Opinión

  • | 2017/09/28 00:01

    ¿La economía, para qué?

    El debate hoy es entre el modelo neoliberal, que reduce la función del Estado, o el socialdemócrata, con un Estado que debe intervenir.

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El primer debate no debe ser sobre cual teoría o análisis económico es correcto y en consecuencia cual medida económica es buena o mala, sino ¿para qué el manejo, con qué objetivo se debe manejar la economía?

Es la diferencia entre Economía Política y Economía ‘Pura’; entre la economía como rama de las Ciencias Sociales o como lo que se llamaría Ciencia Económica, una ciencia aparte, considerada esta como una rama distinta del saber. Algo similar a la relación entre las Matemáticas y la Física, la una al servicio de la otra.

Esto lleva a las diferencias ideológicas de hoy día.

Antes el desarrollo teórico de cómo incidiría la economía en la sociedad llevó a postular –lo que hizo Marx– la inevitabilidad de resultados políticos que organizarían las naciones bajo la forma del socialismo y del comunismo, lo cual a su turno encontró la contradicción en el desarrollo real del capitalismo y la democracia.

Pero, superada esa etapa de alternativas –tanto en los debates teóricos como en la realidad–, lo pertinente hoy es definir (o redefinir) qué se busca con el manejo de la economía.

Y las propuestas hoy son las que corresponden a si se le asigna una función dentro del manejo de la sociedad o si se limita al manejo de los mercados; en otras palabras, si hablamos de economía política, para usar esos conocimientos al servicio del cómo queremos que sea nuestra sociedad, o si los aislamos de las consecuencias que producen en las relaciones entre ciudadanos y nos limitamos a utilizarlos para buscar el crecimiento económico aprovechando la posibilidad y eventualmente vocación que ofrecen de usar el mercado para optimizar resultados en ese propósito.

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La pura es indiferente a la ideología, pues parte del principio de que existe oferta de suficientes bienes y servicios para toda la población y que toda ella participa del mercado. Solo debate sobre la optimizacíon en una sociedad organizada y ya estructurada. La Economía Política tendría por meta ordenar la producción y arreglar la sociedad cuando no tiene esas características. Mediante la planeación y la intervención debe el Estado crear las condiciones para que el aumento del crecimiento no solo se dé, sino no contraríe la creación de una sociedad más justa y más convivencial.

El debate por eso hoy es entre el modelo neoliberal, que reduce la función de la economía y la presencia del Estado a buscar el mejor funcionamiento de los mercados, y la mayor estabilidad en su operación, o la propuesta socialdemócrata de un Estado que debe intervenir los mercados para crear unas relaciones más armoniosas y justas entre los ciudadanos.

¿Donde se sitúa Colombia? ¿Somos un país que puede ofrecer todos los bienes y servicios que requiere la población? ¿Participa toda la población de un mercado donde puedan ofrecerlos y demandarlos? ¿Ya no somos un país en desarrollo sino potenciales miembros de la Ocde?

Como el mercado es también el del poder (no solo económico sino también político), a quienes solo interesa el poder son indiferentes a estas preguntas. Es natural que el modelo neoliberal sea conveniente a quienes tienen ya el poder y que defiendan la teoría de que esto es lo que requiere Colombia.

Pero es también obvio que a quienes les interesa solo el poder poco les interesan las ideologías; poco les importa debatir qué orientación puede tener un partido político, cuales principios o cuales objetivos.

Por eso la desaparición de los partidos políticos; y sí, por la ‘corrupción’, pero porque esa es la esencia del Modelo; ya lo había definido Adam Smith al postular que la ambición individual era la que permitiría la prosperidad general. Esa es la relación de causalidad que existe entre la desaparición de los partidos y la creciente corrupción. La habilidad no está hoy al servicio del interés general sino al de la ambición personal.

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Cuando no hay un sustrato ideológico para las decisiones no hay afiliación partidista. Se ve en todas las agrupaciones donde sus más conspicuos miembros han sido promovidos bajo el gobierno Gaviria y apoyado los gobiernos de Andrés Pastrana, de Alvaro Uribe y de Juan Manuel Santos (destacándose en esto sobre todo lo que llaman hoy Partido Liberal).

Si no nos hacemos la pregunta de ¿la economía para qué? (que es solo una forma hoy más concreta de la del Maestro Echandía de ¿el poder para qué?) no podremos combatir la apropiación de los poderes del Estado para beneficios personales; es decir, la corrupción en sus diferentes modalidades –porque hay también la corrupción en lo políticos, y si no pregúntenlo al oficialismo ‘Liberal’–.

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