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Opinión

  • | 2018/08/30 00:01

    El efecto aún no dimensionado de la llegada de inmigrantes venezolanos

    Un reto para el nuevo gobierno es gestionar el ingreso de ciudadanos del vecino país, así como las repercusiones en las proyecciones económicas, demográficas y sociales.

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Se reconoce la gravedad de un aumento en el número de desempleados en el país; también que afectaría la presión sobre el sistema de salud; además pesa, y puede pesar cada vez más, que lo que antes ingresaba por remesas de los colombianos hacia acá ahora será salida de divisas que enviarán la mayoría de quienes consigan trabajo entre nosotros; igual nuestra balanza comercial se está volteando y los superávits que teníamos se vuelven déficit, cuando las exportaciones –tanto legales como ilegales– fluyen en sentido contrario volteando las balanzas cambiaria y comercial; y, tal como van las cosas, con Perú y Ecuador exigiendo presentación del pasaporte y la negativa del gobierno Maduro a expedirlos, tendremos que establecer un manejo especial –más allá del multinacional– al convertirnos en receptores obligados de toda esa emigración.

Se ha tocado lo humanitario y la situación de desamparo de las personas que llegan –lo cual está muy bien–. Pero no sus repercusiones en las proyecciones económicas, sociales y demográficas para Colombia; el nuevo Gobierno se encuentra con una realidad hasta hace poco no prevista y que va tomando una mayor dimensión con el tiempo, sin que sepamos nada sobre qué piensa al respecto.

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La dependencia que llegamos a tener en materia de empleo, de divisas, y como socios comerciales se puede decir que pasó a ser parte estructural de nuestra economía.

Sin embargo no llevó a unas relaciones más formales y con criterios especiales que correspondieran a una visión de mayor proyección.

Cuando definimos los linderos marítimos con todos nuestros vecinos revivió un viejo litigio que a partir de ese momento caracterizó las relaciones volviéndolas hasta cierto punto antagónicas.

A pesar de lo ‘diplomático’ del manejo, y de la buena disposición de los gobernantes de ambos lados al no buscar exacerbar los ánimos con consignas patrioteras, la actitud general cambió, pues mal que bien existían puntos de divergencia que estaban pendientes.

Después en los respectivos países subieron gobiernos ideológicamente contrarios, lo cual consolidó un distanciamiento cuyas primeras manifestaciones fueron retóricas pero rápidamente pasaron de los discursos a los actos y ya, prácticamente declarados como vecinos enfrentados, Venezuela acabó recibiendo –aunque clandestinamente– grupos guerrilleros, mientras nosotros dábamos asilo a quien había intentado un golpe de Estado.

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Mientras en esa república nunca llegó a tener Chávez una mayoría en contra o a perder una elección, el rechazo y desaprobación en Colombia rondaba entre 80% y 90%. Con la caída del petróleo y la subida de Maduro se concretó el deterioro de la economía venezolana, lo que nuestro gobierno explotó para mostrar que había países en peor situación y de paso sostener que no solo no estábamos tan mal sino que pensar en una alternativa diferente al modelo neoliberal al cual hemos estado fieles nos podría llevar a una catástrofe similar. Con ese argumento se vendió la idea que existía un ‘castrochavismo’ que en caso de subir al poder acabaría con el país.

Hoy nos llega al Gobierno una ideología de extrema derecha, y en Caracas rige una cuasidictadura de izquierda que manda con el poder militar. Pero ambos países enfrentan una terrible crisis económica y social, la de allá que ya explotó y la de aquí apenas revelándose, pero bastante reconocida. Y ambos con una situación de polarización que hace casi imposible la gobernanza.

Ambos tienen la tentación del enemigo externo para distraer a la población de los problemas que enfrentan. Por supuesto, más allá que aquí, pero agravándose aquí con la llegada de inmigrantes, dado que las condiciones anteriores ya creadas por la simple inercia nos llevaban a una especie de guerra fría.

Cómo se debe manejar la situación de los inmigrantes dentro de este contexto es otro tema que el Gobierno no ha tocado, cuando, ya sea como pretexto o por accidente, cualquier incidente pueda ‘calentar’ esa relación.

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