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Opinión

  • | 2018/08/16 00:01

    ¿Por qué Colombia no crece más?

    El mal diseño de las políticas sociales lleva a una mala asignación de recursos.

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Cada año que pasa, el país tiene trabajadores mejor educados, más maquinaria y más construcciones. Pero la productividad de esos recursos cae anualmente 1,3%, cuando debería estar aumentando 1% o más, pues las tecnologías productivas son cada día mejores. Por consiguiente, aunque el PIB per cápita ha subido 2% anual (desde 1996), podría haber crecido 4,3% anual si los recursos productivos se hubieran usado mejor. Es decir, seríamos 60% más ricos.

La experiencia de México puede darnos muchas pistas de en dónde está el problema de la baja productividad. Igual que Colombia, desde mediados de los noventa México ha tenido políticas fiscales y monetarias serias, se ha abierto al comercio mundial y ha modernizado los sectores de energía y telecomunicaciones. Ambos han avanzado en la calidad de su manejo económico, aunque les quede mucho por hacer. También ambos han aumentado su gasto social y ampliado la cobertura de sus sistemas de protección social. A pesar de todos estos esfuerzos, desde 1996 el PIB per cápita ha subido apenas 1,2% anual, el más bajo de América Latina (aparte de Venezuela), debido en parte a que la productividad ha caído 0,5% anual.

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México es, como Colombia, un caso de “Esfuerzos Mal Recompensados”, como titula el libro que acaba de publicar Santiago Levy, vicepresidente saliente del BID, conocido internacionalmente por haber creado el programa “Progresa” de transferencias condicionadas para los pobres (semejante a “Familias en Acción”).

Según Levy, el diseño de las políticas sociales es la principal razón (aunque no la única) por la que en México sobreviven muchas empresas de muy baja productividad y millones de trabajadores se emplean en negocios improductivos o se dedican a manejar pequeños negocios sin tener talento empresarial, mientras que las empresas más productivas crecen poco y quienes tienen estudios universitarios o técnicos son mal pagados o no encuentran trabajos adecuados para sus capacidades.

¿Qué es lo que está mal con las políticas sociales en México? Esencialmente, que los trabajadores asalariados formales y las empresas que los contratan tienen que pagar a través de las contribuciones y los impuestos a la nómina por un paquete de servicios que los beneficia poco. Por ejemplo, “acceso a facilidades deportivas y culturales” (como nuestras cajas de compensación), o “pensiones a las que la mayoría de los trabajadores no van a calificar porque no completarán los tiempos requeridos de contribución” (como nuestro sistema de pensiones). O servicios que, aunque sí los beneficien, podrían conseguir sin pagar por ser “programas de seguridad social no contributivos” (como la salud).

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Por estas razones, la recomendación número uno de Levy es “desvincular la seguridad social del estatus laboral del trabajador. Riesgos comunes a todos los trabajadores (salud, muerte, incapacidad y longevidad) deben ser financiados con una misma fuente de recursos, y los servicios deben ser provistos a todos los trabajadores con el mismo alcance y calidad”. Pero él es consciente de que este es un ideal que tardará tiempo en conquistarse.

Como por algún lado hay que empezar en Colombia, le he preguntado a Levy en una entrevista qué pensaría de reformar el sistema pensional colombiano de esta forma: establecer una pensión básica universal no contributiva, marchitar el régimen de prima media de Colpensiones y hacer voluntaria la afiliación a las AFP (véase “Pensión Básica Universal”). Me ha respondido: totalmente de acuerdo, siempre y cuando se permitan pensiones menores al salario mínimo y se usen algunos “empujoncitos” (nudges, me lo dijo en inglés) para vincular a los trabajadores al sistema pensional. Estamos totalmente en sintonía (por algo trabajamos tantos años juntos).

Con un mejor diseño de las políticas sociales en esta y otras áreas, tanto México como Colombia pueden crecer más y mejorar su seguridad social. Eso implicará abandonar la creencia de que obligar a las empresas a pagar por la seguridad social de sus trabajadores es una política efectiva para redistribuir el ingreso y para protegerlos de los riesgos de enfermedad, incapacidad, vejez y otros. Un subproducto de esta creencia es que, tanto en México como en Colombia, tenemos un sistema de seguridad social truncado que, aunque aspiraba llegar a cubrir a todos los trabajadores, resultó excluyendo a la mayoría.

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