Opinión

  • | 2018/07/19 00:01

    Una guerra en dos frentes

    La corrupción y la falta de calidad de la educación pública deberían ser el principal reto del país.

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Vienen decisiones estratégicas. La primera legislatura es la única que le otorga al Presidente cierto margen de acción. Los ministros anunciados hasta el momento son excelentes profesionales, pero más importante aún son buenos seres humanos. Ellos sin duda tienen el conocimiento y experiencia para poder cambiar las cosas.

El modelo de gobernabilidad entregando los cargos directivos de las entidades más necesarias del país a los políticos de la coalición de turno, complementando el clientelismo con partidas presupuestales direccionadas a los municipios o departamentos de interés del político, y allí tolerar que la contratación de esos recursos se manipule para que los proyectos queden en manos de los contratistas amigos, es una forma de operar que ya tiene hastiado al electorado. En estas elecciones el grito de cambio ascendió a 8 millones, si no se hace bien la tarea esto solo va a crecer.

La forma en que operan nuestros gobernantes requiere de una urgente reforma, no de la revolución que algunos invocarán y que triunfó en México. Reformar siempre es más difícil que invocar los espíritus mágicos del populismo. Por esto, si queremos de verdad ver los cambios que nos alejen del populismo a todos nos toca colaborar. Los políticos reacios a algún cambio, los contratistas legos en el sistema actual y los beneficiarios de rentas son formidables opositores. Solo si decididamente apoyamos al gobierno y a la vez entre todos construimos alguna nueva forma de operar de la política, las reformas urgentes van a ser efectivas. Por esto, antes que criticar y pasar por el patíbulo de los medios a los políticos, hay que darles una salida digna y atender y entender su interés de ser reelegidos. Hay que ser realista y reconocer que en las regiones hacen falta muchas oportunidades, la gente necesita ganarse la vida y atender las necesidades básicas de sus familias. Los políticos arbitran esas necesidades repartiendo los cargos públicos de las entidades nacionales y apoyando a contratistas amigos (o familiares) que emplean su gente y financian sus campañas.

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El problema es que la incompetencia, ignorancia y oportunismo que este sistema fomenta ha llegado a tal nivel que ya muchas entidades públicas sirven para muy poco y estorban mucho: la corrupción nos tiene arterioscleróticos. Por esto la urgencia que muchos tenemos de que el nuevo gobierno gestione y gerencie buenas reformas. Por ejemplo: la clase empresarial espera que se continúe invirtiendo en mejorar la competitividad y a la vez se apruebe una importante reducción en el impuesto a la renta.

Esto justo cuando el recaudo de impuestos ya va a ser insuficiente, por la reducción que ya estaba legislada, la deuda está en nivel récord y el déficit fiscal tiene que disminuirse. Cuadratura del círculo que se hace aún más difícil ante la inminente necesidad de una reforma pensional de un sistema público plagado de subsidios para los que más tienen y un sistema privado muy rentable que no toma riesgos. Su reforma es indispensable para la estabilidad fiscal de mediano plazo y por ende para evitar una baja en la calificación de la deuda externa.

El contexto del acuerdo de desmovilización de las Farc, el aumento de la violencia en zonas sin autoridades consolidadas y un Estados Unidos distante y negativo completan el panorama.

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Por esto último también es urgente implementar el registro de beneficiario final de las SAS, compartir inteligencia financiera con la Dian, la Superfinanciera y la Supersolidaria, de tal forma que se evidencie un efectivo control al lavado de activos.

Y si los retos en lo económico son difíciles, ni hablar de la urgencia de reformar a la justicia: nada más tóxico que la percepción de impunidad de los poderosos magistrados Pretel y Bustos. Y a esto agréguenle la impunidad de los autores intelectuales de los homicidios cometidos por sicarios. Eso debería recordarnos que, a pesar de todo, lo terrible que ha sido el legado de las Farc, sin quererlo, ni planearlo, cumplieron una maravillosa gestión como guardabosques.

El agua y la biodiversidad son nuestro tesoro. El susto y el terror ya no defienden la Amazonía. La responsabilidad ahora es nuestra.

No obstante, todas las urgencias y los múltiples retos en salud, ciudades, transporte etc., yo no logro dejar de pensar que la estabilidad social a mediano plazo es el mayor y más exigente reto de todos.

En palabras de Bradford De Long, no hay mayor error que creer que la creciente desigualdad, el poderío del sistema financiero y la proliferación de carteles en la economía son las fuerzas que van a desatar una bondadosa orgía de emprendimiento que nos lleve a prosperar.

Solo educación de calidad y un Estado que sea efectivo reduciendo la desigualdad va a vacunarnos contra los dañinos populismos latinoamericanos. Todo lo demás nos va a consumir y distraer sin cambiar gran cosa.

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