| 9/14/2017 12:01:00 AM

Recortar el gasto o abolir la regla fiscal: esa es la cuestión

La penuria del Estado colombiano y el estancamiento de la economía sugieren que es necesario recortar el gasto público o abolir la regla fiscal. ¿Esas son las soluciones óptimas?

Comparado con los estándares internacionales, el tamaño del Estado en Colombia no parece exagerado. El gasto del gobierno en general –que incluye los niveles nacional, departamental y local, junto con la seguridad social– está cerca de 30% del PIB. Esta magnitud corresponde a la que debería tener de acuerdo con su desarrollo económico, aproximado por su ingreso por habitante.

Por tanto, disminuir el gasto público no es la solución óptima para garantizar la sostenibilidad de las finanzas del Estado, en un país de ingreso medio alto, en el cual la brecha entre el bienestar de su población y el que disfruta la de los países de ingreso alto es considerable.

En estas condiciones, para salvaguardar la solvencia pública es preferible incrementar los ingresos gubernamentales pero orientar el gasto público para cumplir de manera eficaz y eficiente las obligaciones del Estado.

La literatura económica le atribuye las obligaciones de velar por una asignación eficiente de los recursos, procurar una distribución equitativa del ingreso y salvaguardar la estabilidad macroeconómica.

También debe proveer los bienes y los servicios públicos que le asignan la Constitución y la Ley.

Recomendado: Fitch duda que se cumpla la Regla Fiscal en 2019

La función que mejor desempeñó el Estado colombiano en los últimos tres lustros fue salvaguardar la estabilidad macroeconómica y financiera. Para lograrlo, instauró un sistema de banca central independiente, con un esquema de inflación objetivo y un régimen de tasa de cambio flexible (con flotación administrada).

Con base en ellos logró mantener una inflación baja y estable, junto con un dinámico crecimiento económico durante un largo periodo.

Colombia también adoptó una regulación y una supervisión financieras que se aproximan a los estándares internacionales. Gracias a ellas, promueve la mitigación de los riesgos en que incurren los intermediarios por la naturaleza de su actividad y preserva la estabilidad financiera.

Estas capacidades se fortalecerán con la entrada en vigencia de la ley que da poder a la Supefinanciera para vigilar a los conglomerados. Por último, el país modernizó su programación fiscal al extenderla sobre un horizonte decenal, introdujo en la Constitución el principio de sostenibilidad fiscal y adoptó una regla fiscal. Con estos instrumentos salvaguarda la solvencia del Estado.

Foto: A pesar de un notable progreso en la cobertura de los bienes y los servicios públicos, su calidad deficiente limita todavía el incremento de la productividad y la capacidad de crecimiento de la economía.

Este esquema de política le otorga a la economía colombiana una resiliencia mayor que las de otras de la región, lo que le permitió absorber de manera menos traumática el choque adverso de los términos de intercambio.

Por eso se abre la controversia con quienes plantean abolir la regla fiscal con el argumento de que la coyuntura actual impide financiar una expansión del gasto público con un mayor endeudamiento, cuando es justo para evitarlo que se adoptó.

Debido a su baja propensión al ahorro, para lograr altas tasas de inversión, la economía colombiana necesita atraer capital extranjero. Para conseguirlo requiere preservar la confianza de los inversionistas. La regla fiscal es un instrumento que facilita esta tarea. Al cumplirla, las autoridades conservan el grado de inversión de la deuda pública y un bajo riesgo soberano, que son vitales para asegurar un flujo adecuado de inversión extranjera a unas tasas de interés moderadas.

Lea también: Gerente Echavarría ve "difícil" cumplir la Regla Fiscal a futuro

Un interrogante que vale la pena plantear es por qué la regla fiscal no obligó al Estado a generar ahorro público durante el auge. Con ello hubiera podido moderar la apreciación de la tasa de cambio y aumentar su capacidad de gasto para sostener la demanda en la desaceleración.

En el caso de que esa omisión fuera culpa del diseño de la regla fiscal, habría que enmendarla, en lugar de eliminarla. La tendencia hacia el estancamiento en la coyuntura actual no es debida a la regla fiscal.

Por el contrario, es la consecuencia de la ineficacia del Estado para lograr que la economía asigne de manera eficiente sus recursos, que el ingreso se distribuya de manera más equitativa, que la provisión de los bienes y los servicios públicos satisfaga la demanda y que sean de óptima calidad.

El funcionamiento ineficiente de los mercados, debido en buena parte a una inadecuada intervención estatal, impide una asignación óptima de los factores y su movilidad hacia los sectores más competitivos. Esa intervención altera la formación de sus precios, por ejemplo, con un salario mínimo legal alto (86% de la remuneración promedio), las contribuciones sobre la nómina (50% del salario), los topes a las tasas de interés (usura, vivienda y crédito agropecuario) e inversiones forzosas del sistema bancario para el sector agropecuario.

En estas condiciones, la remuneración de los factores no se realiza de acuerdo con su productividad, de modo que no se pueden utilizar con mayor intensidad de una manera rentable. Eso limita la capacidad de crecimiento y crea mercados informales, que frenan el incremento de la productividad.

La baja participación en las cadenas globales de valor y el aislamiento de la competencia internacional en algunos sectores, por la dispersión del arancel y los obstáculos no arancelarios, no estimulan la adopción de tecnología moderna, lo cual tampoco acelera la productividad.

Esta aumenta de una manera lenta, además, por una ineficiente provisión de los bienes y los servicios públicos. La insuficiencia y mala calidad de la infraestructura vial generan onerosos costos de transporte. El exceso de regulación y la ineficiencia del sistema judicial encarecen la operación de las firmas. La mala calidad de la educación pública dificulta la acumulación de capital humano y restringe el aumento de la productividad laboral, al tiempo que dificulta aumentar la remuneración del trabajo y disminuir la inequidad.

La baja inversión en investigación y desarrollo (0,2% del PIB), junto con la débil vinculación entre las empresas y las instituciones dedicadas a la investigación, no generan una dinámica de innovación que acelere la productividad.

Puede interesarle: Al Banco de la República le cuesta creer las previsiones del Gobierno

La estructura de los ingresos y los gastos del Estado no mejora la distribución del ingreso. La tributación se apoya demasiado en el impuesto de renta sobre las firmas y el IVA, al tiempo que no tiene un impuesto de renta muy progresivo para las personas naturales. Algunas contribuciones sobre la nómina de las empresas –por ejemplo, las destinadas a las cajas de compensación familiar– encaren el trabajo e incentivan la informalidad. Gran parte de los subsidios del gasto público –sobre todo los de las pensiones– benefician a los ciudadanos de ingresos altos y medios, por lo cual son regresivos.

De tal manera, la ineficacia del Estado en la provisión de los bienes y los servicios públicos, junto con el exceso de intervención en la economía y su incapacidad para redestribuir el ingreso, han restado dinamismo al desarrollo económico y social del país.

Por tanto, en lugar de eliminar la regla fiscal, se debe mejorar la estructura de los ingresos y reorientar el gasto público para reducir la inequidad, elevar la provisión y calidad de los bienes y los servicios públicos, mejorar la competitividad de la economía, aumentar su productividad y favorecer su expansión.

Recomendado: ¿Qué tan bien está el balance fiscal del país?

EDICIÓN 543

PORTADA

Hidroituango: ¡Cuánto nos va a costar!

Este proyecto no solo puede convertirse en la peor tragedia del país. En materia económica están en riesgo más de los $9 billones invertidos hasta ahora. Estas son las cuentas.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en DINERO Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 543

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.