Opinión

  • | 2018/03/01 00:01

    Diversificar las exportaciones

    Para alcanzar el crecimiento potencial de Colombia, será esencial acelerar el crecimiento de las exportaciones no petroleras ni mineras.*

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Las noticias del Dane sobre crecimiento del PIB en 2017 fueron ambivalentes. Por el lado positivo, el crecimiento para todo el año fue de 1,8%, en el rango superior de las estimaciones previas. Por el negativo, la expansión durante el último trimestre fue de 1,6%, por debajo del tercer trimestre, reestimado en 2,3%. De hecho, el del último trimestre fue similar a las cifras revisadas para el primer semestre del año.

Los datos confirmaron también la heterogeneidad sectorial en términos de crecimiento: al lado de cifras positivas para agricultura, obras civiles y servicios financieros, la industria manufacturera y las edificaciones tuvieron un comportamiento deplorable. Sin embargo, la agricultura tuvo un año muy bueno, pero el crecimiento de la última década (2007-17) es apenas 2% anual. En la industria, la caída se dio después de un registro positivo en 2016, pero el crecimiento promedio de la última década ha sido inferior a 1% anual.

El crecimiento lento muestra la debilidad de la demanda interna. La política monetaria ha pasado a ser moderadamente expansiva y sus efectos se sentirán a lo largo del año; algo más se podrá hacer si la inflación sigue su senda descendente. La política fiscal recibirá beneficios de mayores ingresos petroleros, pero tendrá que seguir una senda de ajuste del gasto.

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La dificultad para reactivar la demanda interna resalta la importancia del sector exportador como motor del crecimiento. A ello se agrega su importancia para consolidar unas cuentas externas sanas. Este es un tema sobre el cual se ha avanzado, pero no hay márgenes para déficits en cuenta corriente más elevados. Las importaciones que demanda el crecimiento deberán ser satisfechas por mayores exportaciones.

En 2017, gran parte de la mejoría en la cuenta corriente estuvo asociada a los mejores precios del petróleo. En 2018 están aún mejor que el año pasado, pero la tendencia alcista se ha frenado. Por otra parte, no se esperan mayores volúmenes de exportación del crudo en los próximos años.

Por lo tanto, no habrá expansión económica sostenida si no se logra un crecimiento rápido de las exportaciones no petroleras. En este campo hay que revertir el deterioro que tuvo lugar durante la última década como resultado de la revaluación que generó la bonanza petrolera y la debilidad de algunas economías vecinas. Las exportaciones no petroleras ni mineras de 2017 estuvieron apenas a los niveles de hace una década: las de manufacturas más bajas que entonces y las agrícolas más o menos al mismo nivel; las únicas que han aumentado son las de servicios, especialmente de turismo.

La buena noticia es que todos los rubros están ahora en ascenso. El desafío es acelerar esta tendencia. Una meta simple que el país debería adoptar es lograr un crecimiento de 10% de dichas exportaciones. Esto es consistente con una expansión del PIB de 4% (cifra que considero cercana al crecimiento potencial) y con la participación de dichas exportaciones en las ventas externas de bienes y servicios (poco más de la mitad en 2017). El año pasado, su crecimiento estuvo por debajo de 7%, de tal manera que no alcanzamos todavía ese objetivo.

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La diversificación exportadora debe ser, por lo tanto, uno de los principales objetivos de la política económica durante 2018 y del gobierno que resulte electo. Para lograrlo se necesita un paquete amplio de políticas. La primera es crear una mayor oferta exportable, un área en la cual el país retrocedió durante la década del auge petrolero, y garantizar que llegue a los mercados internacionales.

Para ello se necesitan unos ministerios sectoriales muy activos, que pongan a funcionar eficientemente a sus institutos (ProColombia, Bancóldex, Finagro). La consolidación de los procesos de integración económica latinoamericana es la mejor oportunidad, en particular para las exportaciones manufactureras. También hay que usar los TLC con países desarrollados con este propósito y diversificar nuestras exportaciones hacia los mercados más dinámicos, en particular China.

Una política de ciencia y tecnología más dinámica tendrá que ser un complemento esencial de esta estrategia: será necesaria para garantizar un aumento en la productividad y mejorar la calidad de la canasta exportadora. Esto exige aumentar el gasto en ciencia y tecnología, que es apenas de 0,2% del PIB, un monto vergonzoso para los patrones internacionales.

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Por último, será esencial mantener una tasa de cambio competitiva. Este ha sido, de hecho, el aporte más importante del Banco de la República a la incipiente recuperación de las exportaciones no petroleras ni mineras.

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