Opinión

  • | 2019/01/24 00:00

    Comercializar o engañar

    La evidencia empírica sobre cómo la mente humana puede ser manipulada debería obligarnos a repensar las reglas de juego en la ciencia política y la teoría económica.

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Los derechos fundamentales fueron pensados y diseñados cuando era físicamente impensable acumular los datos e información sobre gustos y decisiones de miles de millones de individuos y utilizar esta información para influir en su comportamiento. Las tres gigantes de Silicon Valley hoy día manejan y comercializan nuestras vidas, movimientos, intereses, gustos, deseos, caprichos, ideas y decisiones segundo a segundo. Todo indica que esto podría abrir la puerta a estrategias de comunicación con niveles de sofisticación tal, que podrían considerarse ya intromisiones en la mente y la privacidad de los individuos. Esto no solo afecta al consumidor sino que puede ser también determinante en el comportamiento de votantes y activistas políticos.

Deberían diseñarse marcos normativos que protejan nuestros espacios mentales de decisión, consumo y participación política, indistintamente de qué tan primarios seamos. Que nos manipulen y desinformen, con base en información privada generada en la intimidad de nuestros hogares y en la interacción con el mundo informático que nuestros celulares o computadores permiten, hacen del juego por el poder algo cada vez más desigual. Por esto deberían existir ciertas garantías de privacidad y ciertas restricciones en la comercialización de datos, indistintamente de que dejemos un supuesto consentimiento informado, que nadie en su sano juicio se lee. Esto debe ser un derecho fundamental y parte de las regulaciones tributarias y comerciales a las que estos poderosos negocios deberían someterse. La realidad va en otro sentido: todas estas poderosas del mundo informático y sus plataformas omnipresentes ya están planchando en la región las leyes y regulaciones en desmedro de la verdadera libertad ciudadana.

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¿Si comercializan nuestros datos no deberíamos conocer a quién se los venden, qué les venden y cómo lo van a usar? Esos datos todos tiene origen en Colombia y el ingreso que generen debería ser ingreso de fuente nacional y, por ende, tributar en Colombia. No podemos dejarnos arrodillar como ya ha sucedido con el IVA a las aplicaciones informáticas (software) donde aceptamos que solo pagarán IVA sobre el valor del medio físico en el que llegaban. Debatimos el IVA al huevo, pero todas estas transacciones millonarias no tributan nunca nada.

La información que se extrae de estas enormes bases de datos va más allá de cualquier técnica comercial antiguamente usada. La literatura científica sobre neurología y ciencias del conocimiento están demostrando que esos espacios mentales privados, inviolables, donde vivimos y decidimos nuestras vidas ya no son ni tan privados, ni tan inviolables. Todo indica que nuestras emociones y creencias pueden ser manipuladas estratégicamente de múltiples formas, con información sesgada, imágenes o mensajes y en casos extremos literalmente modificar cómo percibimos el mundo a través de introducir electrodos en nuestros cerebros. Terapias contra la depresión han sido exitosas utilizando estos métodos.

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La manipulación de la mente humana es una nueva frontera. El mercadeo y su influencia en los consumidores es algo que hemos tolerado por muchos años. El arte del marketing nos permite aceptar que la caja del Dolex (o cualquier otro de esos medicamentos) aparezca con dos pastillas, como si esta fuese la dosis, cuando probablemente una pastilla era suficiente; o la untada del cepillo de dientes con un montón de crema como si esto fuese lo que hace la diferencia; cuando en realidad es la económica seda dental la que de verdad sirve para proteger nuestros dientes. Estos nos parecían trucos, pecadillos veniales que hacían los negocios más rentables.

Todo parece indicar que estas grotescas estrategias con las que nos manipulan ya se están utilizando en Colombia. Varios medios de comunicación han publicado, como noticia, publirreportajes sobre la maravilla que son estos nuevos medicamentos contra el dolor. No mencionaron las demandas multimillonarias que esas farmacéuticas han perdido en Estados Unidos por haber desinformado al público. Sus productos son adictivos y el cuerpo rápidamente desarrolla tolerancia lo que hace que el consumo crezca aceleradamente.

El cómo nos protejan de la manipulación de nuestras mentes determinará si el consumo y la democracia son motores del progreso o de la opresión.

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