Opinión

  • | 2018/12/13 00:01

    Odebrecht

    Cómo se resuelva este penoso asunto determinará si la política toma un drástico giro en 2022.

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América Latina está harta de la corrupción y lo que ella engendra: desigualdad, inseguridad, violencia, abusos por parte de monopolios y carteles, desconfianza y resentimiento. El pueblo colombiano espera respuestas. México acaba de barrer la política tradicional y ha empoderado a López Obrador porque en él ven a alguien dispuesto a cambiar las cosas. Brasil tomó la misma decisión al elegir a Bolsorano, quien le responde a su pueblo con el contundente símbolo de nombrar a Sergio Moro ministro de justicia. Moro es la encarnación de la lucha contra la corrupción. Este magistrado de Curitiba lideró el juicio contra una estructura de lavado de activos alrededor de la operación "Lava carros" (Lava Jato en portugués).

Moro decidió seguir el rastro del dinero hasta sus últimos beneficiarios: empresarios poderosos que con sobornos obtienen lucrativos contratos, políticos que con esos dineros compran votos y elecciones y funcionarios públicos que facilitan todo lo anterior a cambio de enriquecerse. En Estados Unidos, Odebrecht viene pagando miles de millones de dólares: 2,6 veces toda utilidad generada por contratos obtenidos o adicionados a través de sobornos en cualquier país del mundo.

Colombia brilla por la irrisoria sanción sobre quienes sobornaron funcionarios públicos para ganarse la concesión de la Ruta del Sol y su posterior adición. La sanción que hasta este momento ha sido impuesta es tan bajita que no llega a diezmo. Esos sobornos y financiamientos de campañas han dejado un sendero de contratos ficticios, robos de identidad, giros a Panamá, islas del Caribe, Curazao y Andorra que es incomprensible cómo no han dado aún con todos los verdaderos responsables.

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Paddington, KMA consulting, Consultores Unidos, Oil & Gas Logistics y Lurion Trading Inc. (todas en Panamá) y Sion, Torrosa, RGQ Logistics, Logistic Soluciones Integrales SAS, Presoam, TTU (Técnicas Territoriales y Urbanas), Consultores Unidos y Profesionales de Bolsa son apenas algunas de las sociedades cuyos movimientos bancarios desde 2009 deberían estar bajo la lupa. Los movimientos financieros de estas empresas con absoluta seguridad no solo se prestaron para la corrupción de Odebrecht: esto es un aparato demasiado sofisticado para usarse una sola vez. Además, los personajes de esta novela ya antes se han destacado por sus formas cuestionables de operar: Federico Gaviria, Eduardo Zambrano, Plinio Olano, Luis Bernardo Villegas, Gabriel Dumar o Gustavo Torres, o sus familiares ya han visitado antes la Fiscalía como imputados. Esto no es un caso aislado de corrupción.

Iván Velázquez en Guatemala, Juan Federico Jiménez en Honduras, Douglas Meléndez en El Salvador han demostrado de forma ejemplar cómo se hacen este tipo de investigaciones. El costo personal que asumen es inmenso. Poderosos capitalistas, líderes políticos y magistrados están involucrados y los desfalcos son multimillonarios. El Fiscal Meléndez, por ejemplo, ya ha logrado condenar al expresidente Saca a 10 años de cárcel y sanciones civiles de US$260 millones. En Guatemala la ex-vicepresidente Baldetti fue condenada a 15 años y todas sus propiedades están en proceso de extensión de dominio.

Nuestros inexpertos candidatos a fiscales ad hoc tendrán sobre sus espaldas la legitimidad del Estado colombiano y una de las últimas opciones que nos quedan para recuperar la confianza de la ciudadanía.

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A Venezuela lo que la hundió fue la polarización y corrupción de sus élites, que no fueron capaces de rectificar el rumbo del país. En Colombia, si el fiscal ad hoc que se elija no muestra resultados concretos, como tiende a suceder, la incertidumbre política que se va a cernir sobre el horizonte será tóxica.

Como la fábula del pastorcito mentiroso que nos ha amenazado con el lobo –lobazo para ser más exactos– por años, podría terminar siendo los responsables de que se nos coman las ovejas.

Recuerden que las inversiones que maduran lentamente y por ende quienes necesitan horizontes claros son las de los pequeños y medianos empresarios: los generadores de más de 80% del empleo. Incrementos en la incertidumbre y desconfianza frenan los proyectos nuevos. No hay exenciones tributarias que logren compensar la estabilidad de las reglas de juego. Lo que va a determinar la generación de empleo y las oportunidades de la clase media hacia el futuro inmediato no son una reforma tributaria ni la economía de colores. Solo un mensaje contundente contra la corrupción y la percepción de que la impunidad de los poderosos llegó a su fin podría garantizarnos la estabilidad.

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