Opinión

  • | 2018/10/11 00:01

    La crisis de 2020

    El Gobierno no tiene el capital político ni una estrategia clara para enfrentar los riesgos externos.

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La expansión en Estados Unidos desde 2009 ha sido la más prolongada de la historia. La tasa de desempleo está por debajo de 4% y la inflación todavía no reacciona. A pesar de los amagos de una guerra comercial con China y de otras torpezas de Trump, hay optimismo entre los inversionistas y los precios de las acciones superan en mucho lo que justificarían las perspectivas de ganancias de las empresas. Hay fiebre de fusiones y adquisiciones entre grandes empresas por valores exorbitantes que nunca antes se habían alcanzado.

Todo esto huele a preámbulo de una nueva crisis, y así lo creen algunos de los analistas independientes más agudos, entre ellos Nouriel Roubini de NYU, quien se hizo famoso hace una década por sus predicciones y análisis de la Gran Recesión. Junto con su colega Brunello Rosa, de la London School of Economics, han construido un escenario de una posible crisis en 2020 que debería preocuparnos en Colombia.

Dado el momento del ciclo, Estados Unidos no debería tener una política fiscal expansiva, inducida por reducciones de impuestos. En vez de tener un déficit fiscal creciente, debería tener un superávit en previsión de tiempos difíciles. También se le ha hecho tarde a la política monetaria. Los aumentos tan lentos de la tasa de interés y el balance tan abultado de la Reserva Federal no le dejarán el espacio suficiente para reaccionar ante un súbito cambio de vientos. En Europa las cosas no son muy distintas, con el agravante de una creciente polarización política que está requebrajando la armonía entre algunos países y de que es incierto el desenlace del Brexit. El dinamismo de China luce menos robusto que nunca, no solo por las agresiones comerciales de Estados Unidos, sino por los riesgos del elevado endeudamiento interno de sus empresas y los excesos de capacidad productiva.

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Por todas estas razones, según Roubini y Rosa, puede haber una crisis mundial en 2020. Es muy posible que se desencadene en Estados Unidos, dado que Trump, luchando por su reelección, estará dispuesto a cometer una estupidez bélica, a debilitar a la Fed o a cualquier otra cosa.

El panorama macro en Colombia para ese momento no está despejado. Parece difícil bajar el déficit fiscal para mantenerse en la senda exigida por la regla fiscal. En palabras de Mauricio Cárdenas, después de ocho años a cargo de las finanzas públicas: “en ausencia de nuevos ingresos, lograr este objetivo exigiría recortar el gasto aún más (el gasto del Gobierno ya ha caído en cerca de 1,5% del PIB entre 2013 y 2018), lo que sería muy costoso para la equidad y el crecimiento. Sería inevitable reducir la cobertura de programas sociales de gran importancia, así como eliminar ciertos subsidios con alto costo político. Aunque los mayores precios actuales del petróleo ayudarán a generar ingresos fiscales adicionales no previstos, esto no será suficiente.”

El actual gobierno no cuenta con el capital político suficiente ni, aparentemente, una estrategia clara para reducir el déficit fiscal. Los “combos” propuestos por el ministro Carrasquilla al Congreso han sido criticados por varios analistas por riesgosos, especialmente si se reduce la tasa del IVA. Las diferencias de opinión entre el Presidente, el Ministro y el Senador Uribe en asuntos económicos cruciales no auguran una reacción contundente y rápida para tomar medidas si llegan a ser necesarias ante un deterioro del panorama externo. Puede haber una fuga de capitales si se pierde la confianza en el manejo económico.

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Colombia superó bastante bien los amagos recientes de crisis de los mercados emergentes que empezaron en Turquía y golpearon fuertemente a Argentina. Lo mismo ocurrió en 1997 con la crisis de Tailandia. Pero no cuando vino un segundo remezón desde Rusia en 1998, y en forma inoportuna Juan Camilo Restrepo (recién posesionado como primer Ministro de Hacienda de Pastrana) decidió bajar en un punto la tasa del IVA. Poco después perdimos el grado de inversión y nos hundimos en la recesión de fin de siglo. El acuerdo que fue necesario firmar con el Fondo Monetario Internacional poco más tarde llevó a revertir esa medida.

Las condiciones macro son ahora mucho más sólidas: el tipo de cambio es flexible, los riesgos sistémicos del sector financiero son monitoreados en forma rigurosa, no hay una burbuja de finca raíz… pero sería mejor no jugar con candela.

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