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Opinión

  • | 2018/10/25 00:01

    La dependencia minero-energética

    Más allá del enorme peso para Ecopetrol, es necesario entender cómo se extiende en detalle el petróleo a lo largo de la economía.

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Si se mira agregado el déficit comercial de Colombia desde la crisis financiera internacional en 2009 hasta agosto de 2018, alcanza una suma aproximada a US$61.000 millones. Dicho nivel de desahorro se disparó después de la caída de los precios del crudo y la menor producción minero-energética por lo que bien vale la pena profundizar en las implicaciones de dicho asunto y preguntarnos cómo sería Colombia sin esa bonanza en el pasado y en el futuro.

De un lado, la recurrente contracción de la producción minero-energética completa ya 15 trimestres. Con una caída promedio de 2,5% por trimestre desde 2014. El 98% de dicho resultado se explica por la recesión de la actividad de extracción de petróleo y de gas natural, si bien desde julio de 2017 esta actividad dejó de decrecer y crece 0,6% este año.

Con todo, el impacto directo de la recesión del sector en el producto interno bruto colombiano ha sido moderado restando apenas 0,4% del crecimiento promedio del país en los últimos 4 años.

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De otro lado, si a las exportaciones colombianas que suman US$439.000 millones desde enero de 2009 se les restan aquellas del sector minero-energético, el monto baja a US$210.000 millones. Con lo cual vale la pena preguntarse, sin los ingresos de este sector, cómo podría Colombia haber adquirido los casi US$500.000 millones de importaciones de la última década. Es decir, que la actividad minero-energética ha generado casi 80% de las divisas que han financiado cerca de US$290.000 millones de compras externas desde la quiebra de Lehman Brothers.

De esas compras principalmente financiadas por las divisas generadas por el sector minero-energético, cerca de US$45.000 millones fueron para la adquisición bienes de consumo y cerca de US$78.000 millones han sido de bienes intermedios y materias primas (donde 62% se usó para producción de químicos y farmacéuticos, 12% para la actividad de producción agropecuaria de no alimenticios y 8,5% para la producción de alimentos para animales). Otros US$165.000 millones fueron usados para las importaciones de bienes de capital y materiales de construcción. Las divisas en mención se usaron así: 21% en maquinaria industrial, 25% en equipo rodante de transporte, 15% en maquinaria y equipos de oficina, entre otros.

De los bienes de consumo, intermedios y de capital financiados por divisas minero-energéticas, 95%, 91% y 60%, respectivamente, obedecen a compras externas orientadas a la economía de Bogotá. Es decir, las divisas minero-energéticas no solo permitieron compras externas cercanas a US$290.000 millones, sino que financiaron US$215.000 millones de déficit comercial de Bogotá.

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En igual sentido, el desahorro acumulado de Colombia sin exportaciones minero-energéticas sería 470% mayor al de hoy, pero sin la fuerte vocación importadora de Bogotá sería apenas 20% mayor. Por lo mismo, decir que la economía colombiana se volvió minero-energético dependiente para alcanzar el bienestar y nivel de vida de los últimos diez años esconde una verdad más preocupante: es la economía bogotana la que se hizo hiper/mega dependiente. Tal vez, por estas cifras, es que uno no logra entender cómo es que el Consejo Privado de Competitividad viene desde hace rato diciendo que Bogotá es la ciudad o región más competitiva de Colombia.

Así las cosas, la bonanza minero-energética generó las divisas, el ingreso externo y el estímulo a la demanda interna, por lo que, si el impacto directo en el PIB es moderado, el indirecto es mucho muy significativo.

Si se comprende el contexto anterior resulta menos sorpresivo ver cómo, después de la caída de los precios internacionales del petróleo, la economía ha sustituido los empleos que pagaban entre 3 y 10 salarios mínimos mensuales (se han perdido 236.259 empleos) por empleos que pagan entre 1 y 3 salarios mínimos (se han generado 236.179 empleos). El aporte de Bogotá desde 2013 en los empleos perdidos que pagaban entre 5 y 10 salarios mínimos es de 33% y para los empleos que se han perdido de más de 10 salarios mínimos es de casi 50%.

…Mientras los salarios más altos caen, Uribe quiere subir el mínimo.

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