Opinión

  • | 2018/01/18 00:01

    ¿Repetiremos el volver maldición el petróleo?

    Difícil entender que se piense otra vez en mantener, o peor, repetir el modelo de dependencia del crudo en un país que no tiene reservas.

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‘Al perro no lo capan dos veces’. Eso dice el refrán popular. Pero recuerdo otro que siempre me llamó la atención: ‘El hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces’.

Tenemos la suerte de que el precio del petróleo se disparó por encima de cualquier expectativa; no solo ya no pueden atribuirse nuestros problemas económicos a una caída que sucedió hace cuatro años, sino por el contrario vivimos una bonanza inesperada ya que la cotización del crudo saltó en el mismo periodo de US$27 el barril a rondar ya los US$70 por barril.

Pero la realidad es que esto es debido a una situación muy coyuntural, sin que las condiciones estructurales que llevaron a los bajos precios hayan cambiado. Por el contrario han empeorado y tienden a decaer más en el mediano plazo y aún más en el largo plazo.

Por un lado, el potencial de producción es mucho más grande que las necesidades de consumo. En este momento la capacidad de los países que antes abastecían el mercado no está en explotación; unos como Irak o Irán, por las guerras y las sanciones que pesan sobre ellos. Por otro, el mayor exportador de occidente, Venezuela, produce escasamente la tercera parte de lo que antes entregaba.

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Lo anterior llevó a que Estados Unidos, que antes era el primer comprador mundial –10 millones de barriles diarios–, se convirtiera en el primer productor mundial, que desarrollara la tecnología del fracking, la complementara con la promoción de los biocombustibles, y que hoy en vez de importar comienza a exportar.

A esa situación coyuntural se adicionan los altos consumos estacionales por lo fuerte del invierno y las políticas planetarias de lucha por la disminución de la dependencia de los hidrocarburos y su sustitución por energías renovables.

Difícil entender que se piense otra vez en mantener o peor repetir el modelo de dependencia del crudo en un país que no tiene reservas ni siquiera para su autosuficiencia por más de un lustro.

El énfasis en las bondades en regalías para las regiones y el aumento del ingreso para el Estado por los impuestos y los dividendos de Ecopetrol solo muestra que se pretende seguir contando y dependiendo de esos ingresos para salvar la economía.

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No parece que se estén haciendo programas para que esos mayores recursos se destinen a lo que llaman ‘sembrar el petróleo’. Es decir dirigirlos a sustituir la dependencia de eventuales futuros descubrimientos y, aprovechando la inmediata y creciente pero transitoria inversión extranjera directa en ese sector (48% pero que cuenta solo con programas de corto plazo que dan los sondeos conocidos), destinar esos ingresos a los sectores generadores de riqueza, de empleo y de valor agregado y nuevas obras de adecuación en la infraestructura del país.

La divulgación de El Tiempo, presumiblemente originada y promovida por el Gobierno, parece predecir lo peor, en el sentido de que nos intenten vender como futuro lo que difícilmente tiene apenas un horizonte o proyección a un par de años.

El simple presupuesto de 2018 calculado con precios de US$55 más el desfase que se arrastra de lo no ejecutado de 2017 hace que con cotizaciones entre US$60 y US$70 apenas se podría cumplir. Pero es una salvación del problema inmediato no una propuesta a futuro.

Increíble que se repitan como prospecto los mismos pasos que nos llevaron a la enfermedad holandesa que hoy se reconoce como complemento de la caída de precios para ponernos en la segunda peor crisis económica desde la Segunda Guerra.

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No es fácil entender que no hayamos aprendido los peligros que traen esas ‘bondades’ si no se les da un enfoque diferente. Ni comprende uno que ‘tropecemos con la misma piedra dos veces’ en vez de aprovechar la oportunidad que la fortuna nos ofrece para salir en una manera de ‘aterrizaje suave’ ante factores totalmente fuera de nuestro control como es un mercado internacional en el cual nosotros no contamos.

Ya cometimos una vez el error de suponer estables los altos precios del petróleo y en base a eso dedicarnos a creer que nos volveríamos ‘país petrolero’ montándonos en un modelo económico que se estructuró a su alrededor.

Lo que puede y debería traer como beneficio esta minibonanza es llamar la atención sobre el hecho de que ninguno de los candidatos ha dado importancia a presentar su visión sobre el futuro de este ‘modelo petrolero’. Campañas alrededor de abstracciones como ‘acabar la corrupción’ o ‘con el acuerdo o contra él’ mueven emociones, pero el tema concreto es la economía, y dentro de este debería ser una exigencia saber qué se piensan respecto a continuar, profundizar o corregir nuestra dependencia de los precios del crudo.

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