Opinión

  • | 2018/03/15 00:01

    Tres Cero

    La idea de quitarle tres ceros al peso es parte de una narrativa interesante sobre el uso del efectivo, la cual ya arroja lecciones prácticas.

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Al menos tres hechos recientes consolidan tendencias interesantes e importantes referidas al uso del dinero en efectivo.

Empecemos por el libro del profesor K. Rogoff, publicado en 2016 y titulado La Maldición del efectivo, como para que nos ubiquemos. Palabras más, palabras menos, la idea central es que el efectivo, más concretamente los billetes de alta denominación, encarna mucho más costo que beneficio para la sociedad. Más costo, porque estos billetes les facilitan la vida a los protagonistas de diversas actividades ilegales, incluyendo el lavado de activos y la evasión de impuestos. Menos beneficios porque la tecnología ya permite que todas las actividades legítimas tengan sustitutos perfectos al billete de alta denominación, devaluando su relevancia. En segundo término, la existencia del efectivo hace difícil para las autoridades encargadas de ejercer la política monetaria fijar una tasa de interés negativa, aun cuando haya situaciones extraordinarias que, según el autor, así lo ameritan.

Sigamos con la decisión adoptada por el gobierno del Primer Ministro Modi en la India, eliminando los dos billetes de más alta denominación –los de 500 y 1,000 rupees, unos US$7,50 y US$15 respectivamente– con el objetivo de quitarles todo valor a las caletas de individuos al margen de la ley, lo que en esos lares llaman la economía negra.

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El experimento comienza a finales de 2016, recibió gran atención mediática y, valga la verdad, ha sido bastante mal evaluado. Entre los críticos está el mismísimo K. Rogoff, autor del libro de marras, quien cuestiona dos cosas: que la transición se hubiera hecho en días y no en años, como él sugiere en su libro, y que el ejercicio hubiera ocurrido en un país emergente donde la bancarización es precaria.

Finalmente, aterricemos en Colombia, donde está sobre la mesa la propuesta de quitarle tres ceros al peso. En esta ocasión lo novedoso de una propuesta que ya se ha hecho, es su vinculación explícita con la lucha contra el crimen, empezando porque proviene de la primera autoridad en materia penal que tiene el país. En ese sentido, aunque no se trata explícitamente de atacar el efectivo en general, ni los billetes de alta denominación en particular, si la podemos leer como parte de una continuidad argumental que incluye, también, al libro del Profesor Rogoff y al audaz experimento del Primer Ministro Modi.

A mí me sorprendió la rapidez con la cual una propuesta interesante y clara mutó en proyecto de ley, como si el paño estuviera cortado, el traje estuviera hecho y no cupiera una sola aguja. La pregunta más obvia es muy sencilla: ¿En cuánto se estima el valor del efectivo encaletado? Si, para ir a un extremo absurdo pero ilustrativo, no hay efectivo en las caletas, el ejercicio –que vale una plata– habría sido un fracaso a la luz de su objetivo. Exactamente lo mismo pasa si los criminales encuentran la manera de convertir ese efectivo en activos de curso legal.

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No digo esto por fregar, sino porque sucedió en India y creo ello debe informar nuestro debate, si es que hay tiempo de agujas. Entre el 4 de noviembre de 2016, cuando se anuncia el experimento y el 3 de diciembre siguiente, la ciudadanía había sustituido 82% de todos los billetes afectados por la medida y se estima que el 30 de diciembre, cumplido el plazo, la cifra llegó a 99%. O no había caletas, o los criminales lograron burlar a las autoridades en tan solo 50 días de transición. Ni me imagino si en lugar de días ello se hiciera en años, como lo propone Rogoff.

La propuesta del Fiscal, pues, no me parece conducente si el objetivo es afectar el “stock” de efectivo encaletado. Otra cosa es complementar la quita de los ceros con la propuesta de Santiago Perdomo de afectar el “flujo” de transacciones negras, reduciendo por ley el uso del efectivo en su conjunto. Un primer paso, barato y fácil, sería que el Banco de la República le quite su respaldo al billete de $100.000, tras un plazo razonable para la transición.

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