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Opinión

  • | 2018/08/30 00:01

    ¿Propuestas de suma cero?

    Reformas propuestas por el Gobierno y su partido se contradicen y eso causa curiosidad. Más aún si a ambos los apoya la Andi.

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Si algo se le endilgaba a Juan Manuel Santos era que se había hecho elegir con unas ideas para gobernar con otras. Para sus acérrimos contradictores, ese era un delito de traición inadmisible.

Durante la campaña escuché, en medio de la brutal polarización, que la elección no se trataba de programas ni de ideas de gobierno sino de modelos socioeconómicos entre los extremos ideológicos.

Sin embargo, como observador desprevenido consideré que las propuestas de Duque si bien eran populares, estaban llenas de lugares comunes y sin elementos detallados de corte programático.

Ya entonces, solo se me podía ocurrir que, una vez iniciado el Gobierno, muchos electores tendrían grandes e ingratas sorpresas porque aquello que no se dijo ocultaba la necesidad de tomar medidas inevitables, dolorosas e impopulares para un gobierno disciplinado con criterio responsable.

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Además de lo que se dejó de decir en campaña, el Gobierno y Uribe se equivocan con lo que están diciendo ahora. Que la reforma tributaria busca aumentar sueldos y crear trabajos. Algo muy pretencioso en el corto plazo, según cifras que cito en los siguientes párrafos. En unos años puede que eso ocurra si las reformas se orientan a elevar la formalización de la economía y ayudan a mejorar los indicadores de competitividad.

Lo cierto, desde una estrategia productiva, según las cifras, es que la reforma tributaria que les baja impuestos a las empresas puede tener efectos favorables sobre lo que socialmente se ha logrado en los últimos años, en la medida que esos recortes ayuden a cuidar el empleo creado y alivianen las cargas laborales de las empresas. Veamos por qué.

Desde 2009 el producto nominal industrial crece 36,5% y sin refinación de petróleo 28,1% (para un promedio real de 1,5% anual). En medio de una crisis industrial global, Colombia aumentó 17,6% el empleo industrial y 59,7% los pagos por sueldos y salarios en el sector. Con ello la productividad del costo laboral industrial–sin refinación de petróleo– cayó 13% o una rata de -1,85% anual. Ante semejante pérdida de competitividad, que se enfrenta además a la competencia basada en menores precios internacionales, no hacer nada para alivianar el peso laboral en medio del estancamiento productivo tendería a poner en peligro el número y nivel del empleo y/o tener que solucionarse congelando los costos laborales por varios años. Es decir, bajar en términos reales los sueldos para hacer más viable al sector productivo.

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Los resultados empresariales apuntan en la misma dirección que las cifras macro-sectoriales. El margen neto industrial ha bajado considerablemente (medida por la utilidad respecto a los ingresos), tanto que a 2017 fue 15,3% inferior al de 2010.

Siendo eso una realidad para la industria resulta catastrófica en la pequeña y en la mediana empresa.

Por tanto, una reforma fiscal que compense vía carga tributaria la pesada carga laboral es una condición necesaria e inaplazable, aunque no suficiente, para salir de los cuidados intensivos en que está postrada la industria nacional.

El impacto a nivel de departamentos, de no hacer nada, también es importante por la evidente dispersión de la productividad y las tendencias del producto y sus costos en los últimos años. La industria que podría verse más comprometida y tendiente a desaparecer por su baja productividad frente al costo laboral sería la de Bogotá. Seguido tendría que evaluarse el golpe en Santander y Norte de Santander. Por ahora estos tres territorios luchan disminuyendo el personal empelado y ocupado pero su siguiente línea de oxigeno sería los despidos con bajadas importantes de salarios y sueldos.

Tal vez es por este análisis, que mientras se entiende el beneficio para el sector productivo de la propuesta de reforma tributaria que propone el nuevo gobierno, no se entiende la propuesta de aumentar extraordinariamente el salario mínimo que propone el partido de gobierno. ¡Plop!

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