Opinión

  • | 2017/12/14 00:01

    Engañosa defensa del modelo neoliberal

    Las tasas de crecimiento no han sido mayores sino menores que las anteriores a la implantación del modelo; el objetivo mayor no se cumplió.

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Siguen las versiones o presentaciones que desconocen el fracaso como modelo de la propuesta Neoliberal.

Por supuesto lo grave de esto es que se insiste en mantenerlo y para ello se desfigura la realidad, con lo cual se justifica no hacer las correcciones necesarias.

El caso más reciente es el de ‘el aumento de las exportaciones’. La columna vertebral del modelo supone ser la ‘globalización’; es decir, el acceso a los mercados internacionales gracias a la eliminación de la intervención del Estado en el ‘Libre Mercado’.

Lo esperado es que así llegarían los inversionistas internacionales que traerían el Capital y la Tecnología para ponernos en condiciones de igualdad de competencia con las empresas que son de naturaleza transnacional.

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Esto basado en el principio de que las ventajas comparativas de cada uno de los países permiten crear un orden más eficiente en el mercado, y que con este reacomodamiento todos los partícipes ganan. El mayor crecimiento que así se lograría implicaría a su turno que tarde o temprano por ‘percolación’ –o sea cuando los excedentes de los más beneficiados lleguen a un punto de saturación– la bonanza se reflejaría en todas las capas de la población.

Se alcanzaría una sociedad más rica y como subproducto a la larga más igualitaria. En otras palabras, el resultado del modelo está condicionado al aumento de las exportaciones.

Lo que sucede es que las expectativas han fallado por todos lados. Las tasas de crecimiento no han sido mayores sino menores que las anteriores a la implantación del modelo; luego el objetivo mayor no se cumplió.

La desigualdad respecto a los países más avanzados ha aumentado. Hoy la brecha entre los ingresos del ciudadano de un país desarrollado y nosotros es cada vez mayor. Y ni se diga en relación a los países que buscaron insertarse al comercio internacional con gran intervención y dirección del Estado en vez de la libre competencia, es decir, los países asiáticos.

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Internamente lo que dice el coeficiente Gini, que mide las concentraciones tanto de riqueza como de ingreso, es que somos prácticamente el único país que no ha mejorado en esta condición, quedando además como el de mayores desigualdades en el continente y con los que tradicionalmente se compara.

Desde que se implantó el modelo tuvimos bajo Andrés Pastrana el primer ciclo de mayor recesión de la historia después del Gran Crash del siglo pasado, y ahora vivimos el segundo peor, con crecimientos inferiores a la tasa demográfica (es decir, con disminución del ingreso per cápita). Además, nunca habíamos padecido una caída tan acelerada del Producto Interno Bruto como en estos últimos tres años.

La balanza comercial nunca llegó a estar en positivo y en vez recibir excedentes de capital extranjero para manejar el aumento de las importaciones esperadas, el Estado ha acudido al endeudamiento externo, al punto que en los últimos dos años doblamos el ya desde antes exagerado endeudamiento en proporción al PIB.

Una transitoria bonanza petrolera ocultó lo errado del modelo y pareció justificar su validez, llevándonos a la típica ‘enfermedad holandesa’, que acabó con la industria y el campo. Hoy importamos 13 millones de toneladas de productos agrarios, cuando en 1990 al inicio del modelo solo requeríamos menos de dos millones; y por primera vez desde que se estudia, la industria decrece en tres años seguidos y disminuye tanto en términos absolutos como de porcentaje de participación en el PIB.

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Pero como la columna vertebral y toda la expectativa del modelo gira alrededor del crecimiento de las exportaciones, ahora nos ponen como gran titular “Aumentan en 19% las exportaciones”. Por supuesto, si esto fuera cierto y si de un año al otro pudiéramos tener estos resultados, sería lógico y valdría la pena perseverar en el modelo.

Pero, por un lado el tal crecimiento es comparado con el punto de menos importaciones desde que nos embarcamos en este camino; por otro, más grave, que, además de ser solo el ‘efecto rebote’ que viene de la caída más grande en la historia del total de las exportaciones, lo que lo ha producido ha dependido principalmente de fenómenos ajenos a nosotros, como es el mayor valor del precio del petróleo; es decir, que no está reflejando ningún crecimiento, ni nada parecido a un supuesto avance en el desarrollo del país, sino solo un efecto de los precios en los mercados internacionales.

Ahora que estamos dando un primer paso en búsqueda de la Paz para nuestra población (y que aspiramos al conocimiento de la verdad como un objetivo deseable) es indispensable no solo reconocer lo grave de las consecuencias sociales que el modelo produce (ni siquiera la relación de conexidad se estudia) sino su fracaso en el único objetivo que atiende, como es el del crecimiento económico.

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