Opinión

  • | 2018/02/01 00:01

    Cómo mueren las democracias

    Sería fácil utilizar motivaciones religiosas para movilizar la intolerancia política y abrirle espacio al autoritarismo.

COMPARTIR

Un golpe de Estado liderado por militares era la forma más frecuente de instaurar una dictadura. Pero ya no es así. Actualmente, las dictaduras mueren en manos de un líder populista elegido en forma democrática, que gradualmente desmonta los mecanismos de control independiente del Ejecutivo y silencia a sus críticos. Alberto Fujimori, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa son ejemplos cercanos, cuyo tenebroso legado condicionará por mucho tiempo la vida de peruanos, venezolanos, bolivianos y ecuatorianos.

¿Podría pasar en Colombia? ¿Es posible identificar entre los candidatos a la presidencia a potenciales dictadores? En un libro que acaba de ser publicado, que lleva el mismo título de esta columna, dos profesores de Harvard (Steven Levitsky y Daniel Ziblatt), han construido un test muy sencillo para responder estas preguntas.

Deberíamos preocuparnos cuando un político que aspira al poder hace alguna de estas cosas:

  1. Rechaza, en palabras o con sus acciones, las reglas del juego democrático
  2. Niega la legitimidad de sus opositores
  3. Tolera o incentiva la violencia
  4. Sugiere estar dispuesto a restringir las libertades civiles de sus opositores, incluyendo los medios de comunicación.

Gustavo Petro y Alejandro Ordóñez muestran varios de estos rasgos preocupantes. Iván Duque pasa esta prueba de manera impecable, pero no su jefe político, con quien ha prometido hacer llave para gobernar. Por lo tanto, está abocado a traicionar a su jefe o a traicionar los principios democráticos.

Los partidos políticos deberían servir de guardavallas para evitar la intromisión de candidatos con inclinaciones autoritarias. Es tranquilizante que Gustavo Petro no haya sido aceptado en ninguna de las grandes coaliciones y que en la consulta del 11 de marzo compita con un candidato irrelevante. En cambio, es muy inquietante que el Centro Democrático y los pastranistas hayan aceptado competir con Alejandro Ordóñez.

No sería difícil utilizar motivaciones religiosas para movilizar la intolerancia política de los colombianos e instaurar un régimen autoritario.  Para encender los ánimos autoritarios de los creyentes basta con centrar la discusión pública en temas como la eutanasia, el aborto, o el matrimonio y los derechos de adopción de parejas del mismo sexo. Aunque estos temas son prácticamente irrelevantes como derroteros de las políticas públicas, pueden servir de excusa para eliminar los derechos políticos fundamentales. La razón es que, en Colombia, dos de cada tres católicos y evangélicos no se opondrían a que quienes hablan mal del sistema de gobierno no tengan derecho a votar, a hacer manifestaciones pacíficas, a postularse a cargos públicos o a dar un discurso por televisión (según datos del Observatorio de la Democracia).

Con un electorado tan ignorante y tradicionalista como el colombiano (según Polimétrica, 48% de los colombianos no creen en la evolución de las especies, 72%  no saben o no creen que el universo empezó con el Big Bang, y 53% consideran que el sitio de la mujer es el hogar), la lucha por el voto basado en identidades religiosas es un juego que puede ser tan rentable para los candidatos populistas como peligroso para la democracia.

Aunque les costará algunos votos, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle han sido explícitos en su defensa de los derechos de los homosexuales (aunque no del aborto). Iván Duque ha evadido los temas de tinte religioso, pero no podrá evitarlos durante los debates previos a la consulta. Con su estilo solapado, Germán Vargas habla de crear un Ministerio de la Familia pues “la familia es la mejor apuesta de nuestra nación”, sin mencionar para nada el aborto, el matrimonio homosexual o la adopción igualitaria.

Lea también: Populismo de centro.

Pero los temas religiosos son apenas uno de los posibles recursos a disposición de los líderes con inclinaciones autoritarias. El terrorismo, las desigualdades de ingreso o la corrupción son excusas que usaron en su momento Fujimori, Chávez, Morales y Correa para desmontar las instituciones democráticas. Habrá que estar alerta para contener los riesgos del autoritarismo. No nos dejemos obnubilar con el contenido de las plataformas electorales. Recordemos el test de los profesores de Harvard para aplicárselo a los candidatos presidenciales.

También puede interesarle: Inequidad y populismo.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 539

PORTADA

La ganadería hace un milagro en la altillanura de Vichada

Una profunda transformación ganadera se está gestando en Vichada, donde se podría consolidar la producción de entre 100.000 y 300.000 reses para carne de exportación. Su efecto demostración puede impactar 5 millones de hectáreas.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en DINERO Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación