Opinión

  • | 2018/05/10 00:01

    El tal lío de la salud

    El sistema de salud colombiano es muy exitoso, pero debe atender amenazas contra su sostenibilidad financiera.

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Casi cualquier necesidad médica cuesta mucho más dinero del que la inmensa mayoría de la población tiene a su alcance. Este hecho es más cierto hoy que hace diez años y lo será aún más dentro de diez años porque la población está envejeciendo, primero, y porque el costo de unos servicios médicos cada día más sofisticados, está subiendo más rápido que el conjunto de todos los bienes y servicios que consumimos.

Afortunadamente, como no toda la población requiere usar el sistema al mismo tiempo, la eventualidad de un problema de salud de una persona dada es un riego asegurable. Es decir, si todos pagamos una determinada tarifa anual, y hacemos bien las cuentas, vamos a contar con todo el dinero necesario para atender a la población que se enferma en ese año.

El problema que enfrenta el sistema consiste en fijar la tarifa anual que todos debemos pagar. Para ello, hay que responder la pregunta fundamental: ¿cuánto va a costar prestarle un buen servicio a la población que lo requerirá? Esto es: ¿cuántas personas se van a enfermar?, ¿de qué se van a enfermar? Y, finalmente, ¿cuánto cuesta tratar cada una de estas enfermedades?

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No obstante la existencia de muchos y muy graves problemas, lo cierto es que en Colombia el sistema de aseguramiento en salud iniciado con la Ley 100 ha sido muy exitoso. Primero, porque ha logrado la cobertura universal, es decir, ha logrado que todos estemos asegurados sin importar el nivel de ingreso. Segundo, porque ha logrado hacerlo avanzando sistemáticamente en materia de calidad.

Argumentar que el sistema de salud colombiano es bueno produce sorpresa, en el mejor de los casos, y esa indignación tan airada como típica, en el caso general y ello me consta.  Así que me explico.

En primer lugar, dejemos que hablen los usuarios del sistema. En la Encuesta de Calidad de Vida, cuya versión más reciente acaba de salir del horno, hablaron los usuarios y fueron muy claros: para el 80% de los encuestados, la calidad del servicio de la entidad a la que están afiliados es buena o muy buena, para el 20% restante es mala o muy mala. El Ministerio de Salud hace una encuesta amplia y detallada con el fin de evaluar, el desempeño de las EPS y, entre muchos otros temas, pregunta sobre la satisfacción de los usuarios y lo hace a lo largo de varios tipos específicos de servicios prestados. En 2017, muy en línea con la encuesta de calidad de vida, 78,6% de los usuarios consideran bueno o muy bueno el servicio de consulta general (4,5% lo consideran malo o muy malo y 16,9% piensan que no es ni bueno ni malo).

Los colombianos tenemos, pues, un sistema de salud equitativo, cuyos usuarios están satisfechos, en una amplísima mayoría. Hemos matado un tigre que muy pocos países logran siquiera arañar. Sin embargo, nos estamos asustando con el cuero de un problema financiero que, en comparación con lo que hemos logrado construir, es sencillo.

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Resulta que la tarifa anual que pagamos –unos US$300 por afiliado– alcanza más o menos bien para amparar los servicios contemplados de manera explícita en el contrato de aseguramiento. No alcanza, empero, para amparar los servicios que no están explícitamente contemplados en el contrato, lo que conocemos como el No Pos. El problema, entonces, es que los prestadores incurren en el costo de atender muchos servicios que no tienen una fuente de pago cierta. Estas cuentas por cobrar son, en últimas, una deuda del Estado, deuda que ha venido creciendo de manera importante. En la medida en que esta deuda pública carece de liquidez –no se descuenta en el mercado de capitales como si se descuentan los TES– es una espada de Damocles sobre la cabeza del sistema en su conjunto. Aunque el problema sustancial es encontrar la manera de financiar razonablemente el No Pos, lo cierto es que también hay un problema de liquidez.

El lío de liquidez que tiene al sistema en situación crítica es un problema chico en relación con todo lo que se ha logrado construir y es urgente que se solucione. Una posibilidad clara es convertir las cuentas por pagar del Estado en deuda pública explícita, y por ende darle automáticamente liquidez al instrumento y oxígeno al sistema.

Nota. El autor deja constancia que pertenece a la Junta Directiva de una EPS.

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