Opinión

  • | 2019/03/21 08:00

    El pulso económico on-line

    Como si de sensores en línea se tratara, los indicadores de actividad inmediatamente estiman el crecimiento.

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A finales de 2017, los indicadores de actividad económica mundial apuntaban a una actividad en las economías desarrolladas de 3,6% y de 6,1% en las economías emergentes, llevando el ritmo global a 5%, muy superior al crecimiento potencial vaticinando que durante 2018 se irían manifestando múltiples focos de inflación.

Los datos conocidos durante enero de 2018 en especial de países emergentes elevaron en pocos días más la perspectiva económica. Lo anterior fue acompañado por fuertes valorizaciones en las bolsas, y en Estados Unidos se llegó a un nivel récord en el valor de los índices accionarios. Antes que terminara el mes, hubo una fuerte corrección en los mercados de valores, sacudiendo a los inversionistas por cuenta de ese potente temor a una inflación que obligara a los bancos centrales, como la Reserva Federal, a retirar más pronto el estímulo monetario y subir menos pausado las tasas de interés.

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La turbulencia se exacerbó cuando se unió la heterodoxia. A mediados de 2018 escribí aquí una columna titulada ¿America Great Again? cuestionando el “sustancioso recorte tributario en una economía llegando al pleno empleo y con cotizaciones máximas históricas en la bolsa de valores”. A pesar del deteriorado ánimo de los inversionistas, las bolsas pudieron recuperarse parcialmente en las siguientes semanas porque la fuerte actividad económica se traduciría en muy buenos resultados empresariales y en el crecimiento de las utilidades de las compañías.

Sin embargo, en las siguientes semanas Trump reforzó su retórica antiglobalización y promovió acciones de política prometiendo acabar el déficit comercial. De nada sirvieron las constantes advertencias del Fondo Monetario Internacional, de la Ocde y del propio Banco Mundial en alertar a Trump y a las autoridades económicas americanas que esa carrera hacia una guerra comercial tendría como efecto una fuerte desaceleración económica mundial que fácilmente podría conllevar una recesión.

En una columna escrita y publicada en 2017 titulada Un 2018 que no da más espera, advertí: “la incertidumbre de la agenda de política en Washington seguirá como el mayor perturbador para los mercados financieros (…) En ese sentido hay mayores probabilidades de anuncios polémicos que sigan siendo usados para combatir los bajos índices de aceptación de la administración”.

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Entre abril y agosto de 2018 los mercados tuvieron un gran respiro, la economía americana subió el acelerador del crecimiento por encima de 4%.

Sin embargo, terminando el verano, fue evidente el marcado enfriamiento económico de China con la guerra comercial y la velocidad con que se extendió rápidamente en Asia. La actividad mundial bajó a 4%. Los efectos en Europa junto al fin del impulso fiscal en Estados Unidos y la acumulación de aumentos de las tasas de interés de la Reserva Federal llevaron a que en diciembre de 2018 los indicadores de actividad económica en países avanzados se ubicarán en apenas 1,2% y en países emergentes en 4,4%, dejando la situación global en 3%. Una cifra que se considera cercana a una recesión mundial. Los mercados se desplomaron, siendo el peor diciembre para las bolsas desde la Gran Depresión económica de 1929.

Las primeras insinuaciones de una estabilización llegan en las últimas semanas, pues la cifra global se ubica en 3,2%. Las bolsas y los mercados están ya echando al aire los fuegos artificiales celebrando la expectativa de un mayor crecimiento en la segunda mitad de 2019, esperanzados en las tasas de interés congeladas en Estados Unidos y en el fin de la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Sin embargo, Trump está más acorralado y es menos predecible, el déficit comercial de 2018 es el más alto en la última década.

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