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Opinión

  • | 2018/05/10 00:01

    Otra mirada a las cifras del agro

    Mientras que el Gobierno destaca sus logros en el agro, la mayoría de los vinculados a este sector no ven despejado para nada el futuro.

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Destaca el Gobierno como su mayor logro en lo económico la situación del agro. Esa percepción no la comparten la mayoría de los vinculados a ese sector en momentos en que los rubros más importantes como la ganadería, la lechería, el arroz o el café no ven despejado para nada el futuro.

Destacan el crecimiento del empleo o la disminución del desempleo rural. Lo que por supuesto no es lo mismo. Un mismo número de empleos puede acompañarse de una mayor o menor tasa de desempleo, dependiendo de la tasa de participación, es decir, según la población a la que se aplique. También parte de la producción agrícola como las flores –el mayor generador de empleo del sector– incidiendo en la tasa de desempleo no incide en la situación de los habitantes del campo.

Acudiendo al informe de Semana Rural se pueden hacer varias consideraciones.

Se hace énfasis en que las tasas de desempleo son las más bajas de una década y se buscan explicaciones supuestamente en los beneficios de los acuerdos de paz.

Tal vez un enfoque más correcto sería que la migración del campo a la ciudad –justamente por la falta de oportunidades que aquel brinda– hace que solo quienes encuentran trabajo se queden allá.

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Esto con más razón cuando al éxodo por las condiciones laborales y económicas se adiciona el desplazamiento forzado. Con 7,8 millones de desplazados –la inmensa mayoría del campo– los que se quedan lo hacen no solo por razones emotivas o sentimentales de ‘amor al terruño’ (que claro que también las hay), sino porque tienen organizada su vida alrededor de lo que su trabajo ahí les da. Para los que abandonan la tierra, al atractivo de ‘las luces de la ciudad’ se adicionan los factores que los expulsan –la violencia y la falta de oportunidades–, y así aparecen estadísticamente y proporcionalmente cada vez más los que se quedan trabajando en ella, mostrando menos desempleo.

Lo anterior se complementa con que la metodología de medición utiliza la definición internacional de que una persona ocupada es aquella que en la semana anterior tiene un empleo remunerado de por lo menos una hora. Y como además el trabajador informal clasifica como empleado, todo rebusque disminuye las cifras desempleo, y más en el campo, donde una inmensa población flotante vive de trabajos pasajeros (cosecheros, regadores, etc.).

Probablemente bastaría contrastar la disminución de la población del campo hasta 2017 por causa del enfrentamiento armado, con la curva del comportamiento del desempleo rural en la década, para detectar un evidente paralelismo, que no se explica por una mayor producción que solo vino a aparecer en los dos últimos años.

Y respecto a esa mayor producción recuerdo un debate alrededor de unas estadísticas del Dane hace algunos años, cuando mostraban un crecimiento del agro parecido al de hoy, el cual desagregado atribuía esto básicamente al aumento de la participación de ‘hortalizas’. Al mismo tiempo no incluía por ninguna parte ni en ninguna forma la participación de la coca y la marihuana; la deducción simple es que esos productos clasificaban como hortalizas. Parece repetirse eso hoy cuando no se sabe cuánto aporta el incremento de las hectáreas de coca.

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En ese sentido, del censo agropecuario no se concretó mayor cosa. Dicho instrumento que debería servir para definir las políticas agropecuarias quedó tan relegado al olvido que ni siquiera se sabe si se completó o no. Los Ministros de Agricultura no hacen mención a ninguna decisión basada en la información que este produjo.

Como esta distorsión se refleja y se traslada a las cifras nacionales, la realidad es que el desempleo general no solo corresponde al más alto de la región (9,4 %), sino se minimiza o disimula parcialmente con estos datos. En la presentación se acaba ocultando que en el resto de los sectores se perdieron 123.000 empleos (según El Tiempo 29 Abril). Se puede hablar de la posverdad o de las fakenews. Teniendo en cuenta el crecimiento poblacional y de la fuerza laboral, es apenas normal que el número de empleos –no la tasa– sea más alto que el de 2001; pero que los siguientes 16 años haya estado por debajo de lo de ese año, lo que muestra es la pérdida durante el periodo.

El altísimo desempleo de los jóvenes (la población joven económicamente inactiva es 42,3%, según el Dane) y de las mujeres (siendo más marcada en el agro), constituyendo la mayoría del potencial de la fuerza laboral, es contradictorio con que pueda el desempleo total estar tan bajo. Lo que se revela es que el problema grave consiste en que el Dane como entidad adscrita a la Presidencia tiene tendencia a hacer cambios de metodologías o simplemente formas de presentación que muestran panoramas que no necesariamente existen.

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