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Opinión

  • | 2016/10/27 00:00

    Tributrío

    La propuesta tributaria que radicó el Gobierno el 20 de octubre contiene ideas polémicas que merecen una discusión serena. Tres reflexiones.

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El Gobierno acaba de radicar una nueva propuesta tributaria planteando ideas que, aunque muy polémicas y complejas en lo político, merecen una discusión serena. Es el caso de tres temas específicos que han levantado la mayor cantidad de críticas: subir el IVA, subir la tributación de la personas naturales e introducir un impuesto simplificado para establecimientos pequeños.

El IVA es un impuesto regresivo porque la población más pobre paga una fracción más alta de su ingreso que la población rica. Aceptando esta verdad indudable, vale la pena mirar de que estamos hablando. La Encuesta de Ingresos y Gastos de 2006-2007 –lamentablemente es la más reciente--  muestra que los hogares más ricos del país –ubicados en el primer 10%-- gastan unas 5,8 veces el dinero que gastan los hogares más pobres, ubicados en el último 10%, $2,7 millones vs $471 mil por mes. Esto significa que subiendo la tasa el Gobierno recibe, digamos, $1,000 aportado por cada hogar pobre. Pero también recibe $5,800 aportados por cada hogar rico. Es perfectamente posible usar los $5800 aportados por el hogar rico para transferirle $1000 al hogar pobre. El Gobierno se queda con $5,800 (en lugar de $6,800) pero logra mitigar el efecto regresivo.

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Igual podemos decir de la exención que nuestro estatuto establece para los bienes contenidos en la canasta familiar: el dinero que se ahorra un hogar rico es muy superior al dinero que se ahorra un hogar pobre. Una misión del FMI produjo resultados interesantes en este frente. Estiman que el hogar rico (nuevamente, el primer 10%) se ahorra una suma que es 14 veces más grande que la suma ahorrada por el hogar pobre, $278 mil vs $19 mil. Nuevamente, si el IVA cobijara la totalidad de la canasta familiar, el hogar pobre tiene que pagar, digamos, $1,000 más que antes. Pero el hogar rico paga $14,000 mas que antes. De nuevo, el Gobierno podría usar parte de los $14,000 aportados por el hogar rico para devolverle su dinero al hogar pobre, eliminando el efecto regresivo.

En cuanto al swap –demasiado modesto en la propuesta-- de impuesto a la renta empresarial por impuestos a las personas, se trata de una iniciativa alineada con las mejores prácticas internacionales. En la OCDE el 85% del impuesto a la renta lo pagan los individuos y el 15% las empresas, mientras que en nuestro caso es al revés. Gravar las utilidades empresariales a las tasas exhorbitantes que priman en Colombia (Gomez y Steiner calculan que el Estado se lleva entre un 52,2% y un 59,6% de la utilidades) tiene muchos problemas obvios –atenta contra la economía formal y el crecimiento, para empezar-- y un problema que no es tan obvio: no sabemos quien termina pagándolo. Puede ser el dueño, pero también pueden ser los consumidores, por la vía de mayores precios, los trabajadores, con menores salarios, los proveedores, con menores precios, y así. Quienes se preocupan, con razón, por la desigualdad en Colombia y por el nulo efecto del sistema tributario para combatirla, debería aplaudir esta iniciativa que va, con excesiva modestia,  en la dirección que desean ver.

Finalmente, el llamado monotributo, unido a incentivos pensionales, para pequeños establecimientos por supuesto que dista mucho de ser la manera ideal de gravar rentas. Pero basta examinar la encuesta a Microestablecimientos que prepara el DANE para entender la relevancia que tiene este paso que propone el Gobierno. En primer lugar, son importantísimos para la economía: el 69,4% de todas las ventas del sector comercio se perfeccionan en estos establecimientos. En el sector de servicios, la cifra es 21,8% y en la industria, el 8,8%. Para ubicarnos, menos del 8% de estos establecimientos son personas jurídicas, alrededor del 20% carecen de registro mercantil, casi el 30% no lleva contabilidad y menos del 9% de ellos aceptan formas de pago diferentes al efectivo, al tiempo que solo uno de cada tres trabajadores recibe aportes a la seguridad social. La idea del Gobierno de buscar la formalización tributaria, junto con la formalidad en materia de seguridad social, es una idea ganadora que complementa el éxito indudable que tuvo para la formalizformalización laboral, su idea de rebajar los impuestos a la nómina en 2012.

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