacando la partícula contaminante. La bacteria aprovecha el despiste y entra al pulmón, con lo que enferma a la persona.

En Colombia, la venta de oxígeno medicinal ha aumentado en 25% cada años desde 2015.

La bacteria de la tuberculosis se transmite por vía aérea, pues al toser los bacilos pueden durar en el aire hasta 4 horas. Un ambiente cerrado, como un ascensor, un centro comercial o el transporte público son ideales para la propagación.

En el último año se ha duplicado el número de pacientes con tuberculosis, en parte por la contaminación, pero también por la llegada de venezolanos, que en muchos casos vienen con las defensas bajas.

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Según Lutz, la contaminación del aire también aumenta el riesgo de padecer infartos, debido a que estas minúsculas partículas tapan microarterias del corazón. “Los ingresos a urgencias por infarto aumentan en los momentos de mayor contaminación”, asegura el médico.

Las personas con dificultades cardiacas o respiratorias previas, malos hábitos de ejercicio o alimentación, que inhalen estos gases tóxicos del aire, terminan en urgencias antes que los demás. Por ello es muy difícil determinar con exactitud cuántos muertos deja la contaminación atmosférica.

“Pero sí sabemos que en los sitios donde empieza a registrarse mayor contaminación comienzan a aumentar las enfermedades. Al subir la contaminación ambiental, igual lo hacen los ingresos a urgencias”, dijo.

Vendedores de humo
Los políticos no tienen a la contaminación del aire entre las prioridades de su agenda. El estudio de la Universidad de los Andes hace más de 10 años definió la hoja de ruta que habría descontaminado el aire y evitado miles de muertes, pero nada pasó. Y en los últimos 36 años el país ha creado cerca de 27 normativas para atender este tipo de emergencias, según lo escrito en el Conpes 3943 de 2018. Pero la situación sigue mal.

La polución del aire le pasa factura la economía en 1,5 puntos, según datos de Planeación Nacional divulgados el año pasado.

“Las acciones no han ido al mismo ritmo de las regulaciones”, dice el vicepresidente de desarrollo sostenible de la Andi, Carlos Herrera. Aunque la industria también tiene una gran responsabilidad (produce 22% del material particulado), el directivo señala que avances en muchos sectores han permitido modernizar los sistemas de producción y las fuentes de energía.

Los dos grandes responsables de la contaminación con material particulado PM 2,5 son el transporte de carga y los buses.

Según el mismo gobierno nacional, en Bogotá 78% de la contaminación proviene de los automotores y 22% de la industria, mientras que en Medellín todos los vehículos aportan 81%.

Sin embargo, los buses (41%) y camiones (28%) son los que más contaminan, de ahí que el pico y placa para particulares (14) sirva de muy poco.

Solo 1,4% de los buses tienen baja emisión o cero. En los camiones 0,5% y en automóviles y motos 0,1%.

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TransMilenio no puede pasar de agache. Aunque en teoría solo aporta 3% de las emisiones, en Bogotá tiene un impacto mayor en la ciudadanía debido a la cantidad de personas que moviliza. Santiago Saavedra, PhD en economía de Stanford y profesor de la Universidad del Rosario, ha dedicado varios años a investigar el aire en Bogotá y últimamente viene haciendo mediciones en los buses de TransMilenio. “Hemos visto que los gases que genera el bus entran por la parte de abajo y afectan a millones de pasajeros cada día. La Secretaría de Medio Ambiente hace sus mediciones a unos 10 metros de la superficie, yo las hago donde respira la gente. En algunas estaciones hemos encontrado hasta 450 partes por millón de material particulado 2,5 cuando el tope de la OMS es de 20”, dijo el profesor.

Camiones y buses con más de 20 años contaminan más el aire.

Con los camiones la situación no es muy distinta. En ese sentido Juan Carlos Rodríguez, presidente de Colfecar, principal gremio de transportadores de carga del país, dijo que de un total de 275.000 vehículos de carga, cerca de 61.000 tienen más de 20 años.

La solución parece sencilla: renovar esos camiones y buses más modernos. Pero las medidas de chatarrización no han funcionado.

“En Colombia los carros no tienen vida útil, pueden operar el tiempo que quieran. Además, ya hay una política pública de reposición, pero hace falta autoridad para aplicarla”, dijo Herrera.

Según el Conpes 3943, los vehículos pesados con motores diésel son la mayor fuente de emisión de material particulado y exponen más a las personas debido a la altura del tubo de escape.

También se habla mucho de la calidad de los combustibles. En ese sentido hay que decir que la calidad no ha avanzado lo suficiente. Mejoró el contenido de azufre y plomo de los combustibles, pero falta trabajar para que los que salen de las refinerías no se contaminen o pierdan sus propiedades en los poliductos. En eso coinciden tanto la Andi como Colfecar.

Nuevos aires
Aunque vienen unas soluciones en camino, no parecen llegar pronto. La ministra de Transporte, Ángela María Orozco, explicó que la ley de financiamiento prevé eximir de IVA la compra de vehículos nuevos de carga de más de 10,5 toneladas, vehículos de transporte público, buses, busetas y taxis. Orozco también menciona varios artículos del Plan Nacional de Desarrollo que tramita el Congreso. En efecto, incluyen la posibilidad de que la Nación pueda financiar hasta un 70% la infraestructura para sistemas masivos de transporte. Y permitiría también comprar los buses con dineros del gobierno nacional.

El Congreso está a punto de aprobar nuevos beneficios para las personas que compren carros o buses eléctricos.

La funcionaria también habló de un proyecto de ley, al que solo le falta un debate, que incluye más incentivos para comprar vehículos eléctricos. “No tendrán pico y placa, pagarán menos impuestos de rodamiento, beneficios en revisión técnico mecánica y parqueaderos preferenciales”, dijo a Dinero.

Así mismo, junto con el Ministerio de Minas y el Ministerio de Ambiente, trabaja para actualizar las normas para importar o fabricar buses y camiones en el país. La nueva regulación llevaría a poner a circular buses y camiones con bajas emisiones o eléctricos.

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Todo esto busca mejorar la calidad del transporte público para que la gente deje el carro y se suba a los sistemas masivos o la bicicleta. Estos incentivos son positivos, pero parecen insuficientes. Según Andrés Fuse, gerente de BMW Colombia, en Alemania, donde el aire es más puro, los vehículos eléctricos no pagan impuestos por 10 años y quien se pase a ese sistema recibe un bono de 4.000 euros. En Francia, cambiar un diésel por eléctrico representa un bono de 10.000 euros y si instala un sistema de carga en la casa, obtendrá un descuento de 30% en impuesto de renta. En Alemania ya hay unas 10.000 estaciones de carga públicas, en Francia otras 8.000, una cifra similar que en China. En Colombia menos de 50 y en Bogotá no hay más de 5.

Plume Labs desarrolló Flow, un dispositivo portátil para medir la calidad del aire.

También hay que mejorar la calidad y cantidad de los sistemas de medición del aire de nuestras ciudades. En el caso de Bogotá, la Cámara de Comercio recordó que la capital solo cuenta con 13 estaciones de monitoreo fijo y una móvil “que resultan insuficientes para registrar la calidad del aire”.

Más estaciones de control permitirán un mejor seguimiento de lo que pasa en sus barrios.

Pero sobre todo, no puede pasar lo que ha sucedido tantas veces: que con la misma velocidad con que parece desvanecerse el humo tóxico de camiones, buses e industrias, se diluya también en la mente de los ciudadanos la conciencia y gravedad del problema. Es hora que la polución atmosférica salga del aire y entre con fuerza en la agenda pública.

Lo que puede hacer

1. Si es ciclista o peatón puede usar tapabocas de referencia N95, los cuales pueden filtrar las partículas más pequeñas (PM 2,5). Hay unas máscaras un poco más sofisticadas elaboradas en neopreno que pueden durar un poco más, pero cada una puede costar $70.000. Estas últimas también necesitan un filtro, un paquete de 4 cuesta otros $70.000 y duran unos 3 meses. En todo caso, es mejor que el Gobierno ordene ponerles filtros a los buses y camiones.

2. Baje a su celular aplicaciones como Plume o haga seguimiento en las páginas web de las entidades públicas sobre la calidad del aire. Si dispone de unos US$180 puede comprar en línea dispositivos portátiles que diagnostican la calidad del aire. Esto le permitirá estar menos tiempo en los sitios más contaminados.

3. Si tiene vehículo, intente andar con el vidrio cerrado. Para reducir las emisiones no acelere o frene bruscamente cuando no sea necesario.

4. Si ya presenta alguna afección respiratoria trate de no salir en los días u horas con más pico de contaminación; la aplicación le puede ayudar. Haga ejercicio periódico y consuma alimentos sanos.

5. Los ciudadanos también pueden llevar un control del aire. La aplicación Plume permite ver cómo está el aire de la ciudad. El distrito cuenta con la página www.ibocaambientebogota.gov.co, mientras que en Medellín está la página www.siata.gov.co.

6. Tenga en cuenta que la localidad de Puente Aranda (en donde se concentra gran parte de la actividad industrial de Bogotá) aporta más de 25% de las emisiones totales de PM10. Estas provienen principalmente de procesos de generación de vapor, calentamiento de agua y aceite así como de procesos de inyección, extrusión, peletizado y termoformado.

EDICIÓN 562

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