Opinión

  • | 2015/11/25 19:00

    Víspera Inflacionaria

    La inflación se elevó de manera importante y generalizada. El ajuste monetario que se inicia será más costoso entre menos coopere el resto de la sociedad con el Banco de la República.

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En cuanto a la inflación colombiana, la historia que narran las cifras difícilmente podría ser más elocuente en tres temas. Primero, ellas cuentan que hay un problema. Dos, ellas añaden que el problema ha venido creciendo. Tres, ellas sugieren que conviene ir ordenando ideas y pensando estrategias.

La meta fijada en un máximo de 4% anual se comenzó a incumplir hace varios meses. Lo importante es que ya resulta claro que no se trata de un problema acotado en los alimentos. Esto se comprueba mirando cualquiera de las 4 definiciones alternativas de lo que es la inflación que usa el Banco de la República con el fin de separar la espiga del tallo. Tampoco se trata de un problema acotado en la devaluación: lo cierto es que los bienes y servicios no transables internacionalmente también se están inflando por encima de la meta general.

Segundo, el problema ha venido creciendo de manera moderada –hasta sibilina– pero absolutamente sistemática. Desde octubre de 2014, la inflación ha subido 260 puntos básicos sin tregua ni respiro. Las diferentes medidas de inflación esperada sugieren que la gente, en general, se está desmarcando del anhelado 3%. En la encuesta de opinión financiera de Fedesarrollo, por ejemplo, los expertos encuestados suben su pronóstico inflacionario para 2015 de 3,4% en febrero a 5,6% en octubre. Adicionalmente, en el último año las tasas de interés cero cupón, implícitas en los TES transados en el mercado, han subido 147 puntos básicos en el caso del papel a cinco años, mientras que las tasas de los TES indexados al UVR no han cambiado mucho, lo cual sugiere que las expectativas de inflación están moderadamente al alza.

Tercero, los niveles y, sobre todo, las tendencias inflacionarias no son buenas noticias para el país. Por fortuna, la Junta Directiva del Banco de la República ha dado una señal clara en el sentido de que está seriamente comprometida con sus objetivos, elevando dos veces la tasa de intervención y anunciando reglas de intervención cambiaria simétricas y totalmente consistentes –para bien o para mal– a las que ya ha usado. Este es un paso ineludible en el camino de atajar la bestia antes de que se nos vuele. 

Conviene tener muy claro que esta indispensable política de contracción monetaria puede tener elevadísimo costo si el resto de la sociedad decide actuar como si la necesidad de controlar la inflación no existiera. Me explico. 

Hay que distinguir entre el nivel de precios –que no es el objetivo de la política monetaria colombiana– y la inflación, que sí lo es. Hay dos razones. La primera, porque el nivel de precios sufrió un brinco importante y su punto de aterrizaje lleva implícita una tasa de cambio mucho más débil, un precio del petróleo mucho más bajo y unos precios agrícolas mucho más altos, comparados con el viejo nivel de precios. La segunda razón es que eso importa cuando el objetivo es el nivel de precios y no importa cuando el objetivo es la inflación.

De manera indiscutible, el salto inesperado del nivel de precios perjudicó a mucha gente. El salario real cayó, con efecto en la capacidad adquisitiva de millones de hogares. La tasa de interés real también cayó, perjudicando millones de ahorradores, y así sucesivamente. Estos costos generan inconformidad y se eleva lo que podríamos llamar la demanda –colombianísima– por resarcimiento. Suponiendo que la sociedad considera “justo” este resarcimiento, y a mí no me cabe duda que así será, creo que hay maneras buenas y maneras malas de implementarlo.

La peor manera de implementarlo es a través de un ajuste de los contratos nominales que incorpore el monto total del salto en el nivel de precios y la mejor manera es transferir ese monto, digamos unos 2 puntos porcentuales, por una única vez y sin consecuencias permanentes. 

En el caso salarial la peor idea es incorporarle al salario de 2016, y por ende a todos los subsiguientes, el salto de nivel observado en 2015. Eso equivale a confundir un brinco en el nivel de precios con una elevación de la inflación y puede volverse una profecía autorrealizada, a menos que la indexación así construida sea derrotada por una contracción importante de la demanda agregada. Lo cual me lleva al principio: el costo del ajuste monetario que afortunadamente se inicia va a ser más alto entre menos cooperemos con el Banco Central.
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