Opinión

  • | 2018/05/24 00:01

    ¿Cómo pasará Santos a la historia?

    Aunque algunos resultados se podrían mostrar como positivos, el escepticismo se convierte en franco rechazo.

COMPARTIR

Lo primero es que sí pasará a la historia; esta había sido su obsesión o fijación de toda la vida y lo logró.

Pasará por haber firmado un ‘Acuerdo de Paz’, y porque, habiendo entendido desde que accedió a la presidencia que con esto lo lograría, lo adelantó sin desviarse con otras preocupaciones.

El logro –y es un gran logro por el cual todos los colombianos debemos estar agradecidos– fue la negociación para que se desmantelara y desarmara la insurgencia de las Farc.

Pero diferentes aspectos o interpretaciones pueden ir más allá del simple reconocimiento que supone el otorgamiento del Nobel de Paz, título que ya nadie le quitará.

Porque aunque es probable que después se olvide, el mismo Santos ha sido el Presidente con menor aprobación de su gestión en los registros de historia del país. Eso, por supuesto, puede llamar a la búsqueda de explicaciones respecto a esta contradicción.

Lea también: Otra mirada a las cifras del agro

Una de ellas, ya mencionada, es la desatención prestada a los otros temas que preocupan y afectan a la población, lo que incluye principalmente los aspectos sociales (quedaron pendientes todas las reformas reconocidas como urgentes: a la Justicia, a la Salud, a la Educación, la electoral, el Estatuto del empleo, etc.), pero también el caos político y la polarización que deja como legado. Respecto a esto último es claro que más responsable –o irresponsable y culpable– ha sido Álvaro Uribe, pero en la calificación del periodo presidencial no se analiza a fondo las causas sino los resultados.

También en lo económico –así sea compartido con sus antecesores– el continuismo del modelo neoliberal de desarrollismo a ultranza propició la transformación a una economía basada en la extracción de los recursos naturales que acabó con los sectores generadores de riqueza y valor agregado (agricultura y ganadería). Se le reconoce el haber sorteado pasablemente bien la crisis mundial y regional causada por la baja de los precios del petróleo y de las materias primas, pero solo desde el enfoque macroeconómico: en cuanto al aparato productivo sufrimos un descalabro grande, y en cuanto a indicadores sociales como desigualdad, desempleo, seguridad, no avanzamos prácticamente nada (y peor aún, si se compara con los avances de los países vecinos –excluyendo Venezuela–).

Y hablando de Venezuela, le sirvió al Gobierno –y ahora a quienes aspiran al continuismo y que nada cambie en el país– para mostrar que hay posibilidades peores. Pero también para la historia esas comparaciones no se registran, en cambio su consecuencia sí: sus males acabaron siendo un mal para nosotros pues los emigrantes –en su mayoría colombianos residentes allá– han agravado todos los problemas sociales que ya padecíamos.

Le recomendamos: Manipula, manipula que de la manipulación algo queda

Otro aspecto que se deriva de lo extraño de esa contradicción es el porqué del mismo Nobel. De hecho fue otorgado en el momento que había sido rechazado el Acuerdo de la Habana por el plebiscito donde la mayoría votó por el NO. Aún no se habían suscrito las modificaciones del Acuerdo del Colón y menos iniciado el trámite en el Congreso y la Corte Constitucional que los resucitaría. También es inusual que esa distinción se entregue únicamente a uno de los firmantes de un acuerdo de paz. Fue este el salvavidas que permitió seguir adelante con los cambios que se supone después se acordaron con los insatisfechos con las partes del pacto inicial. Pero como explicación se le puede buscar a todo, la distinción que otorga el Comité noruego podía ser vista como resultó, la instancia que legitimaría y relanzaría desde esa jerarquía el proceso adelantado; o, en caso de que eso no prosperara, ser visto como un premio al esfuerzo personal como el de los que se oponen a los tiranos aunque no los derroten; pero también tenía que ser una jugada para que no se borrara sin pena ni gloria la participación de Noruega que había sido garante, acompañante y financiadora de todos los gastos de las Farc –incluyendo la asesoría jurídica–.

En el fondo hay razones más claras para que en el país no tenga Santos el mismo reconocimiento que en el exterior. Ante todo, porque el Acuerdo de Paz no es la Paz. El aspecto vivencial no lo conocen en el extranjero. Los territorios donde se desarrollaba el conflicto han sido beneficiados pero para el resto de la población poco ha cambiado, puesto que nada más ha cambiado. Como lo prometió el Presidente, no se tocan el modelo económico, ni el modelo político, ni el modelo de desarrollo; si no cambian las causas pueden cambiar las expresiones –más caos– pero no aparecen las soluciones.

Y los esfuerzos por mostrar resultados que no existen –no solo respecto a la paz en sí misma sino en el seguimiento de lo que se prometió– han creado la sensación de que todo es un engaño, al punto que, aunque algunos resultados se podrían mostrar como positivos, el escepticismo se convierte en franco rechazo.

No se pierda: ¿Desplazará el capitalismo chino al capitalismo americano?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 554

PORTADA

¿Qué está pensando Alberto Carrasquilla?

La propuesta de ajuste tributario que el Ministro de Hacienda le presentó al país parece no haberle gustado a nadie. ¿Hacia dónde nos quiere llevar quien es considerado por muchos uno de los mejores economistas de la región?

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en DINERO Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com
Su código de suscripción no se encuentra activo.