Opinión

  • | 2017/11/23 00:00

    Un 2018 que no da más espera

    El mundo debe confirmar en 2018 el buen año que termina y Colombia debe reaccionar porque va de mal en peor.

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La primera previsión para 2018 es que se consolida el mayor crecimiento mundial. Esto es importante porque 2017 fue el primer año en que el crecimiento global resultó mayor al previsto desde 2011, dejando atrás los malos recuerdos de la crisis de deuda soberana de Europa y la desaceleración de los exportadores de materias primas.

La buena perspectiva viene de la mano de un sólido crecimiento en Asia Pacífico de 6%. Para envidia de todos, rotando el crecimiento hacia la inversión privada, por lo que disminuye el riesgo de agotar o dejar exhaustas las fuentes que han liderado la mejora desde 4% en 2016. Esto supone tanto mejores expectativas de utilidades de las empresas asiáticas como de las acciones en la bolsa aun si, para anticipar presiones inflacionarias en varios países, se empiezan a subir gradualmente las tasas de interés de política monetaria.

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El resultado depende en especial de China, dado que es casi 25% de la economía mundial y 48% del gasto en inversión a nivel global. China aún tiene que contener la creación del crédito, los mayores precios de la vivienda y el exceso de capacidad industrial sin alterar significativamente su crecimiento de 6,5%. En 2018 se espera que la reciente mejora de crecimiento mundial se plasme en India e Indonesia, que este año decepcionaron.

En el caso de Estados Unidos, no hay razones para un menos gradual y lento aumento de las tasas de interés. Ni acelerar el paso en forma preventiva o ni porque las autoridades van tarde. Al mantenerse la gradualidad, disminuyen las probabilidades de una recaída material del crecimiento a los dos lados del Atlántico o de una recesión. Aun sin grandes presiones de inflación, es posible que el apretado mercado laboral americano conlleve mayores salarios y menores márgenes de ganancia o utilidades empresariales, por lo que es menos probable obtener mayores precios de las acciones que han alcanzado ya precios históricos.

Una de las más controversiales previsiones es que se mantendrá el escenario en que la Reserva Federal aumenta sus tasas en forma muy gradual y ellas no afectan las tasas de interés de los bonos del Tesoro con vencimientos de largo plazo. Si eso resulta medianamente cierto, es posible que, cuando los precios de las acciones caigan, se puedan generar altas rentabilidades en el mismo año comprando a los menores precios las acciones americanas. Dicha corrección se espera ocurra en el primer semestre.

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Aunque no se espera un dólar fuerte contra el crecimiento global, como ocurrió en 2017, la incertidumbre de la agenda de política en Washington seguirá como el mayor perturbador para los mercados financieros en países emergentes. La reforma fiscal y la política comercial pueden ser utilizadas por Trump para las elecciones de Congreso en 2018. En ese sentido hay mayores probabilidades de anuncios polémicos que sigan siendo usados para combatir los bajos índices de aceptación de la administración.

El año que viene supone la sincronización de América Latina con el ciclo mundial de alza en el crecimiento. Se espera un desempeño de Argentina y Brasil mayor a su potencial, así como la recuperación del crecimiento de Chile y Perú. Venezuela se espera complete el quinto año de severa recesión, algo que en épocas recientes ni Grecia ha tenido.

Aunque el crecimiento en Colombia repunte a 2,5% en 2018, dicho nivel será el tercer registro consecutivo por debajo del potencial del país. En los primeros nueve meses de 2017 la economía crece 1,4%; sin establecimientos financieros baja a 0,7%. Si se le quita administración pública baja a 0,4% y ese bajo dato recae todo en el sector agrícola pues sin este la economía simulada estaría contrayéndose 0,2%.

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Luego, un mejor 2018 debe entenderse como un repunte cíclico, pero no como una mejora estructural. La economía tiene tan precaria productividad que la están ahogando los impuestos.

Las propuestas de reformas estructurales deberían ir encaminadas a ser audaces. Yo desearía ver a un candidato proponer que por tipo de tamaño y de actividad, aquellas empresas más productivas tendrán rebajas de impuestos y que solo las empresas con un plan de mejora de sus indicadores de productividad podrán acceder a beneficios tributarios, exenciones, subsidios y a los recursos de los colombianos. Así dejaremos de castigar las actividades productivas para premiar y mantener a las improductivas. ¿Queremos mejorar el futuro?, solo hay que dejar de hacer lo mismo que en el pasado.

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