Opinión

  • | 2018/11/22 00:01

    Crisis de identidad

    Cada Plan de Desarrollo apunta al legado de cada gobierno con una vocación de mediano plazo, pero termina en el menudeo.

COMPARTIR

Cerrar la brecha, lograr la integración social, generar un cambio con equidad, priorizar la economía social, hacer una revolución pacífica, dar el salto social, construir la paz, alcanzar un Estado comunitario, producir prosperidad para todos y unirnos por un nuevo país sintetiza cada mega del gobierno por el que se ha trazado la bitácora de políticas públicas desde 1974 alrededor de cada periodo presidencial. El éxito de los planes de desarrollo lo juzga cada lector entorno a cuál de esas caracterizaciones hoy son satisfactorias o fueron cumplidas y Colombia da por superados esos elementos en el desarrollo de su identidad como Nación.

El desarrollo pareciese demorarse tanto que habría que preguntarse por millonésima vez que es lo que hacemos tan mal para navegar en círculos y sin brújula. Aunque siempre, sin importar quien es la cabeza del Estado, sigamos haciendo una oda a la equidad pues aquí continuamos aspirando a un país menos determinado por castas. Como si ello fuera un anhelo imposible y esquivo cuando no innecesario o absurdo.

Le recomendamos: La dependencia minero-energética

Hace cerca de 23 años, el país empezó a discutir el Estatuto de la Oposición por el cual “el Gobierno quedaba legalmente obligado a escuchar el criterio de la oposición antes de formular sus políticas generales sobre desarrollo, relaciones exteriores y defensa naciona, dando a la oposición unos deberes y unas responsabilidades como la de propender por el logro y mantenimiento de la paz, la de colaborar para el funcionamiento de las instituciones y la de no obstaculizar el normal desempeño de la actividad estatal”. Lo que el presidente Duque llama hoy, tras 100 días de gobierno, dejar de lado el activismo de la protesta hacia la propuesta.

Esta invitación del Presidente llega ocho años tarde, cuando ya no le sirve sumarse a la polarización. Porque para un analista independiente la férrea, radical y sin tregua oposición del expresidente Uribe al entonces Presidente Santos debe juzgarse por si mejoró la política pública o la empeoró. Aunque Santos se despidió igual que como llega Duque, diciendo que no se gobierna por encuestas y que la popularidad se sacrifica responsablemente por los más altos intereses de la Patria, lo cierto es que el de Santos fue un gobierno a la defensiva, a veces acorralado, con mucha menos gobernabilidad que lo que decían sus curules en el Congreso y repartiendo mermelada sin sonrojo para tener tracción o maniobrabilidad.

A esto se le llama errores forzados. Todo indicio de protesta o confrontación popular o social a Santos era motivo de apoyo irrestricto de Uribe. El creciente desgobierno solo podía contenerse con mermelada. La exigente mermelada luego era atacada por Uribe y ello profundizaba la impopularidad de Santos. Así fue, en general, sin desconocer casos puntuales como que el Acuerdo modificado de Paz al final fue mejor que el alcanzado antes del plebiscito gracias a la oposición.

No se pierda: Razón tiene Carrasquilla

Pero la creciente sensación de que el nuevo gobierno tiene una crisis de identidad radica en que hoy tiene que coincidir con muchas propuestas y retomar elementos de política pública que propuso Santos, a pesar de que en su momento generó absoluto rechazo y gran indignación en el partido del nuevo gobierno. Es decir, ahora se confronta a su anti reflexiva oposición.

El colorín colorado de este cuento no se ha acabado. Y si la nueva oposición son los Verdes, el Polo Democrático o la Colombia Humana, esta historia les trae advertencias y lecciones de aprendizaje.

El país no avanza, no solo por malos gobiernos, sino también por las perversas formas en que se han ejercido los deberes de quienes hacen la oposición. Centrados en la protesta, no en la propuesta; en el antagonismo y personalismo, no en el patriotismo.

También obedece a los cálculos electorales, donde el debate no se hace diciendo los verdaderos y muy serios problemas que demandan diversos sacrificios y esfuerzos por muy impopulares que sean, sino sobre generalidades que deben ser tratados como banalidades y con formulaciones que demandan del Gobierno solo sus voluntades.

¿Será Colombia capaz de reformar su política fiscal? Si su respuesta es no, entonces sigamos como en estos 40 años burlando a la equidad.

Le recomendamos: ¿Propuestas de suma cero?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 555

PORTADA

Los mejores colegios de Colombia en 2018

Estudiantes de unos 13.000 colegios presentaron las Pruebas Saber 11 este año. Sus resultados son la base del ranking anual de Dinero, que en la presente edición destaca aquellas instituciones con los puntajes más altos en matemáticas e inglés.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en DINERO Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com
Su código de suscripción no se encuentra activo.