Opinión

  • | 2018/05/24 00:01

    Cómo votar

    Para tomar la mejor decisión, al momento de llegar a las urnas invoquemos la razón y no las emociones; el país está dividiéndose de forma peligrosa, como en 1948.

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Toda la literatura política argumenta que las emociones son determinantes a la hora de escoger por quién voto. En Estados Unidos, los partidos políticos han enfocado su estrategia electoral hacia las poblaciones que tienen criterios electorales miopes, unidimensionales. Han descubierto que es más fácil capturar el voto de quienes tienen un asunto que los obsesiona de forma desproporcionada, que armar una plataforma coherente que avance hacia una agenda nacional.

Votar ha dejado de ser la selección idealista de un líder con el carisma y capacidad de unir diferentes mayorías para lograr resolver de forma legítima complejos problemas o para desarrollar estrategias que guíen el futuro del país. Ni siquiera en algo tan obvio como el control de los cultivos ilícitos logramos avanzar consistentemente. Ahora en política lo que importa son temas puntuales, en mi opinión, poco relevantes en comparación con los retos enormes que enfrenta Colombia. Por ejemplo, que debatan y hablen una y otra vez sobre la dosis personal, la libertad de género, el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo y la libertad de las mujeres para procrear son las típicas manipulaciones del electorado copiadas de Estados Unidos. Ni siquiera son temas nuestros, como sí lo son la discriminación y el racismo que sufren las poblaciones indígenas. Esto ni se discute.

En Colombia parejas del mismo sexo que adopten o tengan hijos son pocas, mientras que en un solo año en La Guajira se mueren cerca de cien niños por falta de agua potable, sed y desnutrición. Si la calidad de vida de nuestros niños en la infancia no es lo que nos preocupa, ¿cuál es el debate prioritario?

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Por eso, es claro que tiene mucho más sentido votar con base en los temas que sí son determinantes del futuro de nuestro país. Seguridad y orden público siguen siendo prioritarios. La tasa de homicidios en Colombia, a pesar de todos los esfuerzos y reconociendo los enormes avances, sigue ubicándonos entre el 15% de los países más violentos del mundo. Países que en medios de comunicación parecen violentos como Pakistán o México tienen tasas de homicidios menores que Colombia. La de Pakistán es menos de la tercera parte de la colombiana y la de México es casi 20% menor. El acuerdo con las Farc les ha salvado la vida a miles de campesinos y soldados y de paso ha puesto en evidencia que esa no era la principal fuente de violencia desde hace años.

El problema está en el número de jóvenes entre 15 y 18 años que se quedan por fuera del sistema educativo y no tiene ocupación alguna. La cifra es tan alta que Colombia está en el mismo nivel de Venezuela. Estos son los jóvenes que alimentan las pandillas y estructuras proclives al crimen y la violencia. Son estas las adolescentes que más frecuentemente se embarazan de forma temprana: madres solteras, probables víctimas de abuso que reproducen en sus hijos estas violencias crónicas. Esta población es la crítica y no vota; son más de medio millón de adolescentes que pueden estar tomando un mal camino.

Inglaterra es uno de los países exitosos controlando estos fenómenos. Su estrategia se centró en la prevención de la violencia intrafamiliar. El Estado se organizó para detectarla de forma temprana e intervenirla desde múltiples ángulos: el supraministerio de asuntos internos (Home Office) controla educación, salud, servicios sociales, vivienda y seguridad ciudadana (incluida la policía).

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He aquí nuestro segundo reto: la violencia tiene como su principal antídoto que no se permita la impunidad; un sistema de justicia ordinaria independiente, prístino y efectivo. ¿Quién es capaz de movilizar nuestros más honestos y competentes jueces –que sí que los hay– para con ellos construir los acuerdos sobre cómo reconstruir la rama judicial de su mano?

Y nada de esto es sostenible si no se genera crecimiento económico y sostenibilidad fiscal. La riqueza de Colombia es su gente, sin innovación y aumentos en la productividad de nuestras empresas no se ofrecerán suficientes oportunidades para tantos jóvenes que las necesitan. Y sin ingresos suficientes no se puede hacer nada, Colombia necesita mínimo 18% del PIB en impuestos; el 14% actual es insuficiente: la corrupción y la evasión son una tronera enorme, pero no es algo que se resuelva fácilmente ni en el corto plazo.

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He aquí una razón urgente para que quien gobierne garantice despolitizar y profesionalizar la justicia, Medicina Legal, el Inpec, las gerencias de las cárceles, el Icbf, la Supersalud y las redes hospitalarias, la Dian, el Igac, la Supernotariado, el ICA, el Invima y la Policía.

Solo quien sea capaz de sellar un acuerdo nacional para separar de la política la gestión de estas entidades podría encaminar al país hacia el futuro digno y exitoso que sin duda construiremos si nos unimos.

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