| 2/15/2018 12:01:00 AM

La demanda de crédito va lenta, ¿cómo activarla?

El repunte esperado de la economía en 2018 estimulará la demanda de crédito. ¿Qué se requiere para lograrlo?

El año pasado la expansión del crédito en Colombia casi se congeló, como ocurre cuando la actividad económica se estanca, que fue la tendencia que tuvo en el país.

Con cifras a noviembre, el saldo total del crédito aumentó 1,6% anual en términos reales, al mismo ritmo que lo hizo en 2016 (1,8%), con una dinámica semejante a la del crecimiento del PIB en los dos últimos años (2% y 1,7%, según el pronóstico promedio de los analistas).

Por tal motivo, la profundidad del crédito al sector privado –su saldo respecto del tamaño de la economía– permaneció en 48% del PIB, que es la misma proporción que tiene desde 2015 y la que corresponde al desarrollo económico del país, aproximado por su ingreso por habitante.

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Como ocurrió en las economías emergentes (donde aumentó 41 puntos del PIB), esa profundidad se incrementó en el país de manera muy dinámica (en 17 puntos del PIB) desde 2008, gracias al aumento del ingreso por habitante y a la abundante liquidez prevaleciente en los mercados financieros internacionales, que se canalizó hacia esas economías y permitió un relajamiento de sus posturas monetarias, el cual favoreció el endeudamiento.

Después de un desborde moderado en 2015, cuando sobrepasó en un punto del PIB su tendencia de largo plazo, el crédito total en el país se frenó desde 2016, sobre todo por la contracción de la modalidad comercial, que comenzó a mediados de ese año y se prolongó a lo largo de 2017 (al -1,8% anual). El descenso de los préstamos a las empresas se debió a la caída de la inversión en el primer año y a su estancamiento en el segundo, como consecuencia del estrechamiento de la postura monetaria y del deterioro de la confianza de los empresarios durante estas dos vigencias.

Para realinear las expectativas inflacionarias, desancladas por el desborde de la inflación desde 2015, y ajustar la expansión de la demanda interna al incremento menos dinámico del ingreso nacional, como efecto del descenso de los precios del petróleo, el Emisor elevó su tasa de interés de intervención en 450 puntos básicos entre abril de 2014 y agosto de 2016. Esa subida se transmitió casi en su totalidad a la tasa de interés del crédito comercial en ese periodo y frenó el auge que tuvo en 2015.

La desaceleración de los préstamos de consumo y vivienda también contribuyó a ralentizar el crédito total en 2016, pero su leve repunte en 2017 (a 6,2% y 6,8% real anual) ayudó a sostener la magra expansión del total.

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En el caso del crédito de consumo, la transmisión del incremento de la tasa de interés de la política monetaria fue de una menor proporción (cerca de 200 puntos básicos) que en la modalidad comercial, porque muchos de los préstamos son a tasa fija y de mediano plazo. Quizá por eso la dinámica de los préstamos de consumo se resintió menos.

A diferencia del crédito comercial, el de consumo aumentó de acuerdo con su tendencia de largo plazo desde 2011, sin amenazas de desborde. Sin embargo, Anif ha planteado la inquietud de que parte de esa dinámica durante el año pasado se debe a la refinanciación de los créditos de consumo, más que al otorgamiento de nuevos préstamos.

De acuerdo con los resultados de la última encuesta de la situación del crédito del Banco de la República, los intermediarios reportaron el año pasado disminuciones en la demanda en las modalidades de vivienda, comercial y microcrédito, mientras que en la de consumo observaron estabilidad.

Foto: Santiago Castro, presidente de Asobancaria / Jorge Castaño, superintendente Financiero.

Como ocurre en las fases de estancamiento de la economía, el riesgo de crédito –la posibilidad de incurrir en una pérdida por el incumplimiento de una obligación– aumentó, porque el saldo de los préstamos en mora y en riesgo se incrementó más rápido (32% y 26,1% real anual) que el total (1,6% real anual). Por esa razón, la calidad de la cartera total por mora –la vencida como proporción de la total– desmejoró de 3,5% a 4,5% en el transcurso del último año, mientras que la de la cartera en riesgo lo hizo de 8% a 9,9%. La desmejora de la calidad de la cartera ocurrió en todas sus modalidades, pero en especial en la comercial (donde la tasa de mora aumentó de 2,6% a 3,9% en el año), porque los préstamos vencidos de las empresas aumentan de una manera acelerada (44,6% real anual), mientras el saldo del crédito decrece (-1,8% real anual). Sin embargo, la mitigación del riesgo de crédito total que hacen los establecimientos que lo otorgan luce adecuada, gracias a una cobertura holgada de los préstamos en mora (126%), por medio de las provisiones, a pesar de la disminución del indicador de cubrimiento respecto de 2016 (139%).

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Además, el mayor riesgo de crédito condujo a los establecimientos a ser más cuidadosos en el otorgamiento de los préstamos. Por esta razón, la oferta de crédito bajó en el último trimestre de 2017 en todas las modalidades, menos en la de vivienda. Por prudencia, la mayoría de las instituciones planea mantener las exigencias en el primer trimestre de este año.

No obstante, los intermediarios manifiestan estar en condiciones de atender un incremento de la demanda de préstamos que ocurriera como efecto de una aceleración de la actividad económica.

La tendencia convergente de la inflación hacia la meta, la realineación de las expectativas y la menor vulnerabilidad de la economía a los choques externos le permitieron al Emisor recortar su tasa de interés en 350 pb desde diciembre de 2016, para adoptar una postura más estimulante. Esa reducción se ha transmitido en su totalidad a las tasas de interés de los préstamos comerciales, pero menos a los de consumo (100 pb), por sus particularidades de plazo, tasa fija y mayor riesgo.

Para 2018 se prevé un repunte del crecimiento (a 2,7%), por los mejores términos de intercambio y unas demandas externa e interna más dinámicas, que estimularán la demanda de crédito. Para ello se requiere, sin embargo, mejorar la confianza de los consumidores y los empresarios e incrementar la transmisión de la política monetaria a los créditos de consumo, de manera que alivie la pesada carga financiera de los hogares, contraída durante el auge.

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