Opinión

  • | 2018/04/26 00:01

    Manipula, manipula que de la manipulación algo queda

    Es necesario explicar la contradicción entre las estadísticas y la realidad que el colombiano vive.

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Una columna de Alberto Carrasquilla en el número anterior de esta revista invita a comentarla.

Esto porque como conclusión propone: “Es muy claro que, además del crecimiento, algo se está haciendo muy bien en Colombia y, en estas vísperas electorales, conviene recordarlo con énfasis. Detrás de estos resultados está el punto-cadeneta-punto de un equipo profesional con continuidad, que piensa con seriedad, argumenta con fundamento y con frecuencia ha sido capaz de convencer a los tomadores de decisiones de optar por la mejor alternativa”.

Esto me parece errado y desafiante, pero por supuesto nace de las consideraciones que desarrolla, luego vale la pena analizarlas.

Lo que sugiere el articulista es desaparecer el tema ‘eliminación de la pobreza’ por ser lo que supuestamente se estaría haciendo ‘muy bien’ en Colombia.

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Se sustenta dicha conclusión exclusivamente en unos datos según los cuales los indicadores de pobreza han disminuido fantásticamente. Eso merece más reflexión que la cita de simples cifras.

Las inquietudes son: ¿Sí hay algo que se esté haciendo ´muy bien´ en Colombia? ¿Cuál es ese ‘equipo profesional con continuidad’ y qué hay respecto a las características que le atribuye? ¿Ese ‘capaz de convencer a los tomadores de decisiones’ a quién se refiere?

De hecho, de los 15 millones que dice salieron de la pobreza muy pocos sienten o saben que pertenecen a ese grupo y que ya no son pobres. Y es difícil de entender que, a pesar de que en los últimos 15 años han sido reconocidas 8 millones de víctimas de desplazamiento forzado y tres millones perdieron todo por cuenta de las inundaciones (y siguen esperando respuestas del Gobierno) -es decir, personas que en el último lustro quedaron sin techo, electricidad, agua, o casi ninguno de los indicadores de la ‘pobreza multidimensional’- esta haya disminuido de 49% a 17%.

Lo que toca explicar es la contradicción entre las estadísticas y la realidad que el colombiano vive. Por un lado, el criterio de pobreza siempre tiene algo de relativo. Usar como referencia un valor absoluto sin tener en cuenta la comparación con lo que ha evolucionado el contexto puede inducir a equivocaciones; por ejemplo, si se toma el ingreso que señalaba la línea de pobreza hace 100 años hoy no habría pobres ni en Colombia ni en el mundo. Y teniendo en cuenta que la noción de riqueza o pobreza se define en relación el uno al otro, el índice GINI acaba expresando sus variaciones, y el nuestro no ha tenido prácticamente ninguna, sosteniéndose por encima del .50 (en Brasil con la disminución de la pobreza sí bajó el GINI del orden del .15, estando hoy en los .30).

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Ese ‘equipo profesional’ se refiere a los cultores e implementadores del Modelo Neoliberal que ha imperado y nos han implantado no solo los últimos 15 años sino diez más. En efecto la obsesión por el desarrollo económico y las mediciones con indicadores macroecónomicos es el lugar común entre quienes han administrado la economía del país y por eso la comodidad con la cual se adaptan a cualquier gobierno y lo fácil que se entienden entre ellos. Como para el Mercado -que en su modelo es soberano- no tiene por objetivo de su manejo el atacar los problemas sociales -a comenzar por la pobreza-, sería una muy afortunada y curiosa coincidencia que se produjeran esos resultados.

Lo más grave de ese escrito es que termina con un “Ojalá el próximo el gobierno tenga la sensatez de proteger, y, ojalá (sic), multiplicar en todas partes este componente estupendo de nuestra institucionalidad”.

‘El equipo con continuidad’, ese ‘componente estupendo de nuestra institucionalidad’ debería según eso entrar al nuevo gobierno continuando ese modelo desarrollista o neoliberal. Las condiciones o virtudes personales que se auto atribuye son correctas -seriedad y fundamento- pero se aplican en el error. Y la cuestión de ¿a quién tienen que convencer? es evadir una responsabilidad que en el fondo ha sido solo de ese ‘equipo’, aprovechando la mala imagen de los políticos –supuestamente ‘tomadores de decisiones’- para insinuar o atribuir a ellos la dificultad para hacer las cosas bien.

El escepticismo respecto a las cifras de la disminución de la pobreza coincide con las dudas respecto a lo que sucede en cuanto al proceso de paz, los cuestionamientos a los Acuerdos y la casi nula implementación en el posconflicto. En el bien montado discurso de ‘el estado del Estado’ señala el Presidente que esos son los dos grandes logros de su gobierno. ¿Qué pensar entonces del resto de maravillas que en esa pieza describe? Es ese intento de manipulación con la bella retórica la que lleva al nivel de rechazo a Santos y al modelo de desarrollo que ‘el equipo con continuidad’ ha implementado, y de ahí el enervamiento ante la posibilidad de que el mismo ‘componente estupendo de nuestra institucionalidad’ se siga imponiendo.

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