Opinión

  • | 2014/09/07 12:30

    Por la puerta de atrás

    Todos esperamos que el proceso de negociación entre las Farc y el Gobierno llegue a buen puerto. Sin embargo, sin importar si lo hace o no, ya podría estar teniendo consecuencias importantes para la formación de la política económica en el país.

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El proceso de negociación en La Habana, como han dicho varios miembros del Gobierno, ha entrado en un momento crucial. Pero no solamente por el importantísimo capítulo que actualmente se desarrolla con las víctimas, sino porque en el corto plazo se va a definir si efectivamente se firma o no un acuerdo con las Farc. Todos esperamos que si se firma traiga consecuencias positivas para la sociedad y que sirva para hacer de Colombia un país mejor.

Mientras tanto, es posible que las conversaciones en La Habana estén teniendo ya consecuencias importantes en materia de política pública. Me atrevo a lanzar la siguiente hipótesis: algunas de las decisiones de política económica de este Gobierno están analizadas a la luz de las repercusiones que dicha política pueda tener en la mesa de negociaciones en La Habana.

De ser cierta la hipótesis, esto tendría consecuencias no menores para el país. Significa aceptar que las Farc ya están participando, así sea indirectamente, en el diseño de ciertas políticas adoptadas por este Gobierno, particularmente en las que uno presume más le interesan: tierras, distribución de rentas, subsidios y presupuesto nacional, entre otras. También implica que la capacidad de gestión y decisión de algunos ministros se podría ver disminuida en la medida en que el equipo negociador del Gobierno en La Habana debe “verificar” o “validar” los efectos que una decisión u otra tenga sobre las conversaciones con las Farc.

Pensaría uno también que el filtro de la mesa de negociaciones a ciertas decisiones de política económica no puede sino traer consecuencias negativas, pues es bien sabido que los intereses que se ventilan en La Habana en la gran mayoría de los casos son opuestos a lo que debe ser una política económica sana y prudente.

Ahora bien, siempre puede el Presidente de la República, en su sabiduría, entrar a decidir qué se aplica y qué no en materia de política económica, pues la decisión última recae sobre sus hombros. Este sería el contrapeso natural a una tensión en el debate entre el gabinete y el equipo negociador. Sin embargo, no solamente Juan Manuel Santos está capturado por su promesa de campaña de firmar algo con las Farc (y con una contraparte a la que le sobra tiempo), sino que buena parte de las señales que ha dado desde el día que se hicieron públicas las conversaciones con ese grupo armado han ido en el sentido de afectar lo menos posible lo que se habla en La Habana.

En aras de un bien superior, de lograr realmente un país distinto en el futuro, con una verdadera senda de paz, las consecuencias de la interferencia del proceso de negociación con las Farc deberían ser menores a los beneficios que traería, independientemente de los sapos que el resto de la sociedad tengamos que tragarnos. Eso es pensar que lo que se discute en La Habana lograría ese propósito. Pero por las pocas declaraciones que hasta el momento hemos podido conocer, por la forma como ha avanzado el proceso, por los ataques a todo opositor al proceso de paz, mi conclusión desafortunada es que en La Habana no se discute un bien superior. Se discute la desmovilización de un grupo que durante más de cincuenta años le ha hecho un daño incalculable a Colombia, en un proceso de negociación asimétrico donde las Farc tienen menos afán que el Gobierno, lo cual hace del proceso uno delicado y peligroso. Sin embargo, no tendría suficientes elementos de juicio para afirmar con mayor contundencia que esa conclusión es correcta, entre otras cosas por la falta de comunicación y conocimiento en relación con el contenido de lo que se ha discutido en La Habana. Valga la pena anotar que lo que hay para leerse en relación con el proceso, y publicado en la página de internet que se ha diseñado para ello (www.mesadeconversaciones.com.co) es la fuente oficial de la que conozco para afirmarlo.

Independiente de ello, sí creo que la inherencia que esas conversaciones puedan estar teniendo sobre la política económica colombiana, en cualquiera de sus formas, es mucho más nociva que positiva. Y me da la impresión que las Farc se podrían estar metiendo a la gestión pública por la puerta de atrás.
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