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Opinión

  • | 2018/04/26 00:01

    El tiempo es escaso

    El malabarismo de los colombianos para sobrevivir sin dejar de vivir.

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Los colombianos trabajan demasiado. Aunque las jornadas laborales propiamente dichas son bastante normales –en promedio 8 horas para los hombres y 7 y cuarto para las mujeres— hay que agregarle a eso los tiempos de transporte, que en promedio en todo el país son de una hora y cuarto. Pero la cosa no termina ahí: aparte de trabajar para ganarse unos pesos, los hombres, y sobre todo las mujeres, tienen que trabajar para que la casa esté limpia, los niños tengan qué ponerse y haya una comida caliente en la mesa. Las colombianas le dedican en promedio 7 horas y cuarto a las labores del hogar, y los hombres algo más de 3 horas. Considerando solo a quienes trabajan fuera del hogar, la carga de trabajo promedio de las mujeres en Colombia es de más de 13 horas, y la de los hombres 11 horas.

Por supuesto, el frenesí es más intenso si uno vive en una ciudad grande, como Bogotá, que en un pequeño pueblo o en el campo. La carga diaria de trabajo de las mujeres en Bogotá es ni más ni menos que 15 horas, óigase bien, 15 horas diarias de trabajo. Los hombres en Bogotá la pasan un poco mejor aunque no demasiado: su carga de trabajo cada día es de 12 horas y media. Estos tiempos incluyen las 2 horas que en promedio hay que gastar para ir y venir del trabajo. En el campo la vida sería más manejable: unas 12 horas de carga de trabajo si usted es mujer y apenas 10 horas si es hombre.

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La inmensa mayoría de los colombianos se conforman con esta situación. En la Encuesta de Uso del Tiempo que hizo el Dane para recoger esta información entre septiembre de 2016 y agosto de 2017 se les preguntó a los entrevistados si su carga en el hogar estaba bien distribuida. Tres de cada cuatro personas respondieron que hacen lo que les corresponde. Solo 12% de los encuestados dijo que su carga en el hogar es más de la que deberían tener y solo 16% aceptó que se recuestan en los demás. Se necesita una cierta resignación para aceptar tanto trabajo, y muchos colombianos la tienen. La cultura tradicional y machista ayuda mucho: 40% de los hombres y 36% de las mujeres consideran que el deber de los hombres es ganar dinero y el de las mujeres cuidar del hogar y la familia.

Con semejantes jornadas, parecería imposible acomodar el resto de la vida, es decir, todo aquello sin lo cual el trabajo carece de sentido: el descanso, la vida familiar, los amigos, la cultura, la participación comunitaria. Sorprendentemente, los colombianos se las arreglan para vivir: tanto hombres como mujeres en nuestro país le dedican unas 17 horas diarias a su vida personal. ¿Cómo es posible, acaso los días tienen más de 24 horas? En la práctica sí: mientras trabajan o se ocupan de la casa, hombres y mujeres hacen otras cosas: hablan con sus amigos, se informan de lo que ocurre en el mundo u oyen música. Los colombianos encuentran la forma de dedicarle más de 3 horas diarias a los medios de comunicación (desde la televisión hasta el chat) y unas 2 horas a socializar. Es lo que se llama en inglés multitasking: los hombres en Colombia hacen más de una cosa a la vez durante unas 3 horas diarias, y las mujeres durante 8 horas y media. Un interminable malabarismo para sobrevivir sin dejar de vivir.

El tiempo es flexible pero no infinito. En las grandes ciudades, como Bogotá, la gente sí sacrifica cada vez más su tiempo personal. Cuando se hizo esta misma encuesta hace cinco años, los bogotanos le dedicaban 17 horas y 45 minutos a sus actividades personales cada día. Desde entonces, el tiempo para la vida personal de los bogotanos se ha reducido en una hora y media, aproximadamente lo mismo para hombres y mujeres. Y hay más: hace cinco años 45% de las mujeres en Bogotá pasaba en promedio 7 horas y media pendientes de otras personas del hogar (aunque haciendo otras cosas simultáneamente). Ahora solo 24% de las mujeres lo hace, y apenas unas 4 horas diarias en promedio. En otras palabras, los niños y otras personas del hogar que requieren atención están siendo víctimas del ritmo acuciante de las grandes ciudades.

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Sorprendentemente, solo una de cada ocho mujeres y uno de cada doce hombres dice que el tiempo no le alcanza para todo lo que tienen que hacer un día cualquiera. Esa percepción no difiere mucho entre Bogotá y el resto del país, ni ha cambiado en los últimos años. Como suele ocurrir con los cambios graduales, pasan desapercibidos. Pero eso no significa que sean inofensivos.

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