Opinión

  • | 2017/10/26 00:01

    Por fortuna

    El ciclo electoral es una oportunidad para hacer propuestas y mover ideas. Dos hipótesis sobre las propuestas que necesitamos.

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Al presidente Santos se le podrá criticar de la A a la Z y viceversa pero, eso sí, nadie podrá decir que en el transcurso de estos años históricos los colombianos la estamos pasando aburrido. Estos, en la terrible acepción presuntamente china, han sido años muy interesantes.

Claro, algo de lo interesante nos llega de afuera –parece que, unas con otras, la historia no llegó a su fin, como vaticinó alguien por allá en 1989– lo cual nos evitó el tedio correspondiente, también previsto por el mismo autor. Un mundo convulsionado por los vaivenes del apasionamiento religioso, o por las arremetidas de los odios étnicos, o por las andanadas del populismo, por decir algo, es mucho más interesante que un mundo dedicado al punto cadeneta punto, como de relojero, que tipifica la jornada laboral usual.

Desde agosto de 2010 el mundo, entre otras cosas, ha pasado por la fase dura de la crisis financiera global, por la primavera árabe y su lúgubre desenlace, por el desplazamiento masivo causado por la reiteración de la tiranía en el origen, por la exponenciación de la xenofobia en el destino, por el surgimiento de un populismo primermundista que nada tiene que envidiarle a su contraparte tropical, por el reestreno de la bomba atómica como película cotidiana y por un grado de intolerancia tan extremo, que está arrasando con la comunicación y el debate civilizado, empezando por muchas de las universidades de élite, aunque no todas.

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El telón de fondo de esta época tan intersante es, pues, la antítesis de todo aquello que Fukuyama llamaba el final de la historia, el tal triunfo de los valores inherentes a la democracia occidental, con énfasis en los derechos del individuo y la igualdad de oportunidades. Y contra ese telón de fondo, esta época de Santos ha hecho sus cuantos aportes para evitar la colombianización del tedio.

Como en cualquier país del Primer Mundo contemporáneo, en efecto, los colombianos hemos logrado construir, con el negocio habanero y el posconflicto consecuente, un fetiche que nos divide y polariza lo suficiente como para garantizar, en ausencia de una nueva baraja, que poco o nada vamos a ser capaces de avanzar en bobaditas como el crecimiento económico y la erradicación de la pobreza. Nos vamos a pasar años, si no rebarajamos rápido, cada vez más atascados en el barrial, como cualquier camión en potrero y aguacero.

Por fortuna, ya arrancó el nuevo ciclo electoral –iba a escribir circo, pero no– y con ello la oportunidad de plantear nuevas barajas; es decir, la oportunidad de hacer propuestas y buscar que esas propuestas sean escuchadas en el debate democrático. Sea la ocasión para plantear una hipótesis sobre las propuestas que necesitamos.

Primero, las propuestas no ocurren en el vacío y lo que necesitamos es que las propuestas sean sensibles al hecho mondo y lirondo de que en Colombia, nuevamente como en cualquier país del Primer Mundo, la posibilidad de comunicarnos es un recurso cada día más escaso. Las propuestas, por ende, tienen que ser muy claras y simples, en el buen sentido de la palabra. Un Proyecto de Ley que alguien proponga, por ejemplo, tiene que lograr su objetivo esencial en muy pocos artículos. Por esta razón, hay que sacrificar mucho adjetivo, donde se afinca buena parte de la controversia en cualquier tema, en aras de hacer viable el logro sustantivo.

Segundo, este es un país, por fortuna, muy intensivo en lo que hemos denominado las comisiones de expertos. Las hay sobre todos los temas importantes y absolutamente todas estas comisiones han producido excelentes trabajos escritos recorriendo desde el ABC de la problemática asignada hasta el XYZ de las propuestas generales de política pública. En lugar de pasarnos los meses y los años inventando nuevamente el agua tibia y defendiendo sus bondades medicinales, va siendo hora de retomar estos valiosos informes y traduciéndolos al blanco y negro de los proyectos de ley.

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Los políticos ya andan en plan de analista del votante mediano, quien decidirá el largo y el ancho de este asunto, junto con las maquinarias, cuya lógica es mas sencillita. Tendrán identificados algunos temas que supuestamente le importan a este votante, y andarán en plan de inventar jingles que le suenen bonito. Algunos dirán que se trata de un circo. Yo pienso que se trata de una oportunidad.

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