| 10/11/2018 12:01:00 AM

Agro y sector energético en alerta por Fenómeno de El Niño

El último Fenómeno de El Niño se llevó por delante 0,6 puntos del PIB. Las probabilidades de que se dé otro a finales de este año y comienzos de 2019 crecen, lo que encendió las alarmas en algunos sectores de la economía.

La experiencia del pasado Fenómeno de El Niño (2015-2016) –considerado como el más fuerte en los últimos 60 años– no fue muy grata: puso sobre la mesa el riesgo de un apagón, jugó un papel clave en el aumento de la inflación y tuvo un efecto negativo en el PIB.

Hoy, con la posibilidad de que haya un nuevo evento climático de este tipo, se abre un gran interrogante y es si Colombia está preparada para este suceso o si, por el contrario, puede convertirse en una amenaza para el crecimiento de la economía.

Según el Ideam, hay una probabilidad entre 60% y 70% de que el fenómeno se presente a finales del año y comienzos de 2019, situación que preocupa en un contexto de bajo crecimiento económico y un escenario externo amenazante.

La inflación, por ejemplo, que desde 2016 viene controlada en el rango meta –que es de 3% a 4%–, podría verse afectada por dos factores que pesan mucho en su conformación: alimentos y servicios (en especial, el costo de la energía), que a su vez tienen dificultades propias incorporadas.

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La incidencia es tal que en el fenómeno pasado se presentó un aumento atípico en los precios de los alimentos. Al respecto, el presidente de la Bolsa Mercantil de Colombia, Rafael Mejía, explica que la escasez de agua y las altas temperaturas afectaron la gran mayoría de actividades agrícolas, lo que influyó en una inflación de alimentos de 10,85% ese año.

Las categorías más afectadas fueron: hortalizas, legumbres, cereales, frutas, tubérculos y plátano, al ser, en su mayoría, cultivos de ciclo corto. En el sector pecuario, especialmente, se afectó el precio de la carne y la leche, debido al impacto de estas condiciones por la ausencia de pasturas.

El decano de Economía de la Universidad Externado de Colombia, Julíán Arévalo, agrega que, en general, en presencia de El Niño los precios de los alimentos tienden a aumentar, generando presiones inflacionarias transitorias, sobre todo en el caso de las cotizaciones de los alimentos perecederos.

Al aumento de la inflación se suma la afectación del PIB, dado que, con el fenómeno, los aportes del sector agrícola merman y el consumo agregado tiende a ser menor por el aumento generalizado de los precios agrícolas.

En 2015, la disminución de las lluvias tuvo un impacto en la producción, que cayó 0,17%. Los sectores más afectados fueron el agropecuario, que consume 55% del agua en Colombia, y el energético, que usa 21,5 % del recurso hídrico y que registró un aumento de 4,5% en materia de tarifas.

En general, según explica Arévalo, la economía colombiana hubiese crecido ese año 3,7%, en vez de 3,1%, si no se hubiese presentado el fenómeno, que coincide con los datos del DNP que indican que si en 2015 no hubiera tenido lugar ese evento climático el PIB del país hubiese sido 0,6% más alto.

Efecto directo

Arévalo destaca un reporte del Banco de la República, según el cual los mayores daños económicos generados por El Niño suelen presentarse en el sector agropecuario, con caídas significativas en la productividad.

De hecho, de acuerdo con cálculos realizados por el Ministerio de Agricultura, la presencia de un fenómeno de este tipo se traduce en una reducción cercana a 5% en el rendimiento agrícola. El impacto es ligeramente mayor en los cultivos permanentes (5,5%) que en los transitorios (4,4%).

En anteriores eventos de El Niño, por ejemplo, las personas cuyo sustento depende de la pesca se vieron afectadas en algunas áreas, gracias a la disminución de los niveles y los caudales de los ríos, o cambios en la temperatura del agua, que llevan a los peces a buscar corrientes más frías.

Así mismo, el aumento de la temperatura crea espacios propicios para que haya un incremento de las plagas en determinados productos agrícolas, de los cuales los más susceptibles son: maíz, arroz, trigo, café, y papa. La falta de resiliencia de estos productos hace que los departamentos productores sean más afectados económicamente a la llegada de dicho fenómeno.

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Adicionalmente –explica Arévalo– por falta de agua hay un aumento en el costo del riego y una disminución de este, lo que hace que el terreno se seque rápidamente, generando que las cosechas se atrofien y no produzcan lo que deben producir. Esta situación puede poner en riesgo las inversiones y convertir la actividad en un negocio inviable financieramente.

En lo que respecta a la producción de carnes, dice el decano, hay un daño grave relacionado con la muerte de cabezas de ganado, gracias a que las altas temperaturas conllevan a un déficit de pastos, mientras la ausencia de agua impide llenar los reservorios.

En el sector energético los efectos también son representativos. Arévalo explica que el elevado peso del componente hidráulico en la canasta de generación (70,35% según informe de la UPME – 2016) hacen visible que la seguridad en el suministro de energía eléctrica está fuertemente relacionada con la capacidad de los embalses y la disponibilidad de agua para poderlos llenar. Esta situación conlleva a que el sistema energético colombiano pueda verse amenazado ante Fenómenos del Niño muy intensos.

En materia de efecto en las tarifas, según datos de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), en el fenómeno pasado se pudo apreciar que durante un período cercano a los seis meses, comprendidos entre octubre de 2015 y marzo de 2016, cuando los niveles de aportes de hidrología fueron significativamente menores al promedio, los precios en bolsa estuvieron con cotizaciones altas por encima de lo que se presenta en condiciones normales, destacándose que en el mes de octubre de 2015 se tuvieron los mayores valores, alcanzando los $1.900/kWh.

Pero la entidad aclara que la demanda que compró en bolsa la energía no pagaba dichos valores, sino el precio de escasez (PE) –aproximadamente $300/kWh– de acuerdo con los compromisos que se tienen en el cargo por confiabilidad. Los precios plenos de bolsa, eran asumidos por los generadores con obligaciones de energía firme que tuvieran desviaciones de sus obligaciones.

El riesgo

Después de analizar los efectos que tuvo el pasado Fenómeno de El Niño en inflación, agro y energía, vale la pena analizar el riesgo que representa hoy la ocurrencia de este evento climático.

Para el caso del sector energético, se preveía que Hidroituango comenzaría a funcionar este año, no obstante, la emergencia que registró impidió su entrada en operación en diciembre próximo. En un escenario de gran intensidad de un Fenómeno del Niño, la pregunta es si el país tendría las suficientes reservas de agua para enfrentarlo.

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En el pasado fenómeno, recuerda Arévalo, se importó energía eléctrica desde países vecinos para cubrir la demanda energética, tal como ocurrió en 2015, cuando el país pagó US$37,6 millones para importar energía eléctrica desde Ecuador.

En cuanto al efecto en los precios de la energía –sostiene– desde agosto de 2018 el mercado colombiano comenzó a tener síntomas de una subida en las cotizaciones y en el caso de materializarse El Niño, los distribuidores que no tengan contratos directos podrían terminar pagando un mayor precio por la energía durante ese periodo.

Agrega que normalmente las industrias que no usan las coberturas de energía para las épocas secas suelen ser las más afectadas con el aumento de precios, “una firma como Electricaribe también puede sentir el impacto y tendría que subir las tarifas que cobre en la temporada seca, según el grado de exposición a bolsa que tenga”.

Sin embargo, otro escenario (menos pesimista) contempla que inicialmente no habría preocupación por un aumento de tarifas, ya que un gran porcentaje de la energía tiene contratos y un porcentaje muy bajo iría a bolsa.

Foto: La seguridad en el suministro de energía eléctrica está fuertemente relacionada con la capacidad de los embalses.

Alejandro Castañeda, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), sostiene que, en efecto, tranquiliza el hecho de que entre 80% y 85% del total de energía para ese periodo (diciembre 2018- marzo 2019) está contratada.

No obstante, el director de Andeg explica que hay que mirar qué tanto de esa energía contratada tiene algo de exposición a bolsa o no. Al respecto, señala que de ese 85%, aproximadamente 10% puede tener algo de exposición.

En cuanto al efecto inflacionario que pueda tener el fenómeno, explica que este se puede presentar, siempre y cuando los precios de bolsa suban y esto depende mucho de qué tanta hidrología se va a tener en ese momento.

Agrega que a diferencia del pasado evento climático, hoy hay un manejo más responsable de parte del agente hidráulico y hay unas reservas de agua del 79%, frente a 2015, cuando este porcentaje era de 62%.

A pesar de esto, no hay que bajar la guardia, ya que entre 2020 y 2022 –cuando puede llegar otro Niño– los contratos se han vencido, a lo que se suma la no entrada de energía de Hidroituango y de los proyectos nuevos de subastas de energía.

Juan Carlos Téllez, de Derivex, administradora del mercado de derivados de commodities energéticos, considera que, sin duda, el aumento de las probabilidades de un Fenómeno del Niño hace que aumente, a su vez, el costo de la energía eléctrica y que las expectativas que tiene el mercado eléctrico a futuro sean, en efecto, de un costo mayor del servicio.

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“En la medida en que haya más noticias sobre Fenómenos del Niño o eventos tan relevantes como el de Hidroituango, eso tendrá un impacto en los precios futuros”, explica.

Lecciones aprendidas

Para Ángela Montoya, presidente de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), sin duda en 2015-2016 Colombia vivió el Fenómeno del Niño más severo de la historia, porque se conjugaron dos elementos –que parecen no estar presentes en el fenómeno que se avecina– y es su prolongación en el tiempo (se extendió por más de 12 meses) y la severidad del mismo, con embalses que llegaban a 20% de su capacidad.

Hoy, la situación es distinta –expresa Montoya– ya que hay la suficiente capacidad para atender la demanda en el servicio y no hay temores de racionamientos ni apagones, gracias a que los niveles de los embalses no están tan bajos, el precio de escasez ya está ajustado ($600 Kwh), las térmicas están listas para enfrentar el evento climático y, al parecer, el fenómeno no será tan extenso en el tiempo.

El sector agropecuario también se está preparando para que El Niño no lo coja fuera de base. De acuerdo con Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), los productores ya están tomando las medidas necesarias en función de la capacidad económica, infraestructura y recursos disponibles. Sin embargo, hay un poco de incertidumbre debido a que no se sabe qué tan profundo o fuerte puede llegar a ser el fenómeno.

Explica que, en general, los campesinos están adelantando buenas prácticas en lo que tiene que ver, por ejemplo, con tanques de almacenamiento de agua y control de temperatura, entre otras medidas para mitigar el riesgo.

Sostiene que, en efecto, el Fenómeno de El Niño es una clara amenaza para muchos sectores de la producción, tales como el pecuario y algunos correspondientes a cultivos de ciclo corto, principalmente, y que en este sentido es preocupante que el seguro agropecuario, herramienta que permite la gestión del riesgo en el sector por parte de los productores, no es suficiente, toda vez que, mientras Finagro solicitó $70.000 millones para este efecto, el Gobierno solo asignó $4.000 millones para este instrumento.

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“Es clave contar con coberturas que aseguren las cosechas de los productores y que el seguro se vea no como un tema coyuntural, sino como un asunto estructural”, puntualiza.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que el Fenómeno de El Niño ya es prácticamente un hecho, lo importante es que, tanto el agro como el sector energético se preparen y que Colombia no vuelva a vivir la experiencia del pasado.

Peligro para otros sectores

El Fenómeno de El Niño no solamente puede golpear al agro y al sector energético, el transporte también se puede ver afectado por la desestabilización de laderas y sobre todo por los bajos niveles de los ríos.

Adicionalmente, el sector salud se afecta si se tiene en cuenta que las condiciones climáticas favorecen en algunos lugares del país el incremento de casos de enfermedades transmitidas por vectores en la población.

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