Opinión

  • | 2019/04/04 00:01

    Empleo pleno y trabajo decente para todos

    Una utopía necesaria para orientar las políticas del país y las ciudades.

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Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecido por las Naciones Unidas para el año 2030 es que haya “empleo productivo pleno y trabajo decente para todos los hombres y mujeres”. Colombia está muy lejos de ese objetivo.

Por empleo pleno debe entenderse tener una ocupación remunerada durante todo el año, no solo de forma ocasional. Por trabajo decente debe entenderse, como mínimo, que cumpla con las normas laborales del país.

Para los hombres, el objetivo del empleo pleno y decente se cumple apenas en 22%. Para las mujeres no llega siquiera a 14%. Y esto considerando solo las 23 capitales y no todo el país. Si se incluyeran el resto de poblaciones y el campo, sería aún peor. Esta situación es lamentable, en especial si aceptamos que la mejor política contra la pobreza es la generación masiva de puestos de trabajo. Un salario estable siempre será mejor que un subsidio sujeto a vaivenes políticos.

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Es cierto que lograr plenamente el objetivo de empleo pleno y decente para todos es una utopía: sería necesario que todos los que tienen edad laboral estuvieran dispuestos a participar en actividades laborales, que nadie estuviera desempleado, que todos los empleos fueran formales y que todas las personas tuvieran goce de sueldo durante todo el año. Pero las utopías son esenciales para orientar las políticas.

A las mujeres las aleja mucho del objetivo el hecho de que solo la mitad aproximadamente participan en el mercado laboral (tres de cada cuatro hombres participan). Hay muchas razones respetables para no participar laboralmente: estar estudiando o ser jubilado, por ejemplo. Sin embargo, a las mujeres las afecta además el hecho de que muchas no consiguen empleos que les permitan conciliar sus responsabilidades dentro y fuera del hogar, debido sobre todo a la falta de guarderías cerca de sus hogares y a las dificultades para transportarse en las grandes ciudades. El machismo es aún una talanquera para el éxito de las mujeres en el mercado laboral colombiano.

Aun así, lo que más aleja a las 23 ciudades colombianas del objetivo de empleo pleno y decente es la baja tasa de formalidad de los empleos: 53% para los hombres y 42% para las mujeres (en promedio desde 2008). Y luego está el problema de que los empleos formales que hay no son estables: en promedio, los trabajadores formales en algún momento del año solo reciben pago durante ocho meses.

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Por consiguiente, la clave es la formalización de los empleos en esos dos sentidos (que haya más empleos y que sean más estables). Parte de la solución consiste en eliminar sobrecostos laborales, como las contribuciones obligatorias para las cajas de compensación y para Colpensiones o las AFP. Una pensión básica universal no contributiva lograría esto último.

Pero el hecho de que las tasas de formalidad del empleo difieren enormemente entre ciudades sugiere que eso apenas sería parte de la solución. Por ejemplo, mientras en Barranquilla o en Santa Marta solo una de cada tres personas ocupadas es formal, en Tunja lo son dos de cada tres. También es relativamente alta la formalidad del empleo en Bogotá y Manizales.

Investigaciones recientes indican que la capacidad de las ciudades para generar empleo formal depende primero que todo de que las empresas encuentren trabajadores con la diversidad de habilidades que necesitan. Y esto es así porque la generación de empleo formal es un proceso de acumulación de “capas geológicas” en el que gradualmente en cada ciudad surgen sectores más complejos (encima de los que ya hay) en la medida en que las empresas más innovadoras encuentran trabajadores con habilidades y conocimientos más diversos y especializados.

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Por consiguiente, para conseguir el objetivo del pleno empleo, es necesaria la intervención de los gobiernos de las ciudades. En especial, estos deberían ofrecer mejores servicios de capacitación laboral en consulta con las empresas de los sectores con más potencial para generar bienes y servicios más complejos. Esta es una vía promisoria para acercarse al objetivo de empleo pleno y decente para todos.

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