Opinión

  • | 2018/04/12 00:01

    ¿Desplazará el capitalismo chino al capitalismo americano?

    Las decisiones de China y EE.UU. de cobrar aranceles no son el comienzo de una confrontación comercial sino la continuidad de una competencia entre dos modelos de capitalismo.

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Se ha dado mucha importancia a la decisión de Trump de cobrar aranceles sobre el acero y el aluminio para proteger la industria americana. Afecta esto a varios países, pero sobre todo a China; tanto que se habla de que se ha desatado una guerra comercial porque el gigante asiático a su turno gravó con aranceles 180 productos americanos.

La verdad es que esto no es el comienzo de una confrontación sino la continuidad de una competencia entre dos modelos de capitalismo.

De un lado está lo que sería un ultraliberalismo más definido ya como neoliberalismo, en el cual rige en forma absoluta el mercado y la libre competencia, desapareciendo hasta donde es posible la intervención del Estado. Este modelo que ha funcionado durante los últimos 20 años no solo en los Estados Unidos sino en toda su órbita de influencia ha sido un fracaso ya reconocido incluso por sus más caracterizados promotores que irían desde el Banco Mundial hasta The Economist. Sobra extenderse sobre los efectos negativos de aumento de las desigualdades, de las afectaciones o daños colaterales al medio ambiente, o de los movimientos de indignados y similares que han protestado contra sus resultados. Esto sin que por otro lado hubiera llenado las expectativas de grandes crecimientos, puesto que los periodos similares anteriores; es decir, entre 1960 y 1985, el crecimiento de los países de occidente (o sea de los mismos países pero bajo otro modelo) fue bastante mayor.

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El contraste es con lo que se ha llamado el capitalismo de Estado representado por el modelo de los antiguos regímenes comunistas asiáticos como Vietnam y especialmente China. Estos han mantenido crecimientos del orden de 9% del producto bruto aun en momentos en que el resto del promedio del mundo no llegaba a 3%. Por eso, lo que se ha desatado ahora es lo que el mismo Trump ha declarado como “hacer América grande” en un momento en que las reglas de ese ultraliberalismo que se había impuesto han sido superadas por el sistema también de competencia pero manejada desde un Estado no democrático sino centralizado y planificador.

Estados Unidos se ha replegado en un proteccionismo –etapa anterior del capitalismo librecambista- para adelantar los embates desde lo que Carlos Caballero llama ‘doctrina político-económica’ del mercantilismo. O sea, en la cual la función del comercio no es solo económica sino instrumento geopolítico para ejercer el poder sobre otras naciones. De ahí la idea que el mercantilismo, siendo belicista, ya que su objetivo es imponer o conquistar a través del comercio, es sin embargo una alternativa al simple uso de la fuerza; y de ahí que el poder bélico pueda ser reemplazado por este modelo en la medida que cumple las mismas funciones.

Los inmensos déficits de la balanza comercial de Estados Unidos con China y la gran cantidad de reservas de dólares que esto ha producido es lo que ha llevado a Trump a la confrontación al campo del comercio para mostrar que mantiene la supremacía de ‘América’ en el planeta. Y por eso el paso dado es solo la continuidad de esa competencia de modelos –de modelos capitalistas- en la cual con las reglas propuestas por la contraparte, China y los modelos asiáticos han superado a occidente.

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Estados Unidos aún conserva como instrumento mayor en esa confrontación el hecho de que el dólar sea la moneda principal de las reservas de todos los países –incluyendo y muy especialmente China–; es decir, que los ciclos depresivos de la economía americana los asume no solo esa nación sino todo el planeta, y, por ser la moneda universal, si fuera necesaria una emisión que normalmente sería inflacionaria debilitando la economía local, en el caso de esta divisa al ser compartida con el resto del mundo no lleva a las crisis que cualquier otro país sufriría.

Es el frente donde todavía no ha llegado la confrontación o comparación de modelos, pero cuya instalación se puede considerar como inminente cuando el yuan se comienza a proponer como el sustituto o por lo menos el rival de la moneda americana.

En cuanto al otro frente, el del poder bélico, el repliegue se está viendo en el tratamiento que se está dando a Corea del Norte; por ejemplo, cuando Kim Jong va a Pekín antes de iniciar la apertura con Corea del Sur y acaba negociando a través de ello con los Estados Unidos, si no de igual a igual, sí dejando de ser el paria del mundo para convertirse en el elemento central de la geopolítica del momento; o cuando Putin respalda a Irán como respaldó a Ucrania, neutralizando cualquier posible intervención de fuerza Americana. O algún significado en ese sentido tiene la última declaración de Trump según la cual retirará las tropas y el apoyo que está dando a la guerra civil en Siria.

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