| 6/18/2019 11:01:00 AM

Colombia: ¡bloqueada otra vez!

Se repite la historia de 2011 cuando el fuerte y prolongado invierno acabó con algunas de las más importantes vías del país. Pero ojo, no toda la culpa es del cambio climático.

En 2011 el país se estaba derritiendo o mejor desmoronando como consecuencia de un invierno que se prolongó más de lo previsto y que tuvo registros históricos en cuanto a caída de agua lluvia. En una tramo de la vía Bogotá - Honda se perdió casi un kilómetro de bancada, una situación que se repitió casi en todas las regiones del país.

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En ese entonces, el presidente de turno, Juan Manuel Santos le achacaba buena parte de la culpa a ‘la maldita niña’, es decir, al fenómeno meteorológico que nace en el océano Pacífico que deriva en mayores precipitaciones en el caso colombiano.

En ese entonces sí se declaró la emergencia económica, social y ecológica, debido al impacto que estaba causando en millones de personas. No solo se trataba de cierres viales y derrumbes, las inundaciones de pueblos y regiones completas agudizaron la situación del campo colombiano. En 2011 el balance era de 182 personas muertas y 964.165 damnificados. Y un país afectado por los efectos del clima y fallas en la construcción de vías y canales de contención. Incluso, se crearon fondos especiales para atender la situación en el corto y largo plazo. Estas entidades sacaron adelante proyectos clave como el jarillón que protege Cali, el megapuente que comunica Mompox y Magangué, obras importantes que han tenido un impacto positivo. Sin embargo, con estos mismos fondos se construyó el puente Hisgaura, un símbolo de mala planeación e ineficiencia. Pues ni siquiera se destinaron recursos para terminar la vía Curos - Málaga, una verdadera trocha que hace unos años recorrió un equipo de la Revista Dinero.

Ocho años más tarde una situación muy parecida se vive en el país. Vías cerradas por enormes derrumbes, deforestación expansiva que afecta la vías, falta de información y política efectiva de protección de los taludes de los gobiernos locales y nacional y un gran común denominador: millones de colombianos afectados.

El caso más grave es el cierre definitivo que inició el 9 de junio de la vía Bogotá - Villavicencio. No solo por el tamaño del derrumbe que provocó el cierre, sino por la afectación económica a dos regiones clave para el país. La ministra de Transporte, Ángela María Orozco, ha tratado, como en su momento lo hizo el titular de esa Cartera, Germán Cardona, de sortear la situación de la mejor manera.

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Sin embargo, ni en 2011 ni en 2019 se han tomado las decisiones que necesita uno de los países con mayor pluviosidad del mundo. Así como - en teoría- no se puede construir en un área adyacente a un río, lo mismo sucede con una vía o carretera que se hace en montaña. Las vías se parecen cada vez  más a seres vivos. Eso quiere decir que su entorno es determinante para su estado y resiliencia. Lo vimos con el daño que un lavadero de carros causó en un sector de la vía Bogotá - Medellín. Este socavón informal puso en vilo la comunicación terrestre de las dos principales ciudades del país.

En la vía Bogotá - Villavicencio se le achaca la culpa a un galpón de pollos que habría cambiado los flujos naturales de agua lo que estaría llevando a un desmoronamiento progresivo de la montaña, a la altura del kilómetro 58. En resumen, dos de las vías más importantes del país en vilo por un galpón de pollos y un lavadero de carros.

Las tragedias siguen su curso. El pasado 11 de junio en una vía entre Pereira y Marsella (Risaralda), un alud dejó 5 vehículos atrapados con un saldo de dos muertos.

Por lluvias y derrumbes, también ha tenido cierres este mes el paso vehicular por el puente helicoidal (premio nacional de ingeniería) de la Autopista del Café que comunica a los departamentos de Caldas y Antioquia.

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El pasado 2 de mayo también se presentó un grave daño en la vía Buga - Buenaventura, a la altura del Lago Calima, debido a una falla geológica de la zona.

Al menos otra decena de vías han presentado cierres parciales o indefinidos en los dos últimos meses. Por ejemplo, Tunja - Ramiriquí, Guateque - El Secreto, que además es la vía habilitada para el tráfico que va a los Llanos Orientales, Pamplona - Saravena, Florencia- Puerto Rico y Popayán - Pasto, todas por pérdida de banca. En total, unas 30 carreteras presentan este tipo de condiciones por estos días.

En un país montañoso y muy lluvioso es muy probable que se sigan presentando estas emergencias, pero vale la pena preguntarse si estamos haciendo lo suficiente como país para reducir los riesgos, mejorar la ingeniería y prever las consecuencias del cambio climático. Al parecer, estamos a medio camino.

EDICIÓN 562

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