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| 5/2/2019 3:01:00 PM

Sindicatos deben renovarse

La estigmatización, la violencia y los contratos de prestación de servicios tienen frenado al sindicalismo en el país. ¿Qué viene?

Música protesta de fondo. Gritos de "¡Presente, presente, presente!" se combinan con otros de rechazo ante las políticas estatales, rematados con un "¡abajo, abajo, abajo!". Esas arengas se repiten, año tras año, cada primero de mayo en las marchas del día del trabajo.

Los marchantes, cada vez menos, hacen reclamos válidos y necesarios. Pero no parecen haber cambiado desde la década de los 60 (en las marchas de 2017 y 2018 había personas portando la bandera de la desaparecida Unión Soviética).

Julio Roberto Gómez, presidente la Confederación General del Trabajo CGT, admite con humor "que los que marchan son los mismos, pero cada vez más poquitos". Acepta que no han cambiado sus reclamos, simplemente porque no han logrado que los sucesivos gobiernos acepten sus propuestas. No solo piden más empleos, sino que sean de calidad.

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Acepta que el sindicalismo requiere relevo generacional y cambio en muchas de sus políticas. En efecto, en vez de mostrar las ventajas que ofrecen como movimiento social, los estigmatizan más. "Es horroroso que entidades como el Inpec tengan 80 sindicatos o algunas gobernaciones lleguen a 54", precisa.

Diagnóstico

Iván Jaramillo, profesor de derecho laboral de la Universidad del Rosario, sostiene que las estadísticas muestran un aumento del número de sindicatos. Pero que esto no ha implicado que haya más trabajadores agremiados.

Las cifras del Observatorio Laboral del Rosario y de la Escuela Sindical muestran que el país pasó de 5.449 sindicatos en 2016 a 5.523 en 2017, pero el porcentaje de trabajadores afiliados se mantuvo en 4,6%. Eso equivale a cerca de un millón de personas, muy poco, si se tiene en cuenta que hay 22 millones de trabajadores.

Los tratados de libre comercio (TLC) que firmó el país, en especial con Estados Unidos, así como el reciente ingreso a la Ocde, demandan que el país cumpla las exigencias de la Organización Internacional del Trabajo en cuanto a garantizar libertad de asociación y de negociación, así como el derecho a huelga.

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Muchos empresarios temían que esto multiplicara los sindicalistas, pero eso no ha ocurrido. Por ahora, el país ha cumplido sus compromisos de los TLC promulgando normas que no se cumplen.

"Se sabe que debe haber jueces laborales, pero no hay una real defensa de la libertad sindical. No ha habido ninguna condena al respecto y, por eso, Colombia es uno de los peores países para trabajar en función de su libertad sindical, según el Índice Global de los derechos 2018 de la Confederación Sindical Internacional", reitera Jaramillo y recuerda la elevada impunidad con más de 3.000 sindicalistas muertos desde 1986.

Mercado laboral

La violencia contra los sindicalistas impide que muchos trabajadores se quieran afiliar. Pero a ella también se suma la fuerte estigmatización contra quienes pertenecen al movimiento sindical, a quienes en todas partes del mundo asocian con la izquierda. En Colombia la percepción empeora, pues a esa tendencia se le acusa de una relación non sancta con grupos insurgentes.

Esto explica por qué en otras economías latinoamericanas, como las de Brasil, Argentina y México, las tasas de sindicalización superan 17%.

Juan Nicolás Garzón, profesor de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, considera que otro de los frenos importantes para el sindicalismo está en la alta informalidad. Esta hace que muchos trabajadores no puedan unirse a un sindicato, pues ni siquiera cuentan con un empleo que les garantice sus prestaciones sociales.

En eso coincide Gómez y agrega que no solo es la informalidad, sino también los contratos de prestación de servicios y la tercerización laboral. "Muchos trabajadores quisieran afiliarse, pero ¿cómo lo van a hacer si corren el riesgo de que no les renueven el contrato? Y en ese aspecto el mal ejemplo comienza por el Estado, el que tiene más empleados por prestación de servicios", asevera Gómez.

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A esto se suma otro problema: el crecimiento de contratos sindicales, promovidos por las mismas empresas. Aunque son buenos en su forma original, se han convertido en un método de tercerización laboral. En efecto, las empresas los usan para no contratar directamente a los empleados sino por medio del sindicato, saltándose las prohibiciones al respecto.

Mientras en 2015 había 1.975 contratos sindicales registrados, solo había 387 convenciones colectivas (acuerdo del empleador con el sindicato) y 224 pactos colectivos (acuerdos del empleador con trabajadores no sindicalizados).

Un panorama desafiante para el movimiento sindical, clave en el desarrollo de las democracias.

Negociación por sectores

En los países desarrollados, en especial los escandinavos, las tasas de sindicalización superan 70% de los trabajadores, lo que demuestra su utilidad para redistribuir la riqueza. En Colombia, para muchos los sindicalistas no son más que unos ‘tira piedra‘ que entorpecen el buen funcionamiento de las empresas, cuando deberían ser los más interesados en promover el buen desempeño empresarial.

Para algunos expertos se requiere que el sindicalismo evidencie sus conquistas, más allá de particiápar en la negociación del salario mínimo. Esto además en un contexto de un nuevo sujeto político en el país, que está mucho más proclive a las protestas y a demandar mejoras en las condiciones sociales. Otra propuesta consiste en que las negociaciones laborales no se hagan empresa por empresa, sino por industrias, lo que facilita el proceso y motivaría a más compañías a tener sindicatos, pues no sentirían en desventaja frente a sus competidores. Actualmente negocian de esta manera para los 1,2 millones de trabajadores estatales.

EDICIÓN 562

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